Testimonios

Tres testimonios de primavera anti-crisis, fortalecen corazón, alma y espíritu.

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I. La primavera no lo sabía. Por Irene Vella. Marzo 2020

II. Diario de una enfermera española: «Un día sin saber cómo ha pasado, escuchas un aplauso…nunca he llorado tan bonito».

Un día más en La brújula escuchamos un nuevo testimonio de una enfermera que lucha contra el coronavirus y vela por todos los enfermos. El diario de una enfermera recoge otra bonita historia para nuestros oyentes.

Esta enfermera comienza aclarando la situación de su labor en el día a día. «Nadie sabe, ni puede llegar a imaginar lo que una enfermera ve, huelo o escucha», afirma.

Continúa hablando de la muerte y la vida. De la lucha por curarse. Y comenta que «nadie sabrá lo que es sonreír a un paciente cuando en la habitación contigua ha muerto otro«.

Y reconoce que «no podemos parar de sonreír, porque nuestra labor es ayudar, y lo hacemos calladas para que no se note y sigan fuertes». Aunque en los momentos que corren una siente miedo, pero los pacientes no deben notarlo y hay que ser valiente».

Hasta que esta enfermera llega a su casa. «Allí me doy cuenta que también necesito que me cuide alguien como yo hago con los demás». «Cuidas, sigues cuidando y cuidando y nadie te cuida», añade.

Y ahí llegamos a las 20:00 horas de cada día. «Un día, sin saber cómo, escuchas un aplauso precioso», se sorprende. «Lo difícil ya no se ve tan difícil, y lo peligroso ya no es tan peligroso», continúa.

Y termina con un rotundo: «ahora resuena un aplauso dentro del alma que te hace más querida y para siempre valiente… nunca he llorado tan bonito».

Fuente: Onda Cero. La Brújula. Martes 17 de marzo de 2020.

Nota relacionada: «Diario de una enfermera desde el hospital: «El aplauso de la gente es el chute de fuerza que necesitamos».

III. Conmovedora reflexión de una psicóloga italiana sobre el coronavirus. Tiempo para volver a lo esencial.

¿Qué podemos aprender de todo lo que está pasando alrededor del mundo con el coronavirus?

Críticas a nuestra sociedad

En primer lugar, pensamos en cómo las potencias del mundo, con las mejores economías, se han puesto en los zapatos de los que normalmente son dejados de lado, o no tomados en consideración con la importancia que deberían.

China —en primer lugar— y luego otros países, se vieron obligados a convertirse en «los discriminados». Así lo dice el mismo video, aquellos a los que no se les permite atravesar la frontera, o considerados como transmisores de la dolencia, aunque no tengan ninguna culpa.

Se me vienen a la cabeza pasajes de la Escritura como el del «buen Samaritano» (Lucas 10, 25-37). O «el pobre Lázaro» (Lucas 16, 19-31) que no era ayudado por un personaje rico, que se banqueteaba, mientras el pobre famélico era lamido por los perros en sus heridas abiertas. De alguna manera, el video quiere mostrar, cómo esta situación está obligando a los países ricos a sentir un poco la experiencia de los marginados.

¿Sabes por qué te despiertas cada mañana?

El video habla de la productividad y consumo, motivos por los que corremos 14 horas del día, persiguiendo no se sabe muy bien qué. Pienso en las metas que perseguimos, o el propósito que le estamos dando a nuestras vidas. ¡Tantas veces hemos hablado de la felicidad!

Cuestiona, precisamente, la inconsciencia generalizada en la manera de vivir y proceder para darle sentido a nuestras vidas. La mayoría realmente se esfuerza y —como se dice— «suda la gota gorda», pero sin saber muy bien por qué lo hace.

Es natural, por lo tanto, que contemplemos a tantas personas que a la hora de mirarse a sí mismos, estén confundidos, como «Alicia en el país de las maravillas». Que ante la bifurcación por la cual debía tomar una decisión importante le pregunta al gato qué hacer. Y este le responde que dependía de lo que estaba buscando.

¿Sabemos si lo qué buscamos en el mundo satisface nuestras necesidades más profundas del corazón?

Lo que está pausa obligada nos ha recordado

Vivimos una vida sin pausa ni descanso. Una manera de trabajar en la que el estrés y la ansiedad se  convierten en enfermedades que atacan a cada vez más personas. Creemos que aprovechamos el tiempo, si es que nuestras acciones perciben siempre algún tipo de retribución material.

