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San Antonio de Padua. El santo de todo el mundo y de los milagros. 13 junio.

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El santo al que se le atribuye la ayuda para encontrar los objetos perdidos o pareja

San Antonio de Padua, sacerdote franciscano y Doctor de la Iglesia

Predicador y confesor incansable, San Antonio conjuga la vida apostólica con períodos de retiro en soledad, sin olvidar su amor al prójimo y a Dios. Su memoria se celebra el 13 de junio.

Con información proporcionada por los frailes menores conventuales de la Basílica de San Antonio de Padua. San Antonio nació en Lisboa, Portugal, en 1195. Una tradición tardía indica la fecha del 15 de agosto. Alrededor de los 15 años entra en el convento agustino de San Vicente, fuera de las murallas de la ciudad, para adherir al proyecto de consagración a Dios que había ido madurando. En 1220, por primera vez, entra en contacto con los frailes menores, religiosos fundados por Francisco de Asís en la lejana Italia. En septiembre de 1222 se celebran en Forlí las ordenaciones sacerdotales.

Sus talentos

Antonio, por sus talentos, que demuestra saber poner al servicio del Reino de Dios, recibe también el encargo de Ministro Provincial (o sea, guía de las fraternidades franciscanas) del norte de Italia, con mucha probabilidad en el trienio de 1227-1230. El cargo comporta la visita a los numerosos conventos de la Italia septentrional. Antonio demostrará enseguida preferir la ciudad de Padua y la pequeña comunidad franciscana junto a la simple iglesita de Santa María Mater Domini.

Testamento espiritual

El empeño que puso Antonio en la predicación y en el sacramento de la reconciliación durante la Cuaresma de 1231 puede considerarse su gran testamento espiritual.

Jornadas en contemplación

Los trabajos de la Cuaresma desgastaron un físico ya exhausto. Después de la Pascua acepta retirarse con otros frailes a Camposampiero (pueblecito a pocos kilómetros de Padua) huésped del conde Tiso. Pide, sin embargo, que le sea acondicionado un simple refugio sobre un gran nogal, donde transcurre las jornadas en contemplación con Dios y en diálogo con las gentes humildes de la aldea. Es durante esta permanencia que se le aparece el Niño Jesús y dialoga con él, como testificará el conde Tiso.

«Veo a mi Señor»

Un viernes – era el 13 de junio de 1231– se siente aquejado por un fuerte malestar. Puesto en una carreta es llevado a Padua, donde él mismo pede poder morir. Llegado a la Arcella, un barrio a las puertas de la ciudad, murmurando las palabras «Veo a mi Señor», expira a la edad de unos 36 años.

Algunos días después, con solemnes funerales, Antonio es sepultado en Padua, en la iglesita de Santa María Mater Domini, su refugio espiritual en los períodos de intensa actividad apostólica.

Su devoción y fama

Al cabo de un año de su muerte, la devoción de los paduanos y la fama de tantos prodigios realizados convencen al Papa Gregorio IX que ratifique rápidamente su canonización, o sea, que lo proclame, tal como sucedió el 30 de mayo de 1232, a sólo once meses de su fallecimiento.

Doctor de la Iglesia Universal

En 1946 la Iglesia proclama a San Antonio de Padua «Doctor de la Iglesia Universal», con el título de Doctor Evangelicus.

Colección de Sermones

Sus Sermones son su gran obra literaria y teológica. Se los puede definir un tratado de doctrina sagrada en forma de colección de sermones, con el cual el Santo se propuso exponer toda la Escritura en su articulación de lecturas propuestas para la liturgia dominical y festiva de su tiempo.

San Antonio escribió los Sermones con la finalidad específica de proporcionar a sus hermanos un instrumento de formación para la vida cristiana. Los argumentos tratados son en general los de la fe y de las buenas costumbres. El Santo ofrece a los predicadores instrumentos para la predicación acerca de cómo enseñar a los fieles la doctrina del Evangelio y cómo valorizar los sacramentos, sobre todo la penitencia y la Eucaristía.

La lengua de los Sermones es el latín medieval, es decir la baja latinidad, sin embargo no es un latín rústico; más bien presenta cierta elegancia. El Sermón de Antonio es muy erudito, abunda en citas de las Escrituras (son más de seis mil), a menudo recurre a la Doctrina de los Padres y de los teólogos, de los filósofos y de los poetas paganos; además de, a menudo, expertos en ciencias naturales, en especial Aristóteles y Solino.

Fuente: Vatican news.

San Antonio de Padua en canciones populares

En una piadosa canción popular muy conocida se relata una leyenda atribuida a San Antonio de Padua. Habría ocurrido durante su infancia aunque no hay documentos históricos que lo confirmen.

Oración a san Antonio triunfa sobre todos los obstáculos

Oh san Antonio, el más clemente de todos los santos, tu amor por Dios y todas sus criaturas te valió poderes milagrosos en esta tierra. Te lo imploro, intercede en mi favor. Susurra mi ruego a la oreja del Niño Jesús, que tanto amaba acurrucarse entre tus brazos… (expresa tu petición)

Oh san Antonio, santo de los milagros, cuyo corazón está colmado de compasión humana, te lo ruego, concédeme mi plegaria y te estaré por siempre agradecido. Amén

Curiosidades de la historia de San Antonio de Padua

San Antonio de Padua,  está considerado como el santo que ayuda a encontrar los objetos perdidos, vela por los solteros y protege a los hijos. De hecho, uno de sus milagros más famosos que ocurrió con el pequeño Tomasito, un bebé de 20 meses. Tomasito estaba a punto de morir ahogado. Su madre rezó a este sacerdote franciscano del que era devota y, por su intercesión, el pequeño se salvó de morir ahogado. Este milagro es una de las cinco curiosidades que debes conocer de la historia de San Antonio de Padua. Su vida y su culto actual nos han dejado otros motivos y muestras con las que se le recuerda cada año. 

