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Del 8 al 11 abril 2026.
CRÓNICA RESUMEN 53ª SEMANA CONSAGRADA
Toda la información e inscripciones: https://www.itvr.org/…/afrontar-la-reducci%C3%B3n…
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Programa de la 55ª Semana Nacional de Vida Consagrada






Los claretianos inauguran la Semana de Vida Consagrada sin paños calientes: «Nos estamos quedando en los huesos».

Esta mañana se ha inaugurado en Madrid la 55ª Semana Nacional Institutos de Vida Consagrada, con un lema que no esquiva la complejidad del momento de la vida religiosa en España y en Europa: «Afrontar la reducción. Caminando y habitando en el desierto». Pero no hay desánimo, sino llamada a «la debilidad como lugar teológico».
Sin paños calientes. Así ha comenzado esta mañana en Madrid la 55ª Semana Nacional Institutos de Vida Consagrada, con un lema que tampoco esquivaba la complejidad del momento: «Afrontar la reducción. Caminando y habitando en el desierto». Expresiones como «somos sombra de lo que éramos» o «estamos en los huesos», pronunciadas en la introducción de estas señeras jornadas por el claretiano Antonio Bellella, director del Instituto Teológico de Vida Religiosa Escuela Regina Apostolorum (ITVR ERA), enfocaban con crudeza la realidad de la vida religiosa en España y en Europa, pero, para desde ahí, y a través del discernimiento y las reflexiones que se ofrecerán hasta el próximo sábado, 11 de abril, afrontarla no como «metáfora de muerte, sino de gestación».
Comenzó Bellella contextualizando esa situación en la propia biografía de los consagrados nacidos en España entre 1940 y 1950, cuando «la religiosidad cristiana era una realidad omnipresente en la sociedad», una generación que vivió «la gran transformación eclesial del Concilio Vaticano II y el postconcilio», y cuyos sesenta últimos años han sido «un largo período de prueba y de purificación», una experiencia de “crisis cronificada” que «parece haberse convertido en el clima ordinario de la vida consagrada en Occidente
«¿Qué ha ocurrido en este largo período?», se preguntó Bellella ante los centenares de religiosos y religiosas que siguen esta Semana tanto de manrea presencial como online. Recurriendo al texto de Elías en el Horeb, identificó «primero un viento fuerte produjo desorientación, un número de abandonos desalentador y una pérdida progresiva de relevancia social», al que siguió «el fuego fue consumiendo las fuerzas (y quemando a muchos) durante años de polémicas espirituales e intelectuales, desafecciones, disgustos, vacilaciones y posturas enfrentadas» para certificar que «el terremoto llegó cuando los noviciados se vaciaron, el proceso de envejecimiento obligó a cerrar casas, muchas ilusiones se derrumbaron al tiempo que los proyectos nuevos no terminaban de cuajar».
«Poco a poco –añadió–, se impuso una triple constatación: la de ser menos, ser más ancianos y estar bastante desorientados. Visto con frialdad y hablando con cierta crudeza, somos sombra de lo que éramos», remarcando también lo que quedaba «del supuesto idilio preconciliar, tardó poco en desvanecerse», abogando unos «por un movimiento restauracionista», mientras otros «dejaron de lado las lamentaciones para buscar caminos y entretejer itinerarios de esperanza», lo que dio lugar a «nuevas palabras como refundación, nuevas formas de vida consagrada, nueva evangelización, re-estructuración, misión compartida, liderazgo, nuevo paradigma y familias carismáticas».
Así la cosas, el director del ITVR aseguró que «la vida consagrada en Europa y España ha experimentado y está inmersa en un doble y complejo proceso: el de reducción y el de metamorfosis radical», pero, para dejar planteados los verdaderos objetivos de esta Semana, señaló que «la categoría teológica más fecunda no es la de eclipse, sino la de Kairós: un tiempo oportuno para discernir los signos del Espíritu».
En este punto, añadió, «en ese vaciamiento, la vida consagrada está llamada a reencontrar su forma más evangélica: la debilidad como lugar teológico, la pobreza como signo, la comunión como profecía» y, para ayudar a ello, esta Semana —como las cincuenta y cuatro anteriores— quiere ser un ejercicio de discernimiento eclesial» para que «frente al desánimo o el activismo, la vida consagrada está llamada a reaprender la activa pasividad del Espíritu, a confiar más en la fecundidad de Dios que en la eficacia de sus programas, en los tiempos de Dios que en los plazos de ejecución».
«Habitar el desierto de la reducción no es instalarse en la resignación, sino descubrir su potencial teológico. El desierto ha sido siempre lugar de paso y de revelación: allí arde la zarza, se escucha la voz, se aprende la obediencia, se camina como pueblo. En un contexto cultural de aceleración, el desierto se convierte en espacio de serenidad y fuerza escondida. No es metáfora de muerte, sino de gestación», subrayó el religioso claretiano, concluyendo su introducción invitand a fijarse en la imagen de esta 55ª Semana: «No se trata de un desierto condenado a la esterilidad, sino de un lugar de nacimiento nuevo: el árbol y la hierba crecen hacia abajo. El desafío consiste en discernir qué semillas de Reino están germinando bajo la arena«.

