Catequesis

El testimonio en la catequesis y en el catequista. Juan Carlos Carvajal. 2023.

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Catequistas, testigos y pedagogos.

VIII Curso Anual de Catequesis (curso pastoral 2023-2023). – 3ª Sesión. El curso aborda tanto el testimonio del catequista, que “nunca deja de ser un signo de esperanza para sus hermanos” (DC, 113), como el testimonio en la Catequesis, donde “está presente la fe de todos los que creen y se dejan conducir por el Espíritu Santo” (DC, 176) Inscripciones: https://bit.ly/cursoanualcatequesis

El testimonio en la catequesis y en el catequista

«Así brille vuestra luz delante de los hombres para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos»

(Mt. 5, 16).

PRIMERA PARTE: El testimonio del catequista

Al experimentar la bondad y la verdad del Evangelio en su encuentro con la persona de Jesús, el catequista custodia, alimenta, y da testimonio de la vida nueva que de él deriva y se convierte en un signo para los demás (…) El testimonio de vida es necesario para la credibilidad de la misión. Reconociendo su propia fragilidad ante la misericordia de Dios, el catequista nunca deja de ser un signo de esperanza para sus hermanos (DC, 113).

3ª Sesión. Catequistas: testigos y pedagogos

Ponente: Juan Carlos Carvajal, director del Bienio Evangelización y Catequesis de la UESD

SOBRE EL PONENTE:

Nació en Carriches (Toledo) 1961 y es sacerdote de la Diócesis de Madrid. Diplomado en Magisterio, licenciado en Teología catequética y doctor en Teología sistemática. Desde su etapa del seminario siempre ha estado en relación con la catequesis. En los primeros años de su ministerio compaginaba la catequesis directa con grupos de preadolescentes, jóvenes y adultos de su parroquia con la formación y acompañamiento de catequistas. Es Director del Bienio de «Evangelización y Catequesis» de la Universidad Eclesiástica San Dámaso (Facultad de Teología), secretario general de la Asociación Española de Catequetas (AECA), miembro del Consejo Internacional para la Catequesis (COINCAT) y y  del Equipo de Expertos de la Delegación Episcopal  de Catequesis. Es colaborador asiduo de la Revista Catequistas de CCS. Imparte cursos y conferencias a catequistas, sacerdotes y otros agentes de pastoral. Está especialmente empeñado en alentar una acción misionera directa, promover una catequesis iniciática y en orientar una acción catequizadora que introduzca en la experiencia espiritual del Misterio cristiano.

ESQUEMA DE LA PONENCIA:

I.- “El camino de Dios que se revela y salva [pedagogía divina], junto con la respuesta de fe de la Iglesia en la historia, se convierte en fuente y en modelo de la pedagogía de la fe. La catequesis es un proceso que permite la madurez de la fe respetando siempre el ritmo propio de cada creyente. La catequesis es, por tanto, pedagogía en acto de fe que simultáneamente realiza una tarea de iniciación, de educación y de enseñanza, teniendo siempre presente la unidad entre el contenido y la forma de transmitirlo. La Iglesia es consciente de que en la catequesis el Espíritu Santo actúa de forma eficaz. Esta presencia hace que la catequesis sea una pedagogía original de la fe”. (Directorio para la Catequesis 166).

II.- “La fe nace del encuentro con el Dios vivo, que nos llama y nos revela su amor, un amor que nos precede y en el que nos podemos apoyar para estar seguros y construir la vida. Transformados por este amor, recibimos ojos nuevos, experimentamos que en él hay una gran promesa de plenitud y se nos abre la mirada al futuro. La fe, que recibimos de Dios como don sobrenatural [sensus fidei], se presenta como luz en el sendero, que orienta nuestro camino en el tiempo. Por una parte, procede del pasado; es la luz de una memoria fundante, la memoria de la vida de Jesús, donde su amor se ha manifestado totalmente fiable, capaz de vencer a la muerte. Pero, al mismo tiempo, como Jesús ha resucitado y nos atrae más allá de la muerte, la fe es luz que viene del futuro, que nos desvela vastos horizontes, y nos lleva más allá de nuestro ‘yo’ aislado, hacia la más amplia comunión” (Francisco, Lumen fidei 4).

