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Entrevistas a Pablo D’Ors. Sobre la vida sana, y sobre Jesús su gran amor.

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El escritor Pablo D’Ors. Foto: Uxío Da Vila. Realiza: Cristina G. Vivanco.

«La vida es sana y saludable cuando hay un equilibrio entre lo sedentario y lo nómada».

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Hace unos años convirtió sus reflexiones sobre el valor del silencio en un ensayo best seller. Con máximas como que «la meditación ayuda a recuperar la niñez perdida» o que «cuanto menos somos más queremos tener», vendió más de 100.000 ejemplares de su Biografía del silencio. Ahora Pablo DOrs, escritor, sacerdote y columnista de nuestra web, da un paso adelante con su Biografía de la luz (Galaxia Gutenberg) en la que explica cómo el silencio le ha conducido a la luz. «El ejercicio de vaciar y serenar te da claridad, cuantas menos cosas tenemos hay más claridad en nuestra vida», asegura en esta entrevista.

En la casa madrileña de Pablo DOrs hay tres elementos que definen al escritor: muchas escaleras, muchas plantas, muchos libros. Escaleras para subir y bajar de una estancia a otra, como su espíritu siempre inquieto en busca de su lugar en el mundo. Plantas y libros porque considera la vida plena como culto, cultura y cultivo. «La espiritualidad es un cultivo, el cultivo del cuerpo y de la mente. Y si tu te cultivas, eres culto. Y si eres culto, das culto».

En su nuevo libro afirma con rotundidad que el silencio nos conduce a la luz. Pero, ¿cómo se recorre ese camino?

Con la práctica meditativa del silencio interior. Cuando nos sentamos a meditar lo que nos encontramos es que tenemos la cabeza y el corazón con muchas cosas, mucha confusión, muchas ideas, muchos apegos… Un gran jaleo. Meditar es ir poniendo orden y serenidad. Sucede como cuando entras en una habitación muy llena, que hasta que no empiezas a quitar cosas no distingues lo que hay. El ejercicio de vaciar y serenar te da claridad, eso es lo que que significa que el silencio conduce a la luz. Ahora bien, este paso no es automático sino que antes pasas por el desasosiego de ver muchas cosas, lo que llamamos oscuridad. Para guiarme en esa oscuridad he necesitado una guía que he encontrado en el texto sagrado por excelencia de nuestra tradición occidental, los Evangelios.

Quedarse en ese silencio del que habla da un poco de miedo.

Sí, porque somos para nosotros mismos un territorio comanche, desconocido, y produce pánico escuchar lo que hay ahí dentro. Porque, de alguna manera, la praxis de la meditación saca de nosotros cosas que no nos gustan y por eso intentamos rehuirla.

¿En qué consiste realmente la meditación que propone?

Meditar consiste fundamentalmente en sentarse. Se ha tenido que inventar la práctica de la meditación porque realmente no somos capaces de sentarnos; es decir, de estar tranquilamente en un sitio sin hacer otras cosas. Siempre tenemos la necesidad de hacer, pero meditar es la escuela del ser: para aprender a ser hay que no hacer. Y, ¿cómo aprende uno a sentarse, a estar sereno, a no tener tanta inquietud ni desasosiego? Fundamentalmente siguiendo el ritmo de la respiración, poniendo la atención en un punto del cuerpo y recitando una palabra. Estos son los tres anclajes para meditar: cuerpo, mente y espíritu, un punto, una palabra y la respiración.

¿Qué actitudes son necesarias para comenzar a meditar?

Meditar es sencillo, lo difícil es querer meditar. Se empieza poco a poco. Recomiendo que si uno no se ha sentado nunca a meditar que practique al menos durante 10 minutos al día. Hay dos actitudes esenciales para empezar: la constancia y la humildad. Hay que tener la capacidad de fiarte de una propuesta concreta y de ser fiel a ella. Por supuesto que si las propuestas que me hacen no me funcionan buscaré otras. Pero saltar continuamente de una escuela a otra nos impide recorrer un camino. Es como quien cambia a menudo de pareja, que no hace la experiencia del amor. Si no sigues un camino durante un tiempo no te das cuenta de hasta dónde te puede conducir.

