San Agustín

Manuel Herrero, obispo agustino: «El virus nos hace reconocer nuestra fragilidad».

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El obispo de Palencia se dirige a los fieles que le han acompañado a través de la oración durante sus días de ingreso a causa del coronavirus.

El obispo de Palencia, Manuel Herrero, ha concedido una entrevista a sus diocesanos, a través de su delegado de Medios de Comunicación, Txomin Pérez, que ha recogido las preguntas de los medios de comunicación locales y religiosos. El prelado se dirige a todos los fieles que le han acompañado a través de la oración durante sus días de ingreso a causa del coronavirus. Con un estado de salud bueno, estable y muy agradecido, el obispo ha explicado cómo ha afrontado al enfermedad y sus días en el hospital.

—El pasado 21 de marzo nos sorprendía a todos su traslado e ingreso al Hospital Río Carrión de la capital palentina. ¿Cómo se encontraba? ¿Qué síntomas tenía?

Yo me acosté con normalidad pero estando ya en la cama noté mucho calor en el cuerpo. Me puse el termómetro, y tenía 38 de fiebre. Tomé un paracetamol, a las dos horas y aunque había bajado la fiebre, algunos síntomas seguían. A la mañana siguiente, vino el enfermero y me dijo que había que llevarme al hospital a hacerme la prueba. Fuí, me hicieron la prueba, me dijeron que era positivo y me ingresaron.

—El pasado lunes 30 de marzo recibió el alta hospitalaria y desde entonces permanece en la Casa Sacerdotal. ¿Cómo se encuentra?

—Pues gracias a Dios, muy bien. Todos los días me toman la temperatura y está normal. Es más, todos los días me contactan desde el ambulatorio de Eras del Bosque donde tengo yo mi médico de cabecera y me piden tanto la temperatura, como el oxígeno en sangre y se preocupan si tengo alguna molestia de algún tipo.

—¿En algún momento se planteó pasar estos días de convalecencia en el Palacio Episcopal, donde hay una vivienda vacía disponible, en vez de regresar a la Casa Sacerdotal sabiendo que hay una situación de riesgo?

—No pasó por mi cabeza; en primer lugar porque en aquella casa o en aquella habitación, que hacía yo allí solo… Yo no estoy acostumbrado a vivir en soledad sino más bien en comunidad  aunque puede haber diversos niveles. Yo pensé venir aquí porque esta es mi casa y esta es mi habitación y aquí tengo mis cosas con las que trabajar y demás enseres.

—Ha pasado 10 días ingresado en el Hospital Río Carrión…. ¿cómo han sido esos días desde el punto de vista físico?

—Desde el punto de vista físico, digamos que buenos, yo no notaba nada, lo único que me decían que todavía quedaba algo en el pulmón pero poco a poco me iban diciendo que iba mejorando, me hacían diversas pruebas, análisis de sangre, tengo las manos con muchas marcas de las extracciones de sangre, también radiografías e iban siguiéndolo día tras día. He estado muy bien atendido por los médicos, por las enfermeras, por el personal sanitario, auxiliares… por todos, sin duda alguna.

—Comentaba en su saludo a los palentinos, del pasado 31 de marzo, que desde un lado más humano, ha palpado “la limitación, la fragilidad, la precariedad, incluso con temor y algo de miedo a la muerte”… ¿Ha llegado a temer por su vida? ¿Cómo se viven estas circunstancias en la habitación de un hospital? ¿Cómo las ha ido sobrellevando?

—Bueno, yo temer por mi vida no, porque confiaba en Dios y en los médicos, lo que pasa, eso si, es que quieras o no, esos días en silencio y ahí aislado, piensas, porque eran veinticuatro horas solo, aislado totalmente. Es verdad que tenías la televisión y el móvil, te llamaban algunos amigos. Pero uno cavila y le das vueltas a la cabeza y yo pensaba esto es la fragilidad porque, aunque no te dicen que estás mal, te sientes mal. En segundo lugar, también la fragilidad porque te das cuenta de que cualquier bichín de nada nos tumba, y nosotros que a veces nos creemos que comemos el mundo, vemos que el mundo nos come a nosotros. Y otro tercer aspecto, el miedo a la muerte: Un día que sentí escalofríos, porque estando allí murió un agustino, compañero mío durante muchos años, Agustín Becares y yo pensaba, bueno y por qué  él sí y yo no, pero lógicamente uno le da vueltas a la cabeza  e igual que Dios le ha llamado a él, me puede llamar a mí. Y no es que tuviera miedo a encontrarme con Dios, sino sobre todo al dolor.