Me parece importantísimo este punto, teniendo en consideración la vida tan pragmática en la que vivimos. Cada vez más, se vive por los ídolos del hedonismo, el consumismo y materialismo o una búsqueda insaciable del poder, ¿y qué hay del espíritu?

Toma de conciencia personal

Pasemos ahora a revisar las tres reflexiones sumamente interesantes que plantea el video. Empezando por la manera en que los padres delegan la educación de sus hijos a personas o instituciones educativas, lo cual no tendría porque estar necesariamente mal.

Sin embargo, cuando eso lleva a que los padres se acomoden y relativicen por eso, su papel prioritario en la formación de los hijos, entonces hay un grave problema. El amor y la educación que los hijos reciben en la casa, con sus familias, nunca será reemplazado por ninguna institución.

Sé muy bien que esta reflexión tiene muchísimas aristas y complicaciones. Pero sencillamente estoy compartiendo las inquietudes del video, que de modo amplio, plantea una pregunta que debe llevar a los padres a considerar mejor cómo está su relación con sus hijos.

La comunicación empobrecida por las redes sociales

Se dice a diestra y siniestra, que las redes sociales han empobrecido la comunicación y el contacto «real». El interactuar humano, amoroso, una mirada, un gesto, una caricia. Este «encierro obligado» nos hace tomar conciencia de manera mucho más agresiva, de la falsa ilusión de proximidad que ofrecen las redes sociales.

Tengo un dicho, que puede ilustrar un poco esta situación: «Las redes sociales alejan a los que estamos cerca, y acercan a los que vivimos lejos». Finalmente, en el video se habla de la corresponsabilidad y se critica la cultura del egoísmo e individualismo, en la que cada uno solamente se preocupa por sí mismo.

Este virus es un mensaje claro para pensar que la única manera de salir de este problema es el sentimiento de ayuda al prójimo. Todos somos responsables uno de los otros. Como decía Thomas Merton: «Ningún hombre es una isla».

Recordemos a Caín, Abel y Juan

Todo esto me hace recordar el pasaje de Caín y Abel. En el que Caín, después de matar a su hermano y ser cuestionado por Dios acerca de su paradero, responde: «¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?» (Génesis 4, 9). Todos estamos llamados al encuentro, a servir al otro desde el amor y la caridad.

El mandato claro del Señor a amarnos entre nosotros como Él mismo nos amó, se hace urgente en estos momentos. Juan dice con mucha fuerza: «Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?» (1Juan 4, 20).

El video no pone casos concretos, sin embargo yo me arriesgo a preguntar si no somos nosotros como Caín. Cuando nos hacemos los de la «vista gorda» ante la cantidad de abortos que se dan a diario, o el abandono que viven cada vez más las personas mayores.

Las veces que ignoramos a los más necesitados cuando piden algo de ayuda. Cuando cerramos el corazón a personas cercanas, que llamamos nuestros amigos, sin perdonarlos cuando nos ofenden. O al revés, hiriendo con la lengua (que muchas veces es más afilada que una espada de doble filo). Sin mencionar las peleas o conflictos que vivimos en nuestras mismas familias.

Exhortación final

Me parece que ya tenemos mucho por reflexionar. Podemos hacer un muy buen examen de conciencia. Además, ahora que millones de personas estamos en cuarentena por el coronavirus, hagamos un pequeño esfuerzo, y preguntémonos: ¿cuántas de estas actitudes, mencionadas en el video, estamos viviendo?

¿Cuántas actitudes en mi vida no me llevan por buen camino? Es el momento para volver a revalorizar a la familia. Generar lazos más profundos de amor entre los padres, y estos con sus hijos. Rescatar los valores auténticos que deberían guiar nuestras sociedades.

Y por qué no, replantear algunas cosas de fondo en nuestra vida. Para que —Dios mediante lo más pronto posible— cuando volvamos a la normalidad, vivamos una vida nueva. Ya no la «de siempre», sino transformada, para que seamos cada vez más humanos.

Personalmente, veo estos días como un tiempo para volver a lo esencial. Nuestras metas y valores en la vida, el amor en familia, la caridad entre nosotros. No desperdiciemos este tiempo, creyendo que estamos perdiéndolo. Con esta mirada, estoy seguro de que en realidad, puede ser un tiempo muy fructífero en aspectos esenciales de nuestra vida.

Fuente: Catholic Link. Pablo Perazzo.

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