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Asunción de María. Su Pascua es signo de esperanza y de consuelo.

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La Asunción nos ayuda a enfocar siempre nuestra mirada a la eternidad.

Descubre la Basílica de la Dormición de Jerusalén:

Aciprensa.  Imagen de Portada: Asunción de María – Andrea del Sarto .

Los católicos de todo el mundo celebran la Solemnidad de la Asunción de María el 15 de agosto, conmemorando su subida gloriosa a los cielos. Sin embargo, si bien el día de la celebración es relativamente nuevo, su historia tiene raíces en los primeros siglos de la iglesia.

El Código de Derecho Canónico, en el numeral 1246, indica que esta fiesta es de precepto, es decir, una solemnidad en la que el católico tiene la obligación de participar de la Misa.

No obstante, en el mismo numeral se señala que “la Conferencia Episcopal, previa aprobación de la Sede Apostólica, puede suprimir o trasladar a domingo algunas de las fiestas de precepto”. Por tal motivo, en algunos países no es obligatorio.

El Dr. Matthew Bunson, colaborador principal de EWTN, señaló que “a medida que la vida terrena de la Virgen María llega a su fin, la Asunción nos ayuda a entender más plenamente no solo su vida, sino que nos ayuda a enfocar siempre nuestra mirada a la eternidad”.

“Vemos en María la lógica de la Asunción como la culminación de su vida. Un requisito eucarístico para ese día es muy apropiado”, continuó.

El dogma de la Asunción de María, también llamada “Dormición de María” en las iglesias orientales, tiene sus raíces en los primeros siglos de la Iglesia. La Iglesia Católica enseña que cuando María terminó su vida terrenal, Dios la elevó en cuerpo y alma al cielo.

Esta creencia remonta sus raíces a los primeros años de la Iglesia. Mientras que un sitio fuera de Jerusalén fue reconocido como la tumba de María, los primeros cristianos sostuvieron que “no había nadie allí”, aseguró Bunson.

Según San Juan de Damasco, en el Concilio de Calcedonia del 451 d.C., el emperador romano Marciano solicitó el cuerpo de María, Madre de Dios. San Juvenal, que era Obispo de Jerusalén, respondió “que María murió en presencia de todos los apóstoles, pero que su tumba, cuando se abrió a petición de Santo Tomás, fue hallada vacía; de donde los apóstoles concluyeron que el cuerpo fue llevado al cielo”.

En el siglo VIII, alrededor de la época del Papa Adriano, la Iglesia comenzó a cambiar su terminología, renombrando la fiesta del “Memorial de María” a la “Asunción de María”, anotó Bunson.

La creencia en la Asunción de María fue una tradición muy extendida y una frecuente meditación en los escritos de los santos a través de los siglos. Sin embargo, no se definió oficialmente hasta el siglo pasado.

En 1950, el Papa Pío XII hizo una declaración infalible “ex-cathedra” en la Constitución Apostólica Munificentissimus Deus, definiendo oficialmente el dogma de la Asunción.

“Con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que La Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo”, escribió el Papa.

En el decreto, que fue aprobado de antemano por las diócesis de todo el mundo, el Papa Pío XII examinó siglos de pensamiento cristiano y los escritos de varios santos sobre la Asunción de María.

“Tenemos a lo largo de la historia de la Iglesia un testimonio casi universal de esto. Tenemos este hilo que recorre toda la historia de la Iglesia en apoyo del dogma. Eso es significativo porque apoya la tradición de la Iglesia, pero también apoya una comprensión más profunda de las enseñanzas de la Iglesia de cómo confiamos en las reflexiones de algunas de las más grandes mentes de la misma”, comentó Bunson.

Lo que también es notable sobre el dogma, agregó, es que “usa el tiempo pasivo”, enfatizando que María no subió al cielo por su propio poder, como lo hizo Cristo, sino que fue elevada al cielo por la gracia de Dios.

Actualmente, la fiesta de la Asunción está marcada como un gran día de fiesta y de precepto en varios países, incluyendo a los Estados Unidos.

El Dr. Bunson explicó que en festividades importantes es necesario destacar el significado real de la celebración, enfatizando la necesidad de celebrar la Eucaristía ese día.

“¿Habría algo más apropiado que en la fiesta de la Asunción de la Santísima Madre, una vez más, centrarse en su Hijo, en la Eucaristía?”, cuestionó.

La Asunción de María y san Agustín

San Agustín parte de la fuente de la Palabra de Dios. Mantendrá que, en las mismas Escrituras, hay verdades de las que guarda silencio y no da razón. La Asunción de Santa María es una de ellas. En el desarrollo del tratado, el Obispo de Hipona mantendrá que no es cierto que el cuerpo de Santa María se haya convertido en polvo y que María está libre de la maldición de Eva. Se ha de creer -sostiene- que Cristo honró con ello a su madre. Su naturaleza es, sin duda, la misma que la de ella: hay unidad de gracia con Cristo, una especial unidad entre ambos.

En su homilía de la Solemnidad de la Asunción del 15 de agosto de 2006, el Papa Benedicto XVI se hacía eco de las palabras de Agustín‘”Antes de concebir al Señor en su cuerpo, ya lo había concebido en su alma’. Había dado al Señor el espacio de su alma y así se convirtió realmente en el verdadero Templo donde Dios se encarnó, donde Dios se hizo presente en esta tierra.”

El canto del Magníficat que se proclama en esta Solemnidad “nos da a entender de diversas maneras que María es la verdadera Arca de la alianza, que el misterio del templo —la morada de Dios aquí en la tierra— se realizó en María. En María Dios habita realmente, está presente aquí en la tierra. María se convierte en su tienda. Lo que desean todas las culturas, es decir, que Dios habite entre nosotros, se realiza aquí.” (Homilía de Benedicto XVI 15/08/2006)

Prosigue Bendicto XVI“Ciertamente, en comparación con el dragón, tan armado, esta Mujer, que es María, que es la Iglesia, parece indefensa, vulnerable. Y realmente Dios es vulnerable en el mundo, porque es el Amor, y el amor es vulnerable. A pesar de ello, él tiene el futuro en la mano; vence el amor y no el odio; al final vence la paz.”“Este es el gran consuelo que entraña el dogma de la Asunción de María en cuerpo y alma a la gloria del cielo. Damos gracias al Señor por este consuelo, pero también vemos que este consuelo nos compromete a estar del lado del bien, de la paz.”

Con motivo de la Solemnidad de la Asunción de Santa María Virgen, invitamos a acercarse al tratado de san Agustín que, sobre ello, nos dejó. Puede accederse a la versión en Español desde la Biblioteca digital de las obras de San Agustín (Disponible en Latín, Italiano, Inglés, Francés, Alemán y Español).

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