—Durante su estancia hospitalaria ha tenido intenso contacto con el personal sanitario… para los que ha tenido palabras de agradecimiento. De lo que ha podido observar ¿cómo está siendo el trabajo de todas estas personas? ¿Cómo es la situación en el hospital?

—El trabajo de estas personas lo calificaría de excelente y heróico, no solamente por lo que hacen sino también por lo que se exponen y afrontan la dificultad a pesar de ello, porque los he visto trabajar, desvivirse, preocuparse por cada uno. Recuerdo que en una de las habitaciones de al lado se ve que había una niña. Pregunté porque la voz se oía a veces. Yo escuchaba como entraban y también todas las palabras de aliento que le dedicaban. Es decir, para mí es un gesto no solamente caritativo sino también heróico.

—Para el personal sanitario, para la multitud de personas que se han preocupado y rezado por su salud… para todos ellos ha tenido palabras de agradecimiento… ¿debemos recuperar el sentido de la gratitud hacia los demás?

—Sin duda alguna, pero no “gracias” que sale de la boca sino “gracias” que sale del corazón, porque en definitiva, siempre, pero en estas situaciones que se viven de una manera especial, nuestra vida depende de los demás, somos interdependientes. Estamos unidos unos a otros y dependemos entre nosotros de igual manera. Igual que hemos nacido gracias al amor de nuestros padres y hemos crecido por el cuidado de nuestra familia, así también nuestra vida discurre en esa interacción. Todo forma parte de nuestra vida y de nuestra historia.

—De vuelta a la Casa Sacerdotal… ¿Con qué se ha encontrado? ¿Cómo están los sacerdotes que en ella residen? ¿Qué ambiente se respira?

—Bueno, yo del ambiente, poco puedo hablar, porque yo no los veo. Solo veo a las personas que me acercan la comida y al enfermero, pero a los demás no. Con alguno he hablado por teléfono, que alguno está viviendo lo mismo que yo he vivido y algunos preocupados porque como aquí murió don David, pues también lógicamente los que tienen muchos años preocupados por su salud y por su suerte, pero es normal.  Los he visto también que viven este momento con paz y confianza en el Señor.

—Dos de los fallecidos en Palencia tenían una relación cercana con usted… el P. Agustín Bécares, hermano agustino como usted y miembro del consejo presbiteral de la diócesis, y el sacerdote David Pérez, residente en esta misma Casa Sacerdotal. ¿Cómo ha vivido estas dos perdidas… y el hecho de no poder, acompañar a sus seres queridos y presidir sus funerales, como hace con todos los sacerdotes que fallecen en la Diócesis?

—Espero poder hacerlo cuando se levante el estado de alarma y de acuerdo con las familias; pero lo he vivido con dolor porque son hermanos que se van; con confianza en el Señor también. Y esa confianza la expresaría con aquel poema, si me permitís, de Pemán que dice:

“Por tu bondad y tu amor,
porque lo mandas y quieres
porque es tuyo mi dolor
bendita sea Señor
la mano con que me hieres”

José María Pemán

—El coronavirus está dejando una desgarradora cifra de fallecidos. Muchos de ellos están muriendo lejos de sus seres queridos, no se están pudiendo celebrar funerales, en las exequias solo puede acompañar al difunto un reducido grupo de personas…. ¿puede ser esta la cara más dolorosa y desgarradora de esta pandemia?

—Sin duda alguna, porque aparte de la muerte, por ir solo, sin sentir una mano hermana y amiga y cercana, pues es doloroso; pero en la Iglesia lo hacemos acompañando de la oración, aunque no sea físicamente presente pero sí a través de Dios que es Padre de todos. Él no nos deja de su mano, Él siempre nos tiene en su mano. Dice incluso la Escritura que nos lleva tatuados en la palma de su mano, tan queridos somos para Él.

—Muchos sacerdotes están en estos momentos en sus casas… y puede que sin saber muy bien cómo ayudar y acompañar a sus feligreses. ¿Qué les diría a los sacerdotes en estos momentos?