III.- “Ningún método, por experimentado que sea, exime al catequista del trabajo personal en ninguna de las fases del proceso de la catequesis. El carisma recibido del Espíritu, una sólida espiritualidad, y un testimonio transparente de vida cristiana en el catequista constituyen el alma de todo método; y sus cualidades humanas y cristianas son indispensables para garantizar el uso correcto de los textos y de otros instrumentos de trabajo. El catequista es intrínsecamente un mediador que facilita la comunicación entre las personas y el misterio de Dios, así como la de los hombres entre sí y con la comunidad”.  (Directorio General para la Catequesis 156).

IV.- “Las causas inmediatas por las que un catequista es llamado a servir a la Palabra de Dios son muy variadas y todas son mediaciones que Dios, a través de la Iglesia, utiliza para llamarlo a su servicio. Gracias a esta llamada, al catequista se le hace partícipe de la misión de Jesús que conduce a sus discípulos a entrar en relación filial con el Padre. Pero el verdadero protagonista de toda auténtica catequesis es el Espíritu Santo que, a través de la profunda unión que el catequista mantiene con Jesucristo, hace eficaces los esfuerzos humanos en la actividad catequística. Esta actividad se realiza en el seno de la Iglesia: el catequista es testigo de su Tradición viva y mediador que facilita la inserción de los nuevos discípulos de Cristo en su Cuerpo eclesial”. (Directorio para la Catequesis 112).

1.- Dios es el verdadero pedagogo de todo ser humano (I)

– La Revelación es la gran obra educativa de Dios (cf. DC 157):

  • El Antiguo Testamento es el testimonio de la pedagogía que Dios desplego en la historia de su pueblo Israel.
  • El Nuevo Testamento es el testimonio de la labor educativa que Jesús llevó con sus discípulos.
  • La fe y vida de la Iglesia (Madre y Maestra) es el testimonio y actualización de la pedagogía divina.

– La pedagogía de Dios es la fuente y modelo de la pedagogía de la fe que desarrolla la Iglesia.

  • Fuentetal y como Dios actuó, hoy sigue actuando. Su acción salvadora es permanente hasta que todo sea recapitulado en Cristo.

Hoy Dios actúa por medio del Espíritu, Él es el que actualiza la obra pedagógica realizada por el Padre y su Hijo, Jesús.

Lo propio de la pedagogía de la fe, que ha de desarrollar la Iglesia, pasa por reconocer la acción del Espíritu y prestarla su servicio, aquí radica su eficacia.

  • Modelo: Para que la Iglesia pueda discernir la acción del Espíritu es necesario que esté familiarizada y haga suyo

El testimonio que la Escritura hace de la pedagogía que Dios ha desplegado en la historia

* y reconozca la actualidad de esta pedagogía en la vida de sus comunidades e hijos.

– La pedagogía de la fe es una pedagogía en acto de fe.

  • Solo bajo la mirada de la fe se puede reconocer la acción siempre fundamental del Espíritu
  • Solo a la luz de la fe la catequesis de iniciación adquiere su verdadera dimensión:

* Por la fe, la iniciación cristiana supone la iniciación a la vida de los hijos de Dios.

* Por la fe, la tarea educativa es un entrenamiento y ejercitación en el seguimiento de Jesús.

* Y solo por la fe, la enseñanza se concibe como instrucción en la Palabra divina, mediación dialógica entre Dios y el hombre.

2.- El catequista aprende la pedagogía de Dios en su propia experiencia de fe (II)

– La fe nace del encuentro personal con Jesucristo el Hijo del Dios vivo:

  • La fe cristiana porta un imperativo de experiencia personal. Nadie puede creer por otro.

* Los cristianos, en general, y los catequistas, en particular, deben tener conciencia viva de haberse encontrado con Dios.

* De que la memoria de los misterios de Jesús, en verdad, iluminan su vida.

* Y que la Pascua de Cristo proyectan su vida hacia un futuro escatológico que da sentido a esta vida.

  • Por la fe, el catequista reconoce y pone en el amor de Dios el fundamento de su vida: así se reconoce como hijo de Dios y trata de vivir como tal.

La fe activa por la caridad tiene un efecto transformador que hace avanzar hacia la semejanza con Jesús.

* Al tiempo que ofrece una luz (sensus fidei) que permite sintonizar-discernir las mociones del Espíritu para orientar el camino de la vida.

– El testimonio del catequista, antes que coherencia de vida, es el testimonio de la obra que Dios viene realizando en él.