¿Es complicado encontrar el propio camino?

Todo depende de la sed que tengas. Si tienes mucha sed vas a buscar, y si lo buscas tarde o temprano lo vas a encontrar. Cuando empecé hace 20 años con este ejercicio de la meditación busqué muchísimo. Intenté entrar en distintas escuelas zen pero los maestros me rechazaban. Hay que llamar muchas veces a las puertas. Si no encontramos es porque nuestra sed es muy pequeña.

Y, ¿es necesario contar con la ayuda de un maestro?

Sí. En este camino es importante ir guiado por un maestro. No se trata de idolatrar a nadie, pero ayuda mucho encontrar a una persona que encarne aquello que estás buscando. Para mí Gandhi y su autobiografía Historia de mis experimentos con la verdad, es un referente absoluto de búsqueda de espiritualidad. Mi segundo faro es Charles de Foucauld, un aristócrata francés explorador del Sáhara que viendo la fe de los musulmanes se convirtió a su propia fe cristiana. Su vida me parece alucinante y le dediqué un libro, El olvido de sí. Vivió como una especie de ermitaño y misionero en el Sáhara y trajo la espiritualidad del desierto al Occidente actual. Y Simone Veil, judía, inclasificable, con unas reflexiones de enorme lucidez. Los tres son referentes muy claros de búsqueda espiritual.

¿Piensa que la pandemia ha provocado cierta sed de espiritualidad en nuestra sociedad?

Ojalá no nos limitáramos a estar en casa sino a entrar en la casa interior, a convertir el confinamiento en un retiro. Lo que nos ha pasado es una ocasión para sosegar, para parar el frenesí que nos caracteriza de estar siempre entrando y saliendo. Es una ocasión muy buena, pero es una minoría la que lo va a ver así. Aunque todo empieza siempre con una minoría, y ésta puede ser una minoría significativa que marque tendencia. Creo que la pandemia pide una respuesta emocional, pero para que la respuesta sea completa pide que la respuesta sea también espiritual, de entrar en nuestra propia casa.

¿Qué aconseja para alcanzar el bienestar personal?

El bienestar es necesario pero es peligroso porque, en general, cuando estamos muy a gusto no solemos crecer y nos instalamos. La vida es sana y saludable cuando hay un equilibrio entre lo sedentario y lo nómada. Crecer supone ser un poco nómada, nosotros crecemos en el desierto, cuando no hay nada a nuestro alrededor y tenemos que buscar dentro de nosotros mismos. Cuando tenemos mucho alrededor nos dedicamos a vivir hacia afuera. Nuestro peligro es convertir el desierto en un vergel y eso es Las Vegas, el símbolo de la tentación humana, convertir todo en pura exterioridad y matar el desierto, la desnudez, la pobreza.

Vivimos en un momento de incertidumbre a todos los niveles. ¿Cómo podemos alejarnos de la inquietud ante un futuro sombrío?

Frente a la incertidumbre, esperanza, que no es mero optimismo. El optimismo es una cuestión caracterológica mientras que la esperanza es una virtud, lo que significa que puedes cultivarla. Pero, ¿cómo se cultiva? La esperanza se va generando en nosotros si vamos teniendo una vida armónica. Y una vida armónica es aquella en la que se da juego a todo lo que el ser humano es. Hay tiempo para todo: tiempo para la mente, para el cuerpo, para el juego, para el pensamiento, para el deporte, para los niños, para la naturaleza… No podemos estar una semana sin ver a un niño, hablar con un anciano, hacer ejercicio, rezar o dar un paseo por la naturaleza.

Fuente: Telva. Cristina Larraondo.

En ‘Biografía de la luz’ escribe: «Jesús, mi gran amor».