—Ahí viene la función pastoral y la preocupación pastoral. Una primera es con la oración; una segunda, cumpliendo las ordenes que nos dan las autoridades sanitarias y cumpliéndolas a rajatabla. Una tercera, sin duda alguna, si podemos celebrar la Eucaristía, recordar a todos los fieles y unirse a ellos, no solamente la comunidad a su pastor, sino el pastor a su comunidad, unidos todos en Cristo. Y por descontado, mantener la ilusión y la esperanza en esos diálogos y en esas llamadas a veces por teléfono, pues no ser derrotistas ni pesimistas sino levantar el ánimo y la esperanza. Jesús siempre decía. “No temáis”. Pues aquí también lo debemos decir, no temáis porque estamos en las manos de Dios y son las mejores manos.

—Este año, la Semana Santa va a ser, por las circunstancias que vivimos, distinta… sin culto público en las parroquias, sin procesiones… una Semana Santa que tenemos que vivir en nuestras casas… ¿A qué nos llama como creyentes esta circunstancia?

—Pues yo creo que nos llama a profundizar en nuestra fe y nuestra fe a veces está marcada por los demás, por el ambiente sociológico, las procesiones… Esto nos llama a vivir nuestra fe de una manera personal, a preguntarnos en quien creo, por qué creo y como respondo yo a este Jesús en quien creo, que murió por mí y por todos y ha resucitado para darnos su Espíritu y su Vida. Y desde nuestra fe y nuestra debilidad y humildad, responder; no solamente con oraciones sino también y sobre todo con la vida.  Cómo vivir esta Semana Santa? Pues yo diría en comunión con el Papa de Roma, que es en comunión con la Iglesia y esto se puede hacer a través de la televisión; también en comunión con la Iglesia de Palencia, a través de los diversos modos y la oración, que tenemos a nuestra disponibilidad. Y también yo diría viviendo en familia, en pequeña comunidad familiar o Iglesia doméstica la liturgia. Para eso la Conferencia Episcopal en su página web nos ofrece una guía con todo el material para que lo podamos seguir.

—La Iglesia siempre recuerda que la Semana Santa es mucho más que las procesiones en la calle, pero la verdad es que para los miles de cofrades que hay en la ciudad y en el resto de la provincia se hace muy difícil vivir una Semana Santa sin esas procesiones…

—Podríamos decir, en primer lugar, como dice el prefacio de la Misa, dar gracias a Dios siempre y en todo lugar. ¿Por qué? Por el Amor de Jesucristo, representado en los pasos, en las celebraciones, en los triduos… Y no solamente los de Palencia capital sino los de otros lugares de la provincia donde también se desarrollan hábitos religiosos.  En segundo lugar, diría que profundizando, si son cofradías o hermandades, en lo que son, profundizando en el amor fraterno, porque la clave de la Pasión de Cristo es el Amor de un Dios que se entrega por nosotros, para acercarnos así, para reunirnos, para que vivamos en su Amor y para que vivamos como hijos y hermanos.

—Desde la Santa Sede se planteó en una de las múltiples comunicaciones que se han hecho durante estos días la posibilidad de trasladar algunos de los desfiles procesionales de estos días… a las fechas cercanas al 14 de septiembre, cuando se celebra la Exaltación de la Santa Cruz. Por otra parte, desde la Hermandad de Cofradías de Palencia se habla más de un Viacrucis extraordinario en memoria de los fallecidos por el coronavirus y en agradecimiento a todos los que se han esforzado en este tiempo de crisis… ¿Qué opina de estos planteamientos?

—Bien, a mí no me parece mal, lo que pasa es que a mí todavía no me han hecho conocedor de ninguna iniciativa concreta. El Papa ha sugerido que se trasladen, porque el 14 de septiembre se celebra la Exaltación de la Santa Cruz, el 15 de es mismo mes la Virgen de los Dolores, por los dolores de la Virgen María; incluso ha trasladado para el domingo 13 de setiembre la colecta en favor de Tierra Santa, que se hacía siempre el Viernes Santo, como solidaridad con aquellos cristianos que sufren pero mantienen la memoria viva  -no solamente están allí las piedras- la memoria viva de Jesús, nacido, muerto, sepultado y resucitado por nosotros.  Yo no me opongo en modo alguno sino que me parece buena iniciativa. Lógicamente eso no excluye que sea la única, porque sería muy bueno que antes o después de ese Vida Crucis o en algún momento tengamos una Eucaristía en la catedral por todos los enfermos y fallecidos, por todas las personas que sufren en su cuerpo o en su espíritu o han sufrido el ataque del coronavirus.

