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En la Fiesta de la Presentación del Señor. 2 de febrero de 2026.
El 2 de febrero, los católicos de todo el mundo celebran la Fiesta de la Presentación del Señor. En 1997, el papa san Juan Pablo II instituyó en esta misma fecha la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, para reconocer la gran contribución de la vida consagrada en la Iglesia.

La Jornada Mundial de la Vida Consagrada de este 2026 lleva por lema ‘¿Para quién eres?’, en sintonía con el Congreso de Vocaciones. Como cada año, esta Jornada se celebra en la fiesta de la Presentación del Señor —2 de febrero—. Además, este año vive su edición número 30.
La Comisión Episcopal para la Vida Consagrada ha preparado diversos materiales —mensaje de los obispos, testimonios, textos del papa León XIV, oraciones, los subsidios litúrgicos para celebrante y monitor— para celebrar esta Jornada que invita a centrar la mirada en las personas que, mediante la consagración, dedican su vida a Cristo.
Este año, la Jornada Mundial de la Vida Consagrada recuerda el Congreso de Vocaciones que se celebró hace casi un año, del 7 al 9 de febrero de 2025. El aniversario de este encuentro de «comunión fraterna entre todas las vocaciones» motiva a la vida consagrada para seguir «construyendo la cultura vocacional» y tomar conciencia de que cada persona es «una vocación para la misión».
De igual modo, el lema ahonda en la pregunta esencial de toda vocación. Una pregunta que tiene como respuesta el amor y servicio a los demás, como afirmó Mons. Luis Argüello en el propio Congreso de Vocaciones. En la misma línea, «¿A quién llamas?», «¿a quién buscas?» y «¿a quién sirves?» son los tres interrogantes desarrollados por los obispos de la Comisión en su mensaje, en un recorrido que concluye con el reconocimiento de que «el corazón de la persona consagrada se vuelve menesteroso y agradecido a su Señor».
Materiales de la Jornada mundial de la Vida Consagrada

ESTAMPA – MATERIALES Y MENSAJE OBISPOS – SUBSIDIO LITÚRGICO: CELEBRANTE – SUBSIDIO LITÚRGICO: MONITOR – CARTEL CASTELLANO

Fuente: conferenciaepiscopal.es
¿Para quién soy? Congreso Nacional sobre Vocaciones. 2025.