Luis Ángel de las Heras, obispo de Léon y presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, en su turno de palabra, mostró su Gratitud al ITVR por la organizacion de estas Semanas, que nos ofrecen «un juicio sereno para discernir juntos lo que vivimos y encontrar, ojalá, nuevas perspectivas«.
«A lo que nos gusta el otoño y el invierno, nos parece que esta situación está llena de vida en potencia. En tiempos de reducción y de desierto que nos hace ver la aridez pero también la vida que puede portar, es especialmente valioso contar con espacios donde pensar la realidad a la luz de la fe y donde poner nombres sin miedo a las preguntas y dejarnos iluminar juntos por la Palabra, por la sabiduría, la reflexión profunda y la experiencia creyente de tantas personas consagradas».
«Con bastón también se puede seguir al Señor»
«En nombre de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada –añadió el también religioso claretiano–, quería deciros que la Iglesia necesita una Vida Consagrada menos preocupada por contar números y fuerzas y más decidida a aprender la totalidad del seguimiento de Cristo con paso lento y con bastón, porque con bastón también se puede seguir al Señor con vitalidad».

Jesús Díaz Sariego, como presidente de la CONFER, agradeció también la aportación de estas Semanas e inicidió en algo que se había dicho también ya por otros intervenientes –como María José Tuñón, directora de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada–: «La vida consagrada esta viviendo su propio kairós, no todo es voluntad humana, pero hay una voluntad de Dios que está por detrás y que es la que tenemos que descubrir», y reconoció que le preocupaba «cómo transmitir a las nuevas generaciones de religiosos y religosas este kairós, este cambio», pero remarcando que «la reducción tiene valores evangélicos».
«Estamos percibiendo un cambio en la propia Iglesia –apuntó en su saludo el religioso dominico–, están sugiendo demandas sociales que encuentran en la sabiuduría eclesial respuestas. Hay un nuevo movimiento, muy tímido, pero que ya estamos percibiendo en nuestros propios colegios e instituciones, cuando la sociedad secular toca fondo, vienen las preguntas, las búsquedas y hay una demanda espiritual que viene con nueva fuerza, y tenemos que escucharla, acompañarla y sobre todo que formarla».
Por su parte, Adolfo Lamata, provincial de los claretianos de Santiago, reconoció que «el tema que nos convoca, ‘afrontar la reducción’, no es neutro. Nos toca por dentro. Es un aldabonazo que nos revuelve e inquieta», porque «habla de números que bajan, de obras que se cierran, de comunidades que envejecen, de decisiones que duelen. Pero también habla de algo más profundo: de cómo nos situamos ante un cambio de época que no hemos elegido, pero que sí estamos llamados a abordar y a discernir para mejor actuar».