—También, debido a este confinamiento, hay muchas familias preocupadas por las Primeras Comuniones de sus hijos, previstas para mayo. También se han pospuesto las Confirmaciones que había programadas para este tiempo… ¿qué podemos hacer con la celebración de estos sacramentos?

—Bueno, yo estos días mandaré una carta a los párrocos para que ellos vean en cada situación, dialogando con los catequistas, con los padres y las madres, buscando una fecha oportuna. Por descontado, cumpliendo siempre las normas de las autoridades sanitarias. Si se impide la excesiva reunión de personas, pues lógicamente en esas fechas siempre se reúne mucha gente. Hombre, ellos que vean como y de qué manera, porque en cada sitio puede ser de una manera. Lo de la confirmación, igual; se posponen y ya se verá en setiembre u octubre cuándo y cómo.

—Qué consejo daría a las familias para este tiempo de confinamiento en casa? ¿Y a las personas, muchas de ellas mayores, que viven solos?

—Bueno, yo diría en primer lugar que siempre el cristiano tiene que vivir algo que es fundamental: que somos personas individuales pero siempre estamos acompañados. Porque nuestro Dios es Padre y es Padre misericordioso y compasivo, nosotros somos hijos. ¿Y cuándo un padre o una madre se olvida de sus hijos?  Dice la Escritura que aunque una madre se olvide de sus hijos  -por lo que sea, porque ha perdido la cabeza-  dice el Señor : “Yo nunca te olvidaré”. En segundo lugar, porque nuestro Dios se ha encarnado en Jesucristo y ha acompañado todas nuestras situaciones vitales, los avatares de nuestra existencia, desde el nacimiento, la boda, el duelo, la agonía, la enfermedad, incluso la sepultura, pero todo por amor y gracias al amor. Y en tercer lugar, porque el Espíritu Santo, señor y dador de vida, mora en nosotros y nos impulsa a amar, a seguir a Jesús y nos da fuerza y energía para seguir adelante porque Dios está con nosotros y si su Amor está con nosotros, ¿quien estará contra nosotros?. Todo lo ponemos en Aquel que nos conforta; todo lo podemos en el Amor de Dios porque su Amor es la fuerza más potente, la energía más grande que tenemos nosotros los pequeños, los débiles, todos los hombres y la humanidad entera.

—Una de las consecuencias de esta pandemia, que ya se empieza a sentir, es la grave crisis económica derivada de la parada de buena parte de la industria, los negocios, los servicios. Todo apunta a que nos va a costar remontar esta crisis económica y que los más débiles lo van a tener realmente difícil… ¿a qué cree que vamos a estar llamados?

—Bueno, varias cosas. Esta situación nos llama, por ejemplo, desde mi punto de vista, en primer lugar a reforzar los lazos de la fraternidad porque la fraternidad hace brotar la esperanza y la esperanza nos lleva, como decía un autor francés, a pensar que mañana todo será distinto. ¿Por qué? Pues sencillamente porque el amor, la fraternidad, los lazos, la solidaridad, vencen todas las dificultades y es capaz incluso de remover, si lo vivimos desde la fe, los montes que se oponen. Nos llama también, por descontado, no solamente a vivir pendientes de las cosas materiales, que las necesitamos, el dinero, la salud, el bienestar, pero también necesitamos cultivar la vida espiritual: No sólo de pan vive el hombre, también vive de la Palabra de Dios, de la amistad, el compartir la existencia, el trabajo, lo que somos y tenemos. En definitiva, nos llama a vivir lo que somos: hijos y hermanos. Y a vivir como tales desde Jesucristo y con Jesucristo.

—¿De qué manera durante estos días podemos estar cercanos a los demás, a nuestros seres queridos, a los vecinos?

—Bueno, siempre podemos estarlo, estos días y todos porque no solamente es santo el Jueves santo y el Viernes santo. Para el cristiano todos los días son santos porque todos los días Dios está con nosotros.  Tenemos que vivirlos unidos, proponernos pensar no en nosotros mismos sino en los demás porque amar un poco es amar a los otros, buscar el bien de los otros y no solamente eso sino pensarlo y vivirlo lógicamente a la vez orando unos por otros, dándonos cuenta que todos formamos parte no solamente de una Iglesia sino también de una misma humanidad y que esa parte nos afecta a todos y a cada uno.