San Antonio de Padua, «Santo de las Causas Perdidas»

A este Doctor de la Iglesia también se le conoce como el «Santo de las Causas Perdidas». Esta devoción proviene de una historia que vivió San Antonio en primera persona.  Se encontraba en Bolonia como maestro. Un día, uno de sus alumnos le robó su libro de Salmos sin que se enterara. Tanto si lo había perdido, como si se lo habían robado, pensó en la misma solución: rezó para encontrarlo

Finalmente, el joven se lo terminó devolviendo. Ese libro se conserva en la actualidad en el convento franciscano de Bolonia. Desde entonces, los creyentes rezan al Santo de Padua para encontrar objetos perdidos. 

Otra de las ayudas que se atribuyen a San Antonio de Padua es su intercesión para la conversión. Es patrón de albañiles, papeleros, viajeros y pobres. También es un buen aliado para los solteros, que le piden encontrar pareja y poder casarse. 

El «Pan de San Antonio»

Durante su festividad, en las iglesias que llevan su nombre, se reparte el llamado «pan de San Antonio», devoción que proviene del milagro con el que revivió Tomasito. Según el Padre Oliviero Svanera, Rector de la Basílica de San Antonio de Padua «el pan de San Antonio es sinónimo de caridad».

El sacerdote explica la relación del origen de este gesto de caridad con un milagro de San Antonio de Padua. «El nacimiento de esta tradición se remonta a uno de los milagros del santo que tuvo como protagonista a Tomasito, un niño de 20 meses que se ahogó en un pozo de agua. La madre, desesperada, invocó la ayuda del santo e hizo una promesa: Si obtenía la gracia – de que su hijo salvase la vida -, iba a darle a los pobres el mismo peso en pan que el peso del niño. Y el pequeño, milagrosamente, volvió a la vida”, según cuenta Aciprensa.

La devoción a San Antonio de Padua y la promesa de la mujer se mantienen vivas en muchas parroquias.  Estos templos suelen tener pequeñas cajas con el lema «Para el pan de los pobres».  Su finalidad es recaudar entre los fieles para poder ayudar a los más necesitados. «El Pan de los Pobres» es un símbolo que explica la vida de este fraile y sacerdote franciscano.

El homenaje litúrgico de los franciscanos a San Antonio de Padua

La orden franciscana también homenajea en su festividad al que es el segundo santo más importante de su carisma. Una de estas muestras es el Responsorio. Se  trata de una veneración a San Antonio que proviene de “Sequeri”. Su autor es Fray Juliano de Spira, que lo compuso a petición de sus superiores entre 1235 y 1240. El Responsorio forma parte de la Liturgia de las Horas y es un recordatorio litúrgico para conmemorar a San Antonio de Padua,  canonizado en 1232. En la actualidad, se sigue rezando, de forma especial, cada 13 de junio, día de su festividad. Se reza de este modo:

Oración inicial: «Postrado a vuestros pies, oh amantísimo protector mío San Antonio, os ofrezco el piadoso ejercicio que voy a practicar para que me alcancéis del Señor el perdón de mis pecados, las virtudes propias de mi estado, la perseverancia final y la gracia especial que solicito con esta devoción. Más si ésta no me conviniese, obtenedme una perfecta conformidad en el divino beneplácito. Amén.

Responsorio: Si buscas milagros, mira: Muerte y error desterrados, miseria y demonio huidos, leprosos y enfermos sanos. El mar sosiega su ira, redimense encarcelados, miembros y bienes pedidos recobran mozos y ancianos. 

El peligro se retira, los pobres van remediados, cuéntenlo los socorridos, diganlo los paduanos. El mar sosiega su ira, redimense encarcelados, miembros y bienes perdidos recobran mozos y ancianos. Gloria al Padre, Gloria al Hijo, Gloria al Espíritu Santo. Ruega a Cristo por nosotros, San Antonio glorioso y Santo, para que dignos así de sus promesas seamos. Amén.

Oraciones a San Antonio de Padua: «Hazme encontrar lo que estaba perdido…»

La página web de San Antonio ofrece varias oraciones al Santo de Padua para recuperar objetos perdidos, o la vida espiritual y psicológica. Esta es una de ellas:
 
Glorioso San Antonio, tu has ejercido el divino poder de encontrar lo que estaba perdido. Ayúdame a volver a encontrar la Gracia de Dios, y hazme celoso en el servicio de Dios y en vivir las virtudes. Hazme encontrar lo que estaba perdido, para mostrarme la presencia de tu bondad. (Padre nuestro, Ave María, Gloria)
 
Oremos
 
San Antonio, glorioso siervo de Dios, famoso por tus méritos y poderosos milagros, ayúdanos a encontrar las cosas perdidas; danos tu ayuda en la prueba; e ilumina nuestra mente en la búsqueda de la voluntad de Dios. Ayúdanos a encontrar de nuevo la vida de la gracia que nuestro pecado destruyó, y condúcenos a la posesión de la gloria que nos prometió el Salvador. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amen.

Fuente: COPE. Aciprensa.

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