«La gente que fustiga a este Papa, y se le fustiga sobre todo desde dentro, sencillamente no tiene corazón»

Pablo d’Ors

«La BdL es una aproximación al Cristo interior de cada cual: sus destinatarios naturales son los buscadores espirituales, con independencia de su confesionalidad o, incluso, agnosticismo»

«A los nuevos crucificados de la historia no hay que explicarles nada, bastante tienen ya con lo suyo. Hay que amarles, es decir, estar efectiva y afectivamente con ellos»

«Una vida espiritual que no aterrice en lo concreto es aristocracia interior en el mejor de los casos y, probablemente, mera alienación»

«El papa Francisco es un bendito. La gente metiéndole caña y él, pese a sus años y achaques, llevando firmemente el timón de la Iglesia. Porque que nadie dude de que lo lleva. Este papa hace mucho, más de lo que puede»

Pablo d’Ors (Madrid, 1963) sacerdote y escritor de larga y exitosa trayectoria, no necesita presentación. Acaba de publicar su última novela, ‘Biografía de la Luz’ en Galaxia Gutemberg, con la que, confiesa, por fin se atreve a escribir sobre su gran amor: Jesús. En una novela en la que escribe como vive: con verdad y sin hipocresías ni disimulos. Por eso confiesa que su aguijón es un «dolor de espalda» tan agudo que, para acabar con él estaría dispuesto a entregar todos sus éxitos literarios, su obra espiritual de ‘Los amigos del desierto’ y hasta su propio sacerdocio. Su medicina para salir de las sombras: la oración y el amor. «Todo se puede soportar si tienes alguien que te quiere de verdad a tu lado», explica.

Como sacerdote, a d’Ors también le duele (y mucho) la situación de la Iglesia, que, a su juicio, ha perdido el tren de la actualidad y de la historia. «La gente ya se ha cansado de esperar a que la Iglesia cambie. La Iglesia sólo puede cambiar muy despacio, y con esa lentitud ya no se conforma nadie», dice. Y eso que reconoce la ingente labor que, para reformarla, está haciendo el Papa Francisco. Por eso, asegura que «La gente que fustiga a este Papa, y se le fustiga sobre todo desde dentro, sencillamente no tiene corazón».

-¿’Biografía de la luz’ es, para usted, un libro más o un libro especial?

Todos mis libros son para mí especiales, ninguno es simplemente uno más. Cada cual nace de una situación muy concreta e inolvidable para mí, también esta ‘Biografía de la luz’. Su particularidad radica en que por fin me atrevo a escribir sobre Jesús, mi gran amor.

– Se lo dedica a Franz Jalics, al que califica como “mi maestro”. ¿Qué relación mantuvo ‘su maestro’ con el Papa Francisco?

Tuve el privilegio de conocer a Franz Jalics en diciembre de 2013. Pasé 12 días con él y, durante todos y cada uno de aquellos días, me recibió en su cuartito, pues era mucho lo que tenía que preguntarle sobre su vida y su método de oración, así como mis deseos de compartir con él algunas dudas personales. Me respondió a todo lo que le pregunté menos a lo relacionado con el papa Francisco. Dijo que sobre ese punto ya había dicho a los medios todo lo que tenía que decir.

– ¿Su libro es una “aproximación al Jesús místico” para buscadores de espiritualidad?

Más que al Jesús místico, que también, la BdL es una aproximación al Cristo interior de cada cual. En ese sentido, sus destinatarios naturales son los buscadores espirituales, con independencia de su confesionalidad o, incluso, agnosticismo.

– En un mundo lleno de ruido y de solicitaciones sensoriales, ¿cree realmente que hay gente dispuesta a pararse, “mirarse por dentro y cambiar por fuera”?

Pocos, desde luego, pero muchos más de los que creemos. Quienes queremos hacer la aventura interior y quienes queremos tomarnos en serio la simplicidad como criterio somos una inmensa y hermosa minoría. Todo lo grande empieza siempre con pocos. Y desde abajo.