En este sentido, el provincial claretiano invitó a los religiosos y religiosas «a mirar la reducción no como una derrota, sino como un kairós, un tiempo oportuno. A preguntarnos no “cómo recuperar lo que fuimos”, sino qué forma de vida religiosa necesita hoy el Evangelio en Europa», a «discernir qué debemos dejar ir, qué debemos transformar y qué debemos custodiar con más fuerza que nunca».
«La transformación no empieza mañana: empieza hoy, aquí, con nuestra disposición a caminar juntos, a soltar lo que pesa y a abrir espacio para lo que nace», concluyó su saludo Lamata.
Fuente: religiondigital.com – José Lorenzo – 08 abr 2026.
Cardenal Bocos: «Esperamos que esta Semana de Vida Consagrada sea una sacudida para quienes se hallan adormecidos y con pesimismo o desaliento»
«Necesitamos afianzar y contagiar el radicalismo evangélico y la misión profética de nuestra vida», señala a RD el cardenal claretiano en vísperas de la inauguración de estas Jornadas, de las que ha sido gran impulsor.

Fuente: religiondigital.org
Antonio Bellella: “Bajo la ‘crisis crónica’ de la vida consagrada no hay pasividad e inercia, sino creatividad, discernimiento y valentía”
El director del Instituto Teológico de Vida Religiosa, entrevistado en Revista Vida Nueva por José Beltrán.