La Iglesia celebra la XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada un año después del Congreso de Vocaciones: «¿Para quién soy?»
Discernir sobre la identidad de cada uno sin caer en la «autorreferencialidad», como advertía el Papa Francisco, es el objetivo de esta Jornada que ahonda en la vocación de los consagrados.
Los obispos españoles han publicado un mensaje en el que desgranan las claves de la XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada, prevista para el lunes 2 de febrero, Fiesta de la Presentación del Señor. Supone una continuación del Congreso de Vocaciones celebrado hace un año, en el que se buscaba inculcar un discernimiento, para que cada uno descubra qué misión y qué vocación tiene ante Cristo. Con ese mismo ánimo se presenta esta jornada, para inculcar esa cultura de la vocación, por eso el lema es una pregunta muy simple, pero profunda: ¿Para quién soy?
La pregunta busca que cada uno haga una introspección sobre sí mismo, pero sin ensimismarse en su mundo individual, ni caer en una autorreferencialidad que ciegue a lo que hay en el exterior. Un peligro contra el que advirtió a los consagrados el Papa Francisco. Por eso la pregunta es «¿Para quién soy?» reflejando una reflexión personal sobre lo que podemos aportar cada uno al mundo, a nuestras comunidades y a nuestras parroquias.
En su mensaje, los obispos señalan tres preguntas con las que completar la reflexión:
Vida consagrada, ¿a quién llamas?
La vida consagrada es para aquellos a los que es capaz de convocar, a los que transmite que Dios enamora para hacer vida, en unión con él, muchas teselas del Evangelio de Jesús que hombres y mujeres inspirados por el Espíritu han iniciado antes que nosotros, con grandes dificultades, pero, sobre todo, con un amor apasionado por el Señor que llama y por la humanidad que lo necesita a él. La vida consagrada es para los que vienen a ella por su cauce, para aquellos a los que llama como eco de la voz de Dios —siempre antigua y siempre nueva— que persuade, guía al desierto, habla al corazón y abre una puerta de esperanza (cf. Os 2,16-17).
La cuestión vocacional, que tanto nos preocupa en estos tiempos y estas latitudes, no es solo una urgencia coyuntural, que también, sino sobre todo una exigencia carismática: somos para aquellos a quienes llamamos a través de nuestro amor evangélico; o mejor, para aquellos a los que el Señor llama, también a través de nosotros, a vivir a fondo la fe cristiana y la entrega de la vida. En este sentido, este primer interrogante nos conecta con el núcleo del voto de castidad, que es el del amor centrado en Dios y ofrecido a todos; particularmente, a quienes el Señor quiere llegar con una palabra veraz de claridad y calidez. Él es el camino de luz y esperanza que nos lleva al amor infinito. Un amor que contribuye a la comunión fraterna sinodal que la vida consagrada está urgida a tejer en su seno y con el resto del pueblo de Dios en camino, propiciando una conversión de las relaciones por amor.
VIDA CONSAGRADA, ¿A QUIÉN BUSCAS?
La vida consagrada es para Dios, a quien cada persona consagrada busca. Es para el único, para el absoluto, para el Padre, para el Señor. No hay nada más importante que aquello —aquel— que cada persona consagrada busca. Vivir en tensión permanente el quærere Deum es no solo la fuente de la que brota la consagración de la vida —su razón de ser, su raíz más íntima, su verdad última—, sino también la tarea fundamental de nuestro quehacer cotidiano. La vida consagrada es para Dios y escrutar su rostro cada día es parte sustancial de su misión.
En este sentido, este segundo interrogante nos da la medida del voto de obediencia, que es el del amor que desea al Señor, a Cristo Hijo de Dios vivo, a quien quiere ir y de cuya palabra de vida eterna quiere vivir, como confiesa Pedro (cf. Jn 6,68); para que todo lo que se entreteje con el pasar de la vida y de los rostros penda de la voluntad de Dios. En el Señor fijamos los ojos, pues es luz y cayado para discernir los pasos del proceso sinodal en el que la participación de las personas consagradas en la Iglesia particular y universal se hace imprescindible por su consagración bautismal y vocacional.
VIDA CONSAGRADA, ¿A QUIÉN SIRVES?
La vida consagrada es para los pobres, a quienes se entrega. Es para el que ha sido privado de la compañía y el consuelo de los hombres, pero nunca de Dios, que se abaja para servirle. Y en ese servicio a los desamparados el Señor no quiere estar solo; quiere a su lado a los hombres y mujeres que han conocido su amor y saben que se puede vivir de él y de su Palabra en toda circunstancia, también —quizá especialmente— en las más aciagas y las más adversas.
En este sentido, este tercer interrogante remite al voto de pobreza, que es el del amor que se contenta sencillamente con la presencia del amado y de los amigos del amado; y no necesita nada más que ser cercano y estar disponible para los que no tienen a nadie que sea y esté con ellos, sin asustarse de su humillación ni huir de su pobreza. Una pobreza que es puerta abierta de esperanza a la austeridad liberadora y a la generosidad que brota de la gratuidad. Una pobreza que se hace puente de esperanza desde quienes, con sus votos y su fraternidad, se saben vulnerables, necesitados de amor, sanación y liberación hacia los que sufren la fragilidad, como nos muestra Dios encarnado, pobre y humilde.
Fuente: cope.es
¿PARA QUIÉN ERES? – JORNADA DE LA VIDA CONSAGRADA. Nos acompaña el religioso agustino, P. Gabriel Bautista.
Personas consagradas, semillas de paz donde la dignidad está herida

El Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica ha enviado una carta titulada «Profecía de Presencia: La Vida Consagrada donde la Dignidad se hiere y la Fe se pone a prueba». La carta llega pocos días antes de la XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada, que se celebra el lunes 2 de febrero y culmina con la Misa presidida por León XIV en la Basílica Vaticana.
«Profecía de Presencia y Semilla de Paz» en el contexto histórico, hombres y mujeres consagrados de todo el mundo son los destinatarios de la carta firmada hoy, miércoles 28 de enero, por la Hermana Simona Brambilla, misionera de la Consolata y prefecta del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica; por el proprefecto, el cardenal Ángel Fernández Artime, salesiano; y por la secretaria, Tiziana Merletti, de las Hermanas Franciscanas de los Pobres. La carta, titulada «Profecía de Presencia: Vida Consagrada donde la Dignidad se hiere y la Fe se pone a prueba», se publica a pocos días de la XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada, que se celebrará el próximo lunes 2 de febrero, festividad de la Presentación del Señor, y culminará con la Misa presidida por León XIV en la Basílica de San Pedro a las 17:00 h.
Una presencia que permanece
Los responsables del Dicasterio escriben que, durante el último año, durante sus viajes y visitas pastorales, han tenido el don de tocar y ser tocados por la vida de muchas personas consagradas, encontrando los rostros de muchas de ellas llamadas a compartir situaciones complejas: contextos marcados por conflictos, inestabilidad social y política, pobreza, marginación, migración forzada, minorías religiosas, violencia y tensiones, elementos todos ellos que ponen a prueba la dignidad, la libertad y, a veces, la fe misma de las personas. Pero, continúan, estas son experiencias que revelan simultáneamente la dimensión fuerte y profética de la vida consagrada como presencia que perdura: junto a pueblos e individuos heridos, en lugares donde el Evangelio se vive en condiciones de fragilidad y prueba.
Señales de un Dios que no abandona
Un «permanecer» que asume diferentes rostros y desafíos, al igual que varían las complejidades de las sociedades, según si la vida cotidiana está marcada por la fragilidad e inseguridad institucional o si las minorías religiosas experimentan presiones y restricciones, pero también donde la prosperidad coexiste con la soledad, la polarización, nuevas formas de pobreza y la indiferencia. Esto incluye contextos donde la migración, la desigualdad y la violencia generalizada desafían la convivencia civil. En muchas partes del mundo, «la situación política y social pone a prueba la confianza y erosiona la esperanza», afirma la carta, por lo que la presencia «fiel, humilde, creativa y discreta» de las personas consagradas se convierte en un «signo» de que «Dios no abandona a su pueblo».
“Permanecer” según el Evangelio
Además, el documento profundiza en el concepto de «permanencia» evangélica, que nunca es «inmovilidad», ni mucho menos «resignación», sino «esperanza activa» capaz de generar «actitudes y gestos de paz» mediante «palabras que desarman» donde las heridas del conflicto parecen borrar la fraternidad, y «relaciones que dan testimonio» del deseo de diálogo entre culturas y religiones. Esto incluye «opciones que protegen» a los pequeños incluso cuando estar a su lado exige un precio; «paciencia» en los procesos, incluso dentro de la comunidad eclesial; «perseverancia» en la búsqueda de caminos de reconciliación; y «valentía» al denunciar situaciones y estructuras que niegan la dignidad humana y la justicia. A la luz de todos estos elementos, este «permanencia» no es meramente una opción personal o comunitaria, enfatizan, sino que se convierte en una «palabra profética para toda la Iglesia y el mundo».
Muchas expresiones de una sola profecía
Precisamente «como semilla que acepta la muerte para que la vida florezca», la profecía de toda vida consagrada, en sus diversas y complementarias formas, se expresa en la capacidad de permanecer: la vida apostólica, por ejemplo, hace visible una proximidad trabajadora que sostiene la dignidad herida; la vida contemplativa custodia, mediante la intercesión y la fidelidad, la esperanza cuando la fe se pone a prueba. Además, la carta continúa enumerando los estados de vida: los institutos seculares dan testimonio del Evangelio como «levadura discreta» en contextos sociales y profesionales; el Ordo virginum manifiesta el poder de la generosidad y la fidelidad que «abre al futuro»; la vida eremítica recuerda «la primacía de Dios y lo esencial que desarma el corazón». En la diversidad de todas estas formas, enfatiza la carta, «se configura una única profecía: permanecer con amor, sin abandono, sin silencio, haciendo de la propia vida la Palabra para este tiempo y para esta historia».
Floreciendo como semillas de paz
Y dentro de esta «profecía de permanencia», se desarrolla un testimonio de paz, entendido —afirma el documento— como un «camino exigente y cotidiano» de escucha, diálogo, paciencia, conversión de mente y corazón, y rechazo a la lógica de la opresión del más fuerte. Por ello, explica el documento, la vida consagrada, al permanecer cerca de las heridas de la humanidad «sin ceder a la lógica del conflicto», pero «sin renunciar a decir la verdad de Dios sobre la humanidad y la historia», se convierte en «artesana de paz». El documento concluye con un agradecimiento a los consagrados por su perseverancia, una invitación a permanecer, tras el Jubileo que se les dedicó el pasado 10 de octubre, como peregrinos de esperanza en el camino de la paz, y una encomienda al Señor para que nos permita «permanecer», «consolar» y «recomenzar», y así ser, en la Iglesia y en el mundo, «profecía de presencia y semilla de paz».
Fuente: vaticannews.va – Lorena Leonardi – Ciudad del Vaticano.
Situación y retos de la vida consagrada en España en 2026
Personas consagradas en España. 31.756 miembros de institutos religiosos de vida activa y sociedades de vida apostólica; 7.401 contemplativos; 1.670 personas vinculadas a institutos seculares y 236 vírgenes consagradas. A todos ellos habría que incorporar los miembros de nuevas realidades de vida consagrada.
Díaz Sariego: «Los consagrados y consagradas también están en el barro, acompañando la precariedad en España».


Sacerdote católico y agustino (OSA). Pedagogo, Párroco, Misionero digital. Educación: Universidad Pontificia Comillas. Aljaraque (Huelva). 



