Cuaresma-Pascua

Permanezcamos en ese amor infinito. 6º Domingo de Pascua – Ciclo B.

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Permanezcamos en ese amor infinito

La razón de nuestra alegría es el amor hasta el extremo que Jesús ha manifestado por nosotros. No hay amor más grande. La fidelidad, la reciprocidad, el permanecer conectados como el sarmiento a la vid es la respuesta que podemos dar ante tanta desmesura. Llamados a amar y a permanecer en el Amor de Cristo, en su amistad, es nuestra vocación y misión. Quien vive pendiente de alegrías externas, eventuales, dependientes de éxitos y valoraciones externas, no conoce el significado de la esencia de la alegría. Solo podemos conocer la alegría verdadera por la manifestación que nos hace Jesús de su amor. Ante tanto amor, solo cabe que brote en el interior una fuente que, gracias al bautismo, salta hasta la vida eterna. Una fuente que no se agota y que empapa la existencia de ganas de entregarse y vivir unidos, como hermanos, a la vid.

Padre, Hijo y Espíritu viven unidos a una humanidad que, en los más pequeños, nos muestra la grandeza del amor y de vivir unidos al abrazo de Dios. Permanezcamos en ese amor infinito.

Fuente: Revista 21. Dibujo: Patxi Velasco FANO – Texto: Fernando Cordero, ss.cc.

Sólo te pide una cosa. – 6º Domingo de Pascua, Ciclo B.

Jn 15,9-17. Personas normales… confiadas en que el mundo puede transformarse, que saben que la corriente que puede lograrlo es el amor y que cada uno de nosotros y nosotras tenemos la responsabilidad de ponerlo en movimiento saciando la sed de tantas y tantos sedientos hoy. Porque tenemos la suerte de haber conocido ese amor que te lanza a la vida para hacerla mejor y en nuestros ambientes hay tanta gente con sed. Con sed de sentirse querida, de sentirse digna. Jesús te ha elegido a ti. Para que actualices en tu vida este Evangelio y ames como Él nos ama. Solo te pide una cosa… ¿Vas a rechazar la llamada? Trae a la oración esa situación de conflicto en la que te has dejado llevar, esa situación injusta en la que aún no te has comprometido, esa necesidad que pide una mano tendida y que puede ser la tuya. Ponle rostro y nombre.

Fuente: Editorial Verbo Divino – EVD.

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