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+400 años de vida contemplativa. Seducidas por la Belleza.
Madres Agustinas en el año 2019, desde 1.605. Testimonio vocacional de Sor Rosario Parra, minutos: 21,35 – 36,46. Crédito: Adrián López Menaya.

«¿Para quién soy yo?»
PARA QUIÉN SOY. Congreso de Vocaciones 2025. Videoclip oficial del Congreso de Vocaciones 2025, del grupo Hakuna Group Music. Más información en la web https://paraquiensoy.com/
El tema musical ha sido compuesto por el grupo “Hakuna”, y su letra expresa muy bien el contenido de estas Jornadas: ayudar a los jóvenes a preguntarse qué quiere Dios de ellos, confiando que en el seguimiento de su camino y de su querer se juega su propia felicidad y la de otros.

Testimonio Vocacional de Madre Rosario Parra, Agustina en Fregenal de la Sierra, Badajoz. España
¿PARA QUIÉN SOY?

Como monja Agustina de vida contemplativa, en Fregenal de la Sierra, valoro que nuestra cercanía con Higuera la Real ha sido siempre positiva, puesto que nuestra vocación a la “Alabanza Divina” es universal y hay que comenzar por los más cercanos.
En primer lugar, quiero agradecer al P. José Luis esa oportunidad de expresar los rasgos más importantes de mi vocación agustiniana dedicada a la alabanza divina que es universal y por eso es algo que se debe compartir para que como miembros de una única unidad que es la Iglesia caminemos en fraternidad.
La vocación es algo sencillo: mirarle y dejarse mirar; todo es obra de Dios…
Era muy joven cuando Él se fijó en mí y me llamó: “Ven y sígueme”. Y le seguí. Lo más importante, ya sea hora prima, tercia o nona, decirle con toda sencillez: “Aquí estoy”. ¡Si! Y de la mano de Nuestra Madre, María, caminar hacia Él con Humildad. De hecho, como recoge San Agustín, «si quieres ser santo, el primer peldaño es la humildad; el segundo, la humildad, y el tercero, la humildad; y tantas veces me preguntes, te daré la misma respuesta».
Parece que fue ayer cuando tenía 14 años y decidí consagrarme a Dios como Agustina, y poder así desde el convento interceder por toda la humanidad. Que no sabía lo que hacía, que era muy niña… Eran los interrogantes, pero lo que si puedo decir es que todas las llamadas que he tenido a lo largo de mi consagración al “Amor de mis Amores” las he intentado vivir en constante oración y repetir una y otra vez: ¡Jesús, te amo! Y con ello expresar la alegría que se siente de habitar unánimes y de acuerdo en la casa del Señor, en unión con las hermanas.
Cuando estoy con Jesús a solas, junto al Sagrario, a los pies de Cristo Crucificado y bajo Nuestra Señora Santa María de la Paz, y muchas veces al día haciendo los trabajos de mi comunidad, me gusta pensar, me siento feliz, sintiendo la mano de Dios que me sostiene, que soy amada por Él, desde toda la eternidad. Que en el proyecto de AMOR DE DIOS a la humanidad forma parte mi vida. Soy una pequeña parte de ese GRAN AMOR.
Según pasaban los años he ido viendo que el espíritu y enseñanzas de San Agustin de Hipona es lo que mejor iba a mi forma de ser y buscar la santidad, así es una Orden que recoge mis deseos. Quería ser todo, me gustaba enseñar, cuidar enfermos y ancianos, ir a misiones… Todo a la vez no se podía hacer, pero la vida contemplativa Agustiniana me lo ponía en bandeja: horas dedicadas al estudio, al trabajo en común, a la contemplación. Oración hecha vida por la humanidad entera a través de la comunión de los Santos, sintiéndome presente en los hermanos y hermanas que ejercen esa labor. Reforzando la primitiva comunidad de los Apóstoles con la oración, silencio, queriendo a las hermanas y dando el amor que falta en el mundo.
Silencio y alegría, cruz y esperanza, aceptar sin condiciones el “Ven y sígueme” del Evangelio que me propone Jesús cada día, con esa sencilla sonrisa abre la puerta de tantos corazones y, entre ellos, el mío.
El convento agustiniano no es un recinto que está compuesto por ángeles. Somos caminantes con un ideal hacia Dios en silencio y oración; estamos en el mundo y nos preocupa sus dolores y falta de valores. Nuestra misión es orar, orar abarcando todo con el corazón lleno de amor a la humanidad. En cada momento pienso que Dios es quien guía mi vida desde el amor, que su mano me sostiene en la perseverancia del Camino que un día comencé y estoy obligada a imitar a Jesús y seguir a Cristo como buena Agustina. Y es que, no puedo solo limitarme a admirar a Jesús, sino estoy obligada a imitarle. Como diría San Agustín: «Seguirle es caminar tras sus huellas, con la fuerza del Espíritu y el pan de la vida, memorial de su Pascua, viviendo en LIBERTAD, en gratitud de un AMOR recibido y entregado. Ha trazado un camino, no cómodo; ha abierto una puerta no ancha al alcance de todos, pequeños y grandes. Su nombre es humildad«.
Cada día, cada instante, pido a María que venga conmigo en el Camino hacia Él. Solo Ella puede arreglar lo torcido y allanar el camino; con Ella la espina se transforma en rosa. Y si alguien lo duda, venid y veréis, que las jóvenes y menos jóvenes se atrevan a ser feliz y sonreír. Preguntad por el Camino a seguir, que es Jesús en su Evangelio y junto a María hacia la VERDAD.
Sor Rosario Parra,
Agustina del Convento de Nuestra Señora de la Paz
Fregenal de la Sierra.

En cuanto a la vida contemplativa, que en España se hace especialmente presente, la Iglesia en España cuenta con 690 monasterios, a los que pertenecen un total de 7.749 monjas y monjes de clausura.
Las Agustinas, en la Escuela de verano de Le Cordon Bleu


Sor Rosario y Sor Asteria, dos religiosas agustinas contemplativas, del Monasterio de Fregenal de la Sierra, han participado en el curso de repostería, organizado por la Fundación Contemplare, en colaboración con Le Cordon Bleu y la Universidad Francisco de Vitoria.
Durante la jornada del 26 de junio el chef Francisco Loira mostró a un grupo de religiosas contemplativas de distintos monasterios de España a elaborar:
- Pastas de aceite de oliva y limón
- Biscotti
- Sablés de cacao y praliné
- Grissinis de tomate seco y aceitunas
Ésta es la cuarta edición del curso especial para Monasterios que organiza la Fundación Contemplare con la Escuela de Cocina Le Cordon Bleu de la Universidad Francisco de Vitoria.
La búsqueda de la excelencia, la innovación en las recetas y la acogida tan cercana de todo el equipo han supuesto un enorme apoyo para las 12 monjas de 6 monasterios que han participado en esta formación.
Las religiosas han disfrutado muchísimo con la experiencia y ahora llevarán a sus comunidades las nuevas técnicas e ideas para incorporarlas a la gama de productos que ya elaboran.
En los obradores de los monasterios se elaboran productos exquisitos elaborados en silencio y oración y la venta de estos permite su sostenimiento durante todo el año. La diversificación y la formación continua son fundamentales para seguir desarrollando esta labor.
Fuente: agustinos.es
Sacerdote católico y Agustino (OSA). Misionero digital, Párroco, Licenciado en Pedagogía por Comillas CIHS. Bellavista, Aljaraque (Huelva). 







