Tiempo Ordinario

Rescatar a los que naufragan y se hunden. III Domingo Tiempo Ordinario – Ciclo B.

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En el Domingo de la Palabra de Dios.

Vive la Pascua Dominical en la Eucaristía en Casa y en la Parroquia.

Rescatar a los que naufragan y se hunden

Mc 1,14-20. Jesús nos necesita y quiere que colaboremos en su misión. Como a Simón y Andrés, hoy nos pide que cambiemos nuestra tarea y pongamos en primer lugar las necesidades de nuestros hermanos. De echar las redes para capturar peces, hemos de pasar a echar las redes para “salvar” personas. Vamos a rescatar a tantos que naufragan y se hunden.

Es una nueva pesca, la pesca de la liberación, de sacar al que está enredado de las situaciones que le pueden ahogar, de lanzar la red para que otros encuentren pan y hogar.

Hemos de ir a la orilla y escuchar la voz de Jesús, acoger su invitación y ponermos a trabajar en esta tarea tan urgente. El que se ahoga no tiene tiempo que perder. Hemos de darle todo nuestro apoyo: nuestros brazos, nuestras redes, nuestro corazón. Quizá en esta tarea de “salvamento” nos demos cuenta de que nosotros también necesitamos caer en la red, en los brazos del Señor.

¡Feliz pesca!

Propuestas para la misa con niños o misa familiar

Este domingo proponemos como símbolo utilizar una red de pescar o algo que se le parezca. Podríamos invitar a algunos niños a que entren en la red y digan quiénes piensan que hoy día están en una situación complicada, quienes se “ahogan” en nuestro mundo. Tras las aportaciones de los niños, es conveniente que ellos -es decir, que todos en la comunidad- necesitamos “caer” en la red de Jesús, porque todos estamos necesitados de su amor, de su Palabra, de su liberación.

Fuente: Revista 21. Dibujo: Patxi Velasco FANO – Texto: Fernando Cordero, ss.cc.

Cuenta con todos – 3º Domingo Tiempo Ordinario, Ciclo B

Mc 1,14-20. Cuando nos toca hacer equipo tendemos a elegir a los más sobresalientes, los mejores. Cuando Jesús se pone a buscar colaboradores no escoge sacerdotes, fariseos, gente profesional de la religión. Se rodea de simples trabajadores, muchos de ellos pescadores. La llamada de Dios puede surgir en cualquier lugar, que nadie se sienta descartado. La llamada de Dios llega en nuestro entorno corriente, en el puesto de trabajo, en medio de las tareas diarias. Una invitación a dejar y seguirle. Quizás un día sentimos la ilusión de la llamada y la generosidad se desbordó. Quizás luego nos acomodamos, nos adaptamos, nos normalizamos, nos aburguesamos… Orar es también recuperar la ilusión. Ilusión por unir, tejer, ir creando redes que ofrezcan la buena noticia, que creen unión y solidaridad, que hagan posible el trabajo en equipo, sin dejar a nadie a un lado.

Fuente: Editorial Verbo Divino – EVD.

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