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En la Solemnidad de la Santísima Trinidad. Domingo 31 de mayo.

«La vocación contemplativa es un camino que forma corazones capaces de amar como Cristo y de interceder por las alegrías, dolores y esperanzas de todas las personas, incluso desde el silencio del monasterio» (León XIV, 30 de marzo de 2026).

La Iglesia celebra el domingo 31 de mayo, solemnidad de la Santísima Trinidad, la Jornada Pro Orantibus, que este año lleva por lema:  «Vida contemplativa: ¿por quién eres?» Los materiales de esta Jornada han sido preparados por la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.

MATERIALESESTAMPASUBSIDIO CELEBRANTESUBSIDIO MONITOR

Mensaje de los obispos

Los obispos de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada indican que en España celebra cada año la Jornada Pro Orantibus como una ocasión privilegiada para hacer visible, agradecer y sostener la vida contemplativa presente en nuestras diócesis. En este 2026, el lema «Vida contemplativa, ¿por quién eres?» sitúa ante una pregunta fundamental, capaz de iluminar, a través de la vocación contemplativa, la vida cristiana en su conjunto.

En su mensaje los obispos recuerdan que en un tiempo y contexto cultural marcados por la prisa, la dispersión interior y la tentación de medir la vida desde la eficacia inmediata, junto con una sed de espiritualidad a muchos niveles, «la vida contemplativa recuerda a toda la Iglesia que la pregunta decisiva no es solo qué podemos hacer y esperar, sino también, y sobre todo, por quién somos, vivimos yactuamos, por quién alzamos la mirada».

Además, subrayan la importancia de una existencia dedicada a la contemplación, que proclama, con la entrega de la vida, que «Dios es digno de ser buscado y amado por sí mismo y que situar la vida ante él representa por sí solo un servicio profundo y silencioso, tanto a la Iglesia como al conjunto de una humanidad muchas veces perdida en trincheras de odio y destrucción. Un servicio y una misión que la Iglesia y los hombres y mujeres de todos los tiempos necesitan».

En los materiales también se incluyen testimonios de vida contemplativa, donde dan a conocer su vida dedicada a Dios y puesta al servicio del mundo.

Cartel en castellano

CASTELLANO

Fuente: Conferencia Episcopal

Testimonio Vocacional de la Madre Rosario Parra, Agustina en Fregenal de la Sierra, Badajoz. España

¿POR QUIÉN ERES?

Como monja Agustina de vida contemplativa, en Fregenal de la Sierra, valoro que nuestra cercanía con Higuera la Real ha sido siempre positiva, puesto que nuestra vocación a la “Alabanza Divina” es universal y hay que comenzar por los más cercanos.

En primer lugar, quiero agradecer al P. José Luis esa oportunidad de expresar los rasgos más importantes de mi vocación agustiniana dedicada a la alabanza divina que es universal y por eso es algo que se debe compartir para que como miembros de una única unidad que es la Iglesia caminemos en fraternidad.

La vocación es algo sencillo: mirarle y dejarse mirar; todo es obra de Dios…

Era muy joven cuando Él se fijó en mí y me llamó: “Ven y sígueme”. Y le seguí. Lo más importante, ya sea hora prima, tercia o nona, decirle con toda sencillez: “Aquí estoy”. ¡Si! Y de la mano de Nuestra Madre, María, caminar hacia Él con Humildad. De hecho, como recoge San Agustín, «si quieres ser santo, el primer peldaño es la humildad; el segundo, la humildad, y el tercero, la humildad; y tantas veces me preguntes, te daré la misma respuesta».

Parece que fue ayer cuando tenía 14 años y decidí consagrarme a Dios como Agustina, y poder así desde el convento interceder por toda la humanidad. Que no sabía lo que hacía, que era muy niña… Eran los interrogantes, pero lo que si puedo decir es que todas las llamadas que he tenido a lo largo de mi consagración al “Amor de mis Amores” las he intentado vivir en constante oración y repetir una y otra vez: ¡Jesús, te amo! Y con ello expresar la alegría que se siente de habitar unánimes y de acuerdo en la casa del Señor, en unión con las hermanas.

Cuando estoy con Jesús a solas, junto al Sagrario, a los pies de Cristo Crucificado y bajo Nuestra Señora Santa María de la Paz, y muchas veces al día haciendo los trabajos de mi comunidad, me gusta pensar, me siento feliz, sintiendo la mano de Dios que me sostiene, que soy amada por Él, desde toda la eternidad. Que en el proyecto de AMOR DE DIOS a la humanidad forma parte mi vida. Soy una pequeña parte de ese GRAN AMOR.

Según pasaban los años he ido viendo que el espíritu y enseñanzas de San Agustin de Hipona es lo que mejor iba a mi forma de ser y buscar la santidad, así es una Orden que recoge mis deseos. Quería ser todo, me gustaba enseñar, cuidar enfermos y ancianos, ir a misiones… Todo a la vez no se podía hacer, pero la vida contemplativa Agustiniana me lo ponía en bandeja: horas dedicadas al estudio, al trabajo en común, a la contemplación. Oración hecha vida por la humanidad entera a través de la comunión de los Santos, sintiéndome presente en los hermanos y hermanas que ejercen esa labor. Reforzando la primitiva comunidad de los Apóstoles con la oración, silencio, queriendo a las hermanas y dando el amor que falta en el mundo.

