Biografía Familia y vida

Memoria agradecida por los que nos han precedido en la fe y la vida. 2 noviembre.

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Conmemoración de los fieles difuntos. Los recuerdos, las oraciones y las lágrimas son parte del amor. 

¿Cómo mirar cara a cara a la muerte? ¿Qué sentido tiene hacer memoria de nuestros difuntos? ¿Qué nos enseña la muerte sobre nuestro lugar? Algunas preguntas que supongo que todos nos hacemos de vez en cuando.

Cuatro dimensiones haciendo memoria de los difuntos

1. Memoria de la propia finitud. 

2. Oportunidad de agradecer a quienes hemos amado. Evocar, sonreir. 

3. La experiencia de la muerte nos da perspectiva.

4. Desde la fe la muerte es una puerta a la esperanza: la Resurrección. 

San Pablo VI: Meditación ante la muerte

“Ciertamente, me gustaría, al acabar, encontrarme en la luz.

Parece que la despedida deba expresarse en un acto grande y sencillo de reconocimiento, más aún, de gratitud. Esta vida mortal es, a pesar de sus vicisitudes y sus oscuros misterios, sus sufrimientos, su fatal caducidad, un prodigio siempre original y conmovedor, un acontecimiento digno de ser cantado con gozo y con gloria.

Aquí ante la muerte, maestra de la filosofía de la vida, yo pienso que el acontecimiento más grande entre todos para mí fue el encuentro con Cristo, la Vida. Maravilla de las maravillas, el misterio de nuestra vida en Cristo. Aquí la fe, la esperanza, el amor cantan el nacimiento y celebran las exequias del hombre. Yo creo, yo espero, yo amo, en tu nombre, Señor”.

 

Rogar por nosotros y por ellos nos llena de Esperanza.

¡Qué podemos pedir para nosotros, los vivos, que no se nos esté dando…! ¡Qué para ellos, los difuntos, que no estén ya gozando con Él! Escuchar nuestros deseos profundos en relación a nuestros hermanos, ponerlos en palabras y dejarlos delante de Dios es un ejercicio que puede darnos Esperanza para afrontar la vida y el paso a la “otra vida”.  

En la oración hacemos presentes a nuestros difuntos, pedimos por ellos y por nosotros.

Expresamos que los echamos de menos, que querríamos recuperarlos y tenerlos como antes, que volveremos a encontrarnos. Imaginamos que nos miran, que saben de nuestras vidas, que están pendientes de lo que nos pasa, de nuestras desdichas y de nuestros logros. Imaginamos que reciben a los que van llegando y les dan la bienvenida. Pedimos para ellos el abrazo misericordioso de Dios. ¡Y para nosotros también!

La vida plena para los vivos y la vida eterna de los difuntos.

Roguemos al Señor… Rogar a Dios por los vivos porque hay gente que sufre tantísimo por la violencia, por el hambre, por la pérdida del empleo. Y rezar a Dios por los difuntos. Hoy más que nunca es necesaria esta obra de misericordia, porque rezar por los demás nos abre el corazón. Rezar por la salvación de quienes ya dejaron esta vida, significa confiar en el Amor. Una oración que hace memoria agradecida expresa que confiamos a su Corazón los anhelos más íntimos de las personas. El anhelo mayor es disfrutar, cuando llegue el día, del abrazo de nuestro Padre Dios.

ORACIÓN ANTE LA PÉRDIDA (Rezando voy).  CANCIÓN: “Abrazando la noche (Ixcis). 
Decálogo de vida en la experiencia de muerte.

D u e l o

Las lágrimas son parte del abrazo. No temas llorar, ni añorar. No reprimas el duelo ni disfraces la ausencia. Solo intenta creer, también hoy, que la última palabra la tiene la Vida, aunque ahora duela. La memoria, que a ratos escuece, se teñirá de gratitud cuando el dolor se aquiete; gratitud por su vida, por su presencia, por su huella. Pero no tengas prisa, no quieras forzar al tiempo que todos necesitamos espacio para el duelo. Llegará un día de resurrección, en que todo estará bien. Ahora nos queda el amor, al que ni la muerte puede silenciar.
(José María R. Olaizola sj).

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