  • Testimonio de la primacía de la gracia en su propia vida que remite a Dios.
  • Testimonio como propuesta de esa acción graciosa y antecedente de Dios en la vida de los que él acompaña y que él es capaz de reconocer por el sentido de la fe (sensus fidei)

3.- La prioridad del testimonio del catequista (familiares, padrinos, comunidad…) (III)

– Llamados a no absolutizar los contenidos:

  • La transmisión de “los contenidos” da seguridad a los catequistas, entendidos estos como:

* Las verdades que hay que saber,

* Los mandamientos que hay que cumplir,

* Los ritos que hay que celebrar,

* Las oraciones que hay que rezar.

  • El verdadero contenido de la catequesis son los misterios de Cristo, donde se revela el Misterio de Dios y el misterio del hombre en la mutua relación (cf. GS 22).

* Los misterios de la vida de Cristo que testimonia el Evangelio iluminan la vida de los hombres.

* Pero la vida del catequista-testigo es, justamente, el comentario y la manifestación de una vida vivida bajo la luz y la gracia de Cristo.

  • La vida del cristiano-catequista da carne a las verdades, a los mandamientos, a los ritos y a las oraciones que remiten y actualizan los misterios de Cristo.

– Llamados a superar la idolatría de los métodos:

  • En la catequesis son necesarios los métodos (dinámicas, actividades…), pero por ellos mismos son insuficientes, son meros instrumentos.
  • Una verdad de Perogrullo: la catequesis la hacen los catequistas-testigos:

* Su testimonio de vida manifiesta el poder que tiene la gracia divina.

* Y es el mejor comentario a la Palabra divina que se quiere transmitir.

– Toda la actividad del catequista se juega en ser mediador entre Dios y las personas que tiene a su cargo.

  • No es fácil esa labor de mediación, supone:

Una extraordinaria vinculación a Jesucristo, para dejar que sea él quien actúe por medio de la propia persona (cf. CT 5-6).

Y una humildad para no tomar posesión ni de la Palabra divina ni de las personas que le ha encargado la Iglesia.

  • La figura del Bautista es el modelo: “él tiene que crecer y yo te tengo que menguar” (Jn 3,30).

4.- El catequista colaborador del magisterio de Cristo y servidor del Espíritu (cf. DC 113) (IV)

– En la catequesis el único que enseña es Cristo y cualquier otro lo hace en la medida en que es portavoz suyo (CT 6):  

  • Solo Jesús es el camino la verdad y la vida (Jn 14,6).
  • Solo Él es el que introduce a sus discípulos en la relación filial que él mantiene con el Padre.
  • El catequista no es nada más ni nada menos que colaborador del magisterio único de Jesús.

– La vocación del catequista es la llamada que Dios-Padre hace a un bautizado para colaborar con ese magisterio.

  • Para eso le vincula (le injerta) a su Hijo, Jesús: le hace su mediador de su magisterio
  • Y para que esto sea efectivo le introduce en las entrañas de la Iglesia, allí donde ejerce su función maternal

– Unido a Cristo Maestro e introducido en el corazón de la Iglesia es donde el catequista puede ser servidor del Espíritu.

  • El Espíritu es el Maestro interior (cf. CT 72) que permite seguir al Maestro que es Jesús.
  • Sin su acción misteriosa y real que reproduce la pedagogía de Dios nadie podría andar los caminos de Jesús.
  • El catequista, unido a Jesús: sintiendo como él, pensando como él, actuando como él, es como reconoce y puede servir la acción del Espíritu:

* Puede discernir su acción misteriosa aunque real

* Y puede servir, con las mediaciones de la Iglesia-Madre, dicha acción para que Cristo vaya tomando carne en sus discípulos

5.- Coda final (1 Jn 1,1-3)

– Todo catequista, junto con su comunidad, debería hacer suyas las siguientes palabras del apóstol san Juan:

Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos acerca del Verbo de la vida; pues la Vida se hizo visible, y nosotros hemos visto, damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba junto al Padre y se nos manifestó. Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis en comunión con nosotros y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto, para que nuestro gozo sea completo.

Fuente: catequesis.archimadrid.es

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Sacerdote católico y agustino (OSA). Pedagogo, educador, evangelizador digital. Aljaraque (Huelva) España. Educación: Universidad Pontificia Comillas.
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