Silencio y alegría, cruz y esperanza, aceptar sin condiciones el “Ven y sígueme” del Evangelio que me propone Jesús cada día, con esa sencilla sonrisa abre la puerta de tantos corazones y, entre ellos, el mío.

El convento agustiniano no es un recinto que está compuesto por ángeles. Somos caminantes con un ideal hacia Dios en silencio y oración; estamos en el mundo y nos preocupa sus dolores y falta de valores. Nuestra misión es orar, orar abarcando todo con el corazón lleno de amor a la humanidad. En cada momento pienso que Dios es quien guía mi vida desde el amor, que su mano me sostiene en la perseverancia del Camino que un día comencé y estoy obligada a imitar a Jesús y seguir a Cristo como buena Agustina. Y es que, no puedo solo limitarme a admirar a Jesús, sino estoy obligada a imitarle. Como diría San Agustín: «Seguirle es caminar tras sus huellas, con la fuerza del Espíritu y el pan de la vida, memorial de su Pascua, viviendo en LIBERTAD, en gratitud de un AMOR recibido y entregado. Ha trazado un camino, no cómodo; ha abierto una puerta no ancha al alcance de todos, pequeños y grandes. Su nombre es humildad«.

Cada día, cada instante, pido a María que venga conmigo en el Camino hacia Él. Solo Ella puede arreglar lo torcido y allanar el camino; con Ella la espina se transforma en rosa. Y si alguien lo duda, venid y veréis, que las jóvenes y menos jóvenes se atrevan a ser feliz y sonreír. Preguntad por el Camino a seguir, que es Jesús en su Evangelio y junto a María hacia la VERDAD.

Sor Rosario Parra,

Agustina del Convento de Nuestra Señora de la Paz

 Fregenal de la Sierra.

En cuanto a la vida contemplativa, en España se hace especialmente presente, la Iglesia en España cuenta con 690 monasterios, a los que pertenecen un total de 7.749 monjas y monjes de clausura.

Así viven la visita del Papa las monjas de un convento de clausura: «Nuestro trabajo está aquí dentro».

Solo cuatro de las trece hermanas concepcionistas de Madrid saldrán para una audiencia, mientras el resto seguirá su vida de oración y trabajo.

En el programa ‘La Mañana de Fin de Semana‘ de la cadena CopeFernando de Haro ha visitado el monasterio de clausura de las madres concepcionistas en Madrid para conocer cómo se preparan para la inminente visita del Papa. A pesar de la cercanía del convento al lugar donde se celebrará la vigilia, la madre abadesa ha decidido que las hermanas no saldrán. «Nuestro trabajo está aquí dentro«, afirman.

Una clausura papal muy estricta

La comunidad, compuesta por 13 hermanas, vive bajo una clausura papal, lo que significa que dependen directamente del Santo Padre y sus salidas están muy restringidas. Por ello, solo cuatro hermanas han recibido permiso para asistir a una audiencia con el Papa. La decisión, según explica la madre abadesa, Sor María Gilma Salgado, se ha tomado en comunidad, facilitando la asistencia a quienes tenían la documentación en regla.

Las nueve monjas que permanecerán en el convento no muestran pena por no asistir. «¿Y por qué voy a tener pena? Aquí es donde mejor se está«, comenta una de ellas. Añade que, si es necesario, pueden seguir los actos del Papa «por imágenes«, aunque aclara que no ven la televisión a diario.

Oraciones y decenarios para el Papa

La preparación para la visita es intensa. Las monjas realizan una «oración especial todos los días» para que el evento dé «algún fruto bueno, sobre todo para los jóvenes«. Además de sus labores habituales, como lavar y planchar ropa de iglesia o hacer las hostias, están inmersas en la fabricación de decenarios para los asistentes al encuentro.

Se trata de un encargo que han recibido todos los conventos de clausura para obsequiar a los colaboradores. «Estamos haciéndolo a toda prisa«, confiesan, ya que la fecha de entrega es inminente. Esta labor se suma a su rutina diaria, que comienza a las 5:30 de la mañana con laudes, eucaristía y turnos de adoración.

Una vida entregada a la contemplación

Las hermanas aseguran no sentir la necesidad de salir al exterior. «No, a nosotros no nos hace falta, es que ni se nos pasa por la cabeza«, responde una de ellas ante la pregunta de si echan de menos el campo o la montaña. Disponen de un pequeño jardín con una gruta donde a veces rezan el rosario al aire libre.

Las salidas del convento se limitan a causas de fuerza mayor, como visitas médicas o asuntos impostergables. Incluso en caso del fallecimiento de los padres, la salida de una hermana debe ser aprobada por la comunidad y el consejo, y requiere una licencia del arzobispado.

Fuente: cope.es

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