Biografía Catequesis Cuaresma-Pascua

Soñar juntos y hacer realidad un renovado Pentecostés en la Iglesia y en la sociedad.

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Portada: Fiesta de Pentecostés. Parroquia de Ntra. Sra. de Bellavista. Aljaraque (Huelva) España.

Hoy también viene a nuestro interior el Espíritu Santo, «el huésped silencioso de nuestra alma» (San Agustín).

El Espíritu Santo, alma de la Iglesia

«Lo que nuestro espíritu, o sea, nuestra alma es con relación a nuestros miembros, eso mismo es el Espíritu Santo para los miembros de Cristo, es decir, para el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia»

San Agustín. Sermón 269, 2.

Un cuerpo no puede vivir sin alma. Del mismo modo podemos decir que la Iglesia no vive sin el Espíritu Santo. Este domingo celebramos Pentecostés, su Fiesta, porque hace referencia a los 50 días que pasaron desde la celebración de la Pascua. En realidad, celebramos un mismo acontecimiento: la Pasión-Muerte-Resurrección-Ascensión de Jesús-Efusión del Espíritu Santo.

La Iglesia nace en la Pascua, porque a partir de la Resurrección de Cristo y el envío de los Apóstoles comienza a celebrarse el Bautismo, momento en que somos hechos hijos de Dios y hermanos entre nosotros. Jesús Resucitado envía a los discípulos a enseñar y a “bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Desde el día del Bautismo somos Templos del Espíritu Santo.

En el Catecismo para los Jóvenes -llamado Youcat- se dice:

“El huésped silencioso de nuestra alma”, así llama San Agustín al Espíritu Santo. “Quien quiera percibirlo debe hacer silencio. Con frecuencia este huésped habla bajito dentro de nosotros, por ejemplo en la voz de nuestra conciencia o mediante otros impulsos internos y externos.”

Youcat 120.

San Pablo nos enseña en una de las cartas a los Corintios que el Espíritu regala diversidad de dones y carismas para el bien del único Cuerpo de la Iglesia. Tanto la diversidad como la unidad son frutos del Espíritu. No estamos llamados a la uniformidad, sino a la comunión y a la misión.

El Espíritu nos alienta a la esperanza y el amor, y nos da la luz de la fe. San Pablo también nos dice que “la esperanza no quedará defraudada porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rom. 5, 5).

Después de recibir la fuerza del Espíritu Santo los discípulos salieron a predicar con valentía por todos lados, dando testimonio de la Resurrección de Cristo muchas veces con el martirio. Casi todos los Apóstoles fueron matados a causa del Evangelio. Y entregaron la vida con generosidad sostenidos por el Espíritu Santo. También hoy el mismo Espíritu impulsa a la Iglesia a ser misionera, a amar a los pobres, a anunciar con alegría la Buena Noticia de la Salvación. El Espíritu nos ayuda a mirar nuestra vida y la historia toda con ojos de fe.

“Aunque la Iglesia, en su larga historia, en ocasiones haya dado la impresión de estar ‘dejada de la mano de Dios’, a pesar de todas las faltas y deficiencias humanas siempre está actuando en ella el Espíritu Santo. Sus dos mil años de existencia y los numerosos santos de todas las épocas y culturas son ya la prueba visible de su presencia en ella. Es el Espíritu Santo quien mantiene a la Iglesia en su conjunto en la verdad y la introduce cada vez más profundamente en el conocimiento de Dios.”

Youcat 19.

En la Biblia se usan varias imágenes muy expresivas para hablarnos del Espíritu Santo: viento, fuego, agua. Viento fuerte que sopla con libertad las velas de la barca de la Iglesia. Fuego que hace arder de amor los corazones de los discípulos. Agua viva que calma la sed de absoluto que tenemos en nuestro interior.

El lunes de Pentecostés celebramos la fiesta de “María, Madre de la Iglesia”. La contemplamos a ella en oración acompañando a los Apóstoles en la espera del Espíritu Santo.

Velones con los Dones del Espíritu Santo, iluminan y guían nuestra vida. Parroquia de Bellavista (Huelva).
Acción Católica General de España organizó una Oración especial en este día.

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