– ¿Cómo explicarles a los ‘crucificados’, a los tirados en las cunetas de la vida que también ellos “tienen dentro una criatura que quiere nacer: un proyecto, una idea, una misión…”?

A los nuevos crucificados de la historia no hay que explicarles nada, bastante tienen ya con lo suyo. Hay que amarles, es decir, estar efectiva y afectivamente con ellos. Claro que ellos tienen dentro lo mismo que todos los demás, pero difícilmente podrá cuidarse el ámbito espiritual si el material está por construir. Sería como empezar la casa por el tejado.

– ¿Cómo reconocer a Dios “en lo ordinario y en lo pequeño” de tantas vidas sin horizontes y con las esperanzas agostadas?

Lo cotidiano y pequeño es el punto de partida -y el de llegada- de la vida espiritual. Una vida espiritual que no aterrice en lo concreto es aristocracia interior en el mejor de los casos y, probablemente, mera alienación. La profundidad de lo bello es más perceptible, por paradójico que parezca, en lo humanamente pobre. Así, misteriosamente, habla más de Dios el rostro de un anciano que el de un joven en su plenitud.

– “Las personas luminosas y pacíficas son toleradas sólo cuando no hacen ruido” ¿Por eso, el Papa Francisco tiene tantos enemigos dentro y fuera de la Iglesia?

El papa Francisco es un bendito. La gente metiéndole caña y él, pese a sus años y achaques, llevando firmemente el timón de la Iglesia. Porque que nadie dude de que lo lleva. Este papa hace mucho, más de lo que puede, esa es al menos mi opinión. La gente que fustiga a este papa, y se le fustiga sobre todo desde dentro, sencillamente no tiene corazón.

– ¿Ha tenido o tiene oscuridades en su vida y miedo a no poder salir de su “noche oscura”?

He atravesado tres momentos críticos en mi vida, digo tres porque fueron duraderos y, por ello, claramente reconocibles. No me atrevería a llamarlos noches oscuras por la connotación mística que tiene esta expresión, llamémoslos baches estructurales, etapas de replanteamiento, meses o años depresivos… Si de los tres he salido robustecido, ¿por qué no iba a ser así en adelante?

-¿Qué es peor para usted: el dolor de espalda, el miedo al fracaso como escritor o los problemas de sueño?

Sin comparación el dolor de espalda. Entregaría toda mi obra literaria por no tener dolor de espalda. Entregaría mi sacerdocio por no tener dolor de espalda. Entregaría a los amigos del desierto, que considero mi familia, por no tener dolor de espalda. Con todo, el dolor de espalda no es lo peor. Lo peor es la depresión.

-“Nadie puede dormir si no tiene la conciencia tranquila”. ¿Qué le atormenta?

No ser yo mismo. No responder al plan que Dios me ha trazado. No ayudar, sino entorpecer, el camino de otros hacia Dios.

-La medicina para salir de las sombras: Perseverancia y la ayuda de…

La oración es la gran medicina. De la mano de Dios se puede salir de todo, sólo de la mano de Dios se sale realmente de lo oscuro. Abandonar a Dios, lo llamemos así o no, supone perderse en la oscuridad. También ayuda muchísimo, hasta el punto de ser prácticamente imprescindible, la cercanía y atención del ser amado. Todo se puede soportar si tienes alguien que te quiere de verdad a tu lado.

-Después de la pandemia, ¿la Iglesia católica seguirá siendo un referente de sentido o la gente se cansará de esperar a que cambie?

La gente ya se ha cansado de esperar a que la Iglesia cambie. La Iglesia sólo puede cambiar muy despacio, y con esa lentitud ya no se conforma nadie. Sin embargo, no soy pesimista, y mucho menos derrotista. La Iglesia, es decir, la comunidad de los hombres y mujeres con esperanza en el espíritu de Jesús, se renueva insospechadamente a cada instante. 

Fuente: ReligiónDigital. José Manuel Vidal. 21.04.2021.

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