Vocación

¿Yo monja? ¡Ni loca! Hermana Guadalupe Rodrigo.

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La hermana Guadalupe Rodrigo cuenta cómo descubrió su vocación.

La Hna. Mª de Guadalupe Rodrigo, SSVM, a la que los cristianos sirios –perseguidos y acosados por el Estado Islámico- llaman “su embajadora”, nos cuenta su vocación. Quien ahora conoce a esta valiente y generosa misionera, no puede ni imaginar que no quisiera ser monja. Una idea clave la ayudó a encontrar su lugar: «Yo no voy a dejar todo para tenerlo todo de nuevo, para eso no lo dejo y sigo en mi casa. Si dejo todo, ¡dejo todo!».

Soy la Hna. María de Guadalupe Rodrigo, soy argentina y pertenezco a la familia religiosa del Verbo Encarnado, que es una congregación fundada en Argentina por el P. Carlos Buela, que fundó en el año 1984 la rama masculina y en el año 88 la rama femenina. Una congregación misionera que ya se encuentra en los cinco continentes.

Cuando yo ingresé, tenía 18 años. Y me preparé como todas las demás hermanas con mis estudios, la formación y, teniendo 23, años es cuando me proponen mi primer destino, que fue Belén, Medio Oriente. Y, bueno, ha sido mi lugar de misión durante 18 años. En primer lugar en Tierra Santa, tierra bendita donde estudié el árabe, el árabe clásico para leer y escribir, estudio intensivo hacemos, al llegar a las  misiones para poder después hacer un apostolado también más profundo y también, de alguna manera, conocer el pueblo, el conocimiento de la lengua nos da esa manera de entrar con ellos.

Después pasé a Egipto, ahí estuve 12 años, 12 años hermosísima misión, años muy intensos, años en los cuales, además, pude conocer otras realidades de las comunidades que tenemos en otros países de Medio Oriente. En Túnez, Irak, Siria, en Jordania, en el mismo Israel, en Egipto. Y pasados estos 12 años, soy destinada a Siria, a Alepo. Esto fue en enero del 2011.

Bueno, cuando llegué a Siria, yo ya conocía este país, yo ya había visitado varias veces nuestra comunidad allí en Alepo. La situación que se vivía era algo bastante atípica para el Medio Oriente, en cuanto a la buena relación entre cristianos y musulmanes. Siempre me había llamado la atención, conociendo las demás realidades de estos países donde pude vivir, donde pude convivir con nuestros cristianos y donde, como somos minoría -aun cuando es nuestra tierra, los cristianos somos minoría, en general minoría perseguida, minoría discriminada-, esa hostilidad se respira, se percibe. […].

Me parece que los mártires están haciendo caso al Papa Francisco cuando dice que hay que hacer lio. Mucho lio. Los mártires están sacudiendo el mundo. Me parece. Sacudiendo a nuestro cristianismo occidental… dormido quizás tibio, cómodo. Cómodo o acomodado diría yo. Acomodado incluso hasta con los criterios del mundo. Entonces en este sentido nos ayudan a despertamos. Bueno como estoy viviendo mí fe. Ese es el modelo de cristiano. ¿Cómo estoy viviendo yo? ¿Me puedo llamar cristiano? Cuando sigo con vergüenza de decirlo y de manifestarlo. Porque más allá de las presiones, de las prohibiciones que pueda haber. Muchas veces somos nosotros mismos los que escondemos nuestra fe por respetos humanos. Solamente por respetos humanos. No porque nadie me vaya a cortar la cabeza sino simplemente porque me van a criticar, me van aislar, me van a discriminar. Pero eso nos tiene que mover. Los cristianos perseguidos tienen que ser realmente  el aliciente para decir basta, no puedo vivir así mi fe. No puede ser mi fe se limite a las cuatro paredes de la iglesia y cuando salgo por el umbral de la puerta me comporto como un mundano. Pienso como un mundano y mis conversaciones  son mundanas. Entonces eso tiene que ayudarnos a replantearnos muchas cosas. Los cristianos perseguidos nos interpelan. Bueno como estoy viviendo mí fe. ¿La fe que tengo me transforma la vida? ¿Me la cambia completamente?

Siempre pongo el mismo ejemplo. Una joven que está enamorada. Pero se le nota sin hablar. Se le nota en los ojos. En los ojos. Esta chica esta enamoradísima. Le sale. Se le sale por los poros que esta enamoradísima. Bueno eso nos tiene que salir a nosotros, eso tiene que producir en nosotros la fe. Es el amor a Jesucristo que nos quema. Y que tiene que quemar y se me tiene que notar de lejos. Sin hablar. Este es cristiano. Sin hablar siquiera. Yo creo que necesitamos a nuestro cristianismo occidental. Está necesitando de los cristianos perseguidos. Y no podemos permitir que su sangre caiga en vano. Por eso cada uno tendrá que ver personalmente cómo está viviendo su fe. Seguimos con miedo. Seguimos con miedo de manifestarnos como cristianos. Seguimos con miedo de vivir nuestra moral cristiana. Nos han hecho creer que nuestra moral cristiana es antigua, de retrógrados. Cuantos jóvenes cristianos que sufren esta presión. Les hacen creer que realmente van en contra mano de esta sociedad. Cuando en realidad es al revés. Esto le tiene que dar fuerza a los jóvenes para vivir la moral cristiana. Por ejemplo la pureza, la castidad. Cosas de las que ya ni se habla. Ni se habla. Entonces esto nos tiene que dar fuerza porque además el premio es tan grande. El premio es tan grande. Es toda una eternidad que realmente vale la pena cualquier sacrificio que uno tenga que hacer aquí. Cualquier renuncia. Porque no puedo ser tan, tan pequeño. Tener el corazón tan achicado, de pretender que estoy bien, cómodo y placentero unos años en este mundo. ¿Cuantos años? ¿Cincuenta? Cien. Ciento diez. ¿Y después? Entonces vale la pena, vale la pena ser un cristiano de veras. A medias no sirve. Lo que está en juego es la vida eterna. Es mucho. Entonces dar la vida cada día. El martirio cotidiano. San Pablo dice «Muero cada día». Que no será con una espada pero será renunciando a tantas cosas que uno tiene que renunciar, aceptando pruebas que uno tiene que aceptar. Forzándose por vivir la virtud que no es fácil  Y eso, ciertamente, como lo vemos en los cristianos perseguidos trae alegría verdadera, que fuera no la veo mucho. Yo extraño esas sonrisas con las que convivo allá. Alegría verdadera y libertad verdadera. Porque esta gente, estos cristianos perseguidos son realmente felices y son realmente libres. 

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