Familia y vida

Sembrando esperanza anticipamos la Pascua. Anunciación del Señor. 25 marzo.

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El Hijo de Dios, por obra del Espíritu Santo, se encarnó en María, la Virgen, y se hizo hombre.

Hoy, 25 de marzo de 2020, se celebra la Solemnidad de la Anunciación del Señor, y hace 25 años, san Juan Pablo II promulgaba su Encíclica Evangelium Vitae. Esta mañana, Francisco dedicó su catequesis en una reflexión sobre esta solemnidad, esta importante encíclica, el valor y la inviolabilidad de la vida humana.

Celebramos la Solemnidad de la Anunciación del Señor

Cada año celebramos la solemnidad de la Anunciación. Es decir, cuando el Arcángel Gabriel apareció ante la Virgen María para anunciar el nacimiento de Cristo.

Que la Virgen María y el Arcángel Gabriel, en estos tiempos de pandemia, nos ayuden a enfrentarlo con buen humor, amabilidad, cariño y generosidad. Es una oportunidad única para aprender a querernos más en el hogar. Esperemos que podamos resistir entre todos a esa gran prueba y que las familias salgan fortalecidas. Nuestro corazón se va también hacia quienes lo están pasando mal. Pensemos en como podemos ser útiles.

La Jornada por la vida nos invita a ser sembradores de esperanza, paz y alegría

El 25 de marzo de 2020, solemnidad de la Encarnación del Señor, se celebra la Jornada por la Vida. Este año se ha elegido el lema “Sembradores de esperanza”, título del documento que presentó el pasado mes diciembre la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida sobre cómo acoger, proteger y acompañar la etapa final de esta vida.

Los obispos de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida, ante la situación de pandemia por el coronavirus, añaden una nota complementaria al mensaje habitual que ya habían hecho público. “La celebración de la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo tendrá este año una motivación especial”, afirman. Y recuerdan que “hay una razón para no perder la alegría profunda y la esperanza: <El Señor está contigo>”. “En las actuales circunstancias, -continúan- los cristianos debemos seguir siendo en nuestro entorno –con nuestra palabra y ejemplo- sembradores de esperanza, paz y alegría”.

Los obispos se dirigen a las familias, “es momento de cuidarnos unos a otros y de practicar la misericordia (empezando por esa maravillosa obra de misericordia que nos llama a “sufrir con paciencia los defectos del prójimo”) dentro de la familia y con los más cercanos”. Y a los sacerdotes, que en esta Jornada por la vida son sembradores de Esperanza “disponibles a atender las necesidades espirituales de los que se lo pidan y lo necesiten”. “El sacerdote, al igual que Jesucristo, no puede retirarse, ni esconderse ante la cruz, sino que manifiesta a la sociedad que la Iglesia también sale con ellos favoreciendo la vida”, puntualizan.

“Un <sí a la vida> lo dicen aquellos miembros de la Iglesia, especialmente los religiosos y religiosas y tantas personas que siguen manteniendo la acción caritativa”, recuerdan también los obispos. “Ellos hacen posible -precisan- que no se queden desasistidos durante el confinamiento “los de siempre”, como unos descartados, sino que hay una Iglesia que tiene cuidado de que nadie se quede fuera, abandonado y descontado de la lista de los hermanos”.

Además, en esta Jornada de la vida “tenemos que tener muy presente, de manera muy especial, a todo el personal sanitario, que está sembrando la esperanza con su entrega y buen hacer”.

Por último, pedimos al Señor por todos aquellos sacerdotes, diáconos, voluntarios, personal sanitario, miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado y trabajadores y servidores públicos que han sido contagiados y han dado su vida por ayudar a los demás. Todos vosotros sois los grandes sembradores de la Esperanza Cristiana que nos habla de un cielo nuevo y una tierra nueva donde no exista el llanto, el luto ni el dolor y nos alienta a renovar nuestra confianza en Dios y recordar una y otra vez que el sentido de nuestra vida es la esperanza en su salvación.

Fuente: Conferencia Episcopal Española.

Señora de la esperanza

Señora de la Esperanza, porque diste a la luz la Vida. Señora de la Esperanza, porque viviste la Muerte. Señora de la Esperanza, porque creíste en la Pascua, porque palpaste la Pascua, porque comiste la Pascua, porque moriste en la Pascua, porque eres Pascua en la Pascua.

Pedro Casaldáliga

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