Testimonios

A la espera de Dios. Simone Weil. Búsqueda como vigilancia inacabada.

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Amar es estar atentos.

Más de Simone Weil en el siguiente video (a partir del minuto 9:25):

«A la espera de Dios» es expresión de la actitud atenta y vigilante, pero también del carácter siempre inacabado de una búsqueda exigente de verdad como la obra y la vida de Simone Weil.

Las cartas y ensayos publicados póstumamente en 1949, fueron escritos entre enero y junio de 1942 y recogen muchas de las claves que marcan la obra de Weil: radicalidad desconcertante, probidad y coherencia intelectuales, amor y profundo conocimiento de los clásicos griegos, identificación con los vencidos, vocación «católica» de simpatía con todos los hombres, experiencia mística…

Simone Weil: A la espera de Dios. María Tabuyo y Agustín López (tr.). Carlos Ortega (pr.). Madrid: Trotta, 2009, 5ª ed.

Este volumen de la obra de Simone Weil incluye un prólogo algo contradictorio que empieza relatando vida y milagros de la autora para terminar con la recomendación de poner entre paréntesis su biografía personal y entregarse a la “belleza desnuda” de los textos. El problema es que lo único interesante de este libro es la correspondencia con el sacerdote J. M. Perrin. 

Así que para comentar A la espera de Dios no queda más remedio que reseñar sus andanzas en medio de una Europa convulsa: cómo repartía su salario de profesora de Filosofía entre los obreros, cómo expuso una sensibilidad extrema como la suya al trabajo infernal en una fábrica, cómo se libró de la cárcel cuando el juez comprendió que mezclarse  con  delincuentes y prostitutas era algo que la filósofa deseaba, cómo intimó con las muchachas afroamericanas en las Iglesias baptistas de Harlem…

En las Cartas al padre Perrin, Weil se expresa desde la absoluta humildad, desde la voluntad de querer ser nada para así ser digna de la Gracia. Dice, con total convencimiento, no ser merecedora del Bautismo o de cualquier otro Sacramento pues no ha alcanzado la perfección en la “renuncia a ser”.

La capacidad de empatía de Weil es tal, su identificación con la “humanidad” tan sobrehumana, que afirma llevar en sí misma “el germen de todos los crímenes”. El amor de Weil no entiende de fronteras o limitaciones morales.

La carta más extensa es una autobiografía de la que destacaría, aparte de su inclinación franciscana a la pobreza, la crudeza de los términos con los que recuerda su trabajo en la fábrica. Disuelto su yo en la masa anónima de compañeros, hizo suyo el sufrimiento de todos. A partir de entonces sintió que había recibido para siempre la marca de la esclavitud. 

Weil llega a la mística sin haber buscado jamás a Dios, sin marcos teóricos para conceptualizar su experiencia. 

La sensibilidad hacia lo sagrado en Weil es de tal naturaleza que no podría ser encorsetada dentro de ninguna de las grandes religiones. 

Fuente: Aula de filosofía. Eugenio Sánchez Bravo.

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2 comentarios
  • Rodrigo
    18 septiembre, 2019 al 10:14 am

    Este articulo confunde fotos de Simone Weil y Simone Veil. Cámbienlo.

    • José Luis Miguel
      18 septiembre, 2019 al 10:54 am

      Muchas gracias, Rodrigo. Ya está cambiada. Gracias por seguir la web. Me gustaría saber tu parecer de la misma. Un saludo

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