—No sabemos cómo va a ser el día después… pero, ¿cree que la vida podrá ser como antes? ¿O que cómo muchos apuntan… esta crisis va a hacer que muchas cosas cambien en nuestra sociedad definitivamente?

—Pues me imagino que esto cambiará muchas cosas en nuestra sociedad. En primer lugar porque en nuestra sociedad a veces creemos que volvemos al transhumanismo, que el hombre se auto gestiona solo y que un poco casi se hace a si mismo. Este virus nos dice que somos frágiles, que somos débiles,  que necesitamos de Dios y de los demás pero también nos ayuda a construir un futuro donde por descontado reine el Reino de Dios, la paz, la justicia, la solidaridad, donde se tenga mucho más en cuenta la moral y la ética y lógicamente a todos los niveles; el científico, el económico, el personal, el social, el laboral…a todos los niveles.

—El pasado 27 de marzo, el Papa Francisco, en un momento extraordinario de oración, nos decía que estamos asustados, como los discípulos a los que una tormenta sorprendió en una barca… y nos repitió constantemente «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Es esta circunstancia que vivimos una prueba para nuestra fe.

—Prueba es la vida diaria. Vivir cada día desde la fe cuando tenemos tantas voces que nos invitan a vivir de otra manera, como si Dios no viviera. Un himno de vísperas dice: “Tantos me dicen que estás muerto, tu que conoces el desierto, dame tu mano y ven conmigo”. Sin duda alguna, yo creo que esta es una ocasión para vivir nuestra fe, pero cómo?  Despertar a Cristo con nuestra oración.  San Agustín comentando este pasaje de la barca perdida en el mar, en el temporal y Jesús durmiendo dice. “Despierta tu fé para que veas y sientas como Jesús está contigo, como es el Señor del universo, como El, en definitiva, es el vencedor del pecado, del mal y de la muerte, el Resucitado”.

—En su carta dominical del pasado 22 de marzo, apuntaba que “no todo es incertidumbre, temor y miedos; no todo es negativo, si sabemos reaccionar positivamente”. ¿Cómo, en qué, para qué debemos aprovechar esta circunstancia para crecer como personas, como sociedad, como Iglesia?

—Yo creo que en primer lugar deberíamos pararnos todos un poco y reflexionar: ¿Qué lecciones saco yo de esta situación? Qué lecciones saco yo para mi vida personal, para mi vida familiar y para mi vida eclesial?  Porque para cada sector de nuestra existencia podemos y debemos sacar consecuencias y conclusiones. Es más, debemos hacerlo porque yo creo que es muy importante. Es como un examen de conciencia que nos llama a decir: ¿Dónde hemos puesto el corazón? ¿Dónde ponemos nuestros valores? ¿Dónde ponemos en definitiva nuestra felicidad?  En realidades que se apolillan, en realidades que no van más allá de la esquina de al lado o las ponemos en las personas y en Dios, en su amor y de ahí queremos construir una humanidad nueva, una sociedad nueva y una Iglesia también que responda al deseo de Cristo, que sea discípula y misionera del Resucitado.

—Un mensaje para todos los enfermos…

—Pues yo diría una palabra de ánimo. Os habla uno, el Obispo de Palencia, una persona como vosotros que también ha pasado por esa prueba; que sintáis nuestra oración y nuestra cercanía y ánimo! No perdáis la esperanza. La esperanza y el amor es la gran fuerza que tenemos. La esperanza en Dios pero también la esperanza y la confianza en los que os atienden: los médicos, los enfermeros, el personal sanitario, todos. Que confiemos los unos en los otros y que aunque os sintáis solos, que sepáis que todos estamos con vosotros: en primer lugar Dios, pero también la Virgen María, los Santos y todos los fieles cristianos de la iglesia palentina, sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos y laicas, todos estamos con vosotros. Y la unión hace la fuerza, así que ánimo, sed valientes, esperad en el Señor, sed valientes y confiad en Él.

Fuente: Ecclesia.

«No es que tuviera miedo a encontrarme con Dios, tenía miedo al dolor»

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