“La Iglesia necesita una vida consagrada menos preocupada por los números”
El Instituto Teológico de Vida Religiosa abre la 55ª Semana Nacional de Vida Consagrada que abordará hasta el sábado el desplome de vocaciones.
Fuente: vidanuevadigital.com
El desafío de la vida religiosa en tiempos de crisis vocacional: «La reducción no es un desastre. Todas las congregaciones empezaron siendo pocos y con muchas incertidumbres».
El director del Instituto Teológico de Vida Religiosa, Antonio Belella, analiza la caída que experimentan las vocaciones a la vida consagrada como una oportunidad de renovación y de retorno a lo esencial.
La VIDA CONSAGRADA, una forma de VIVIR la FE que tiene MUCHO QUE DECIR en la IGLESIA. 9 abr 2026. La vida consagrada atraviesa actualmente un periodo de reducción en el número de miembros y actividades, una situación que se ha ido acentuando en las últimas décadas debido a la complejidad de la vida moderna y al relegamiento de la fe al ámbito privado. Ante este escenario, el desafío no es solo la cantidad, sino la calidad de unas vocaciones que hoy nacen de una respuesta genuina y, a menudo, contracultural en contextos que pueden resultar hostiles. En el programa ‘Ecclesia Al Día’ de TRECE, presentado por Raquel Caldas, el director del Instituto Teológico de Vida Religiosa, Antonio Belella, ha reflexionado sobre el lema de las actuales jornadas: «Afrontar la reducción caminando y habitando en el desierto». Belella explica que el desierto no debe verse como un lugar inhóspito, sino como un espacio de gestación y madurez donde se aprende la sobriedad, la escucha y la fraternidad.
En un momento en que la vida consagrada afronta una crisis, con un descenso continuado en el número de sus miembros, la mirada de la Iglesia se vuelve hacia dentro para analizar el presente y proyectar el futuro. En el marco de las jornadas de vida consagrada, el director del Instituto Teológico de Vida Religiosa, Antonio Belella, ofrece una esperanza: la actual reducción numérica no debe interpretarse como un final, sino como una oportunidad de transformación.
Ni bueno, ni malo: el tiempo de Dios
Frente a la tentación del pesimismo, Belella rechaza la idea de que existan épocas mejores o peores para la fe. «No hay ningún buen ni mal momento para la vida consagrada», afirma. Según él, «en el tiempo que vivimos es el tiempo donde Dios nos encuentra». Para ilustrarlo, recurre a la historia, recordando momentos de extrema dificultad que se convirtieron en preludio de una restauración, como la supresión de los jesuitas en 1773 o la expulsión de las órdenes religiosas en España en 1835.
Lejos de ser un fracaso, la situación actual es una llamada a la remodelación. «La reducción no es un desastre. La remodelación y reacomodación de estructuras no es un final», insiste Belella, enmarcando estos desafíos en el simbolismo de la Pascua. Los problemas que se sufren «no son de muerte», sino parte de un proceso de renovación que impregna todo el ser de la vida consagrada.
El desierto como lugar de gestación
El lema de las jornadas, «Afrontar la reducción caminando y habitando en el desierto», es para Belella una metáfora clave. Sostiene que el desierto no debe ser visto como un «lugar inhóspito», sino como un «lugar de gestación». En este espacio es donde «se camina juntos», se cultiva una «soledad buena» que permite la introspección, se aprende a escuchar, a obedecer y a vivir la sobriedad. Es el lugar donde se forja la identidad de un «pueblo de Dios que camina hacia una tierra prometida».
Belella también matiza el manido debate entre cantidad y calidad, que califica de «frase hecha». Defiende que, si bien ahora el foco debe estar en la calidad al ser menos, no hay que olvidar que «cuanta más cantidad hay, más posibilidad hay de que haya calidad». El cuidado de la vocación, asegura, siempre ha sido una prioridad, tanto en los momentos de euforia como en la actualidad
La belleza de una vida auténtica
Ante la dificultad de conectar con las nuevas generaciones, Belella propone volver a la autenticidad. La mejor manera de mostrar la belleza de la vida consagrada a los jóvenes es «ser lo que somos y serlo de verdad». Describe este proyecto de vida como «muy hermoso», basado en la «sobriedad», la «humildad», la «atención a los pobres», la formación continua, la oración y la vida comunitaria. Una belleza que no reside en el «arte excelso», sino en una «vida sencilla» que «tiene mucho que decir» y que es capaz de «aguantar lo que haga falta con tal de ser samaritana».
Para afrontar los desafíos actuales, el teólogo subraya la necesidad de una vida religiosa con una fuerte «dimensión teologal», donde nada opaque la centralidad de Dios. Es fundamental, añade, «aprender a hacer silencio», a «reflexionar» y a transmitir una «profundidad de vida». Asimismo, destaca el valor de la «fraternidad» y aunque admite que «no vamos a atraer a multitudes», recuerda que «todas las congregaciones empezaron siendo pocos, pobres y con muchas incertidumbres», pero con una gran voluntad de servir en nombre de Jesucristo.
Belella concluye asegurando que esta forma de vida sigue siendo vital para la Iglesia. «No se olviden de que la vida consagrada en la Iglesia todavía tiene mucho que decir, porque la ama con todas sus fuerzas, a la Iglesia y a quienes formamos parte de ella», finaliza.
Fuente: cope.es
Ante la vejez de religiosos «podemos instalarnos en la queja o disfrutar del agua que tenemos».
La tercera jornada de la Semana Nacional de Vida Consagrada reivindica que «cuando sopla el viento, unos construyen muros y otros molinos».
La tercera jornada de la Semana Nacional de Vida Consagrada, celebrada este viernes en Madrid, ha puesto el foco en la vida diaria como espacio clave para interpretar el envejecimiento de las comunidades. Tras una eucaristía presidida por Luis Ángel de las Heras, obispo de Mondoñedo-Ferrol, se ha impartido la conferencia De la cotidianidad herida a la cotidianidad sanada, coordinada por María del Carmen Gómez —hija de la caridad y conseja provincial— y Gonzalo Fernández —claretiano, ex miembro del Gobierno General de su congregación y actual director de la revista Vida Religiosa y de Publicaciones Claretianas—. En ella han reivindicado que «lo cotidiano es la maqueta de la existencia entera» y que «cada día contiene su propio amanecer y su propio ocaso, su trabajo y su descanso, su combate y su bendición».
No negar la herida sino dejar «que Cristo la transfome»
Ambos han planteado la rutina como un espacio de transformación en el que «cada herida puede ser también una epifanía de la gracia», pues «donde están nuestras heridas, allí está también nuestra salvación». A partir de ahí han propuesto pasar del individualismo al cuidado comunitario.
Siguiendo con esa línea, han insistido en que «las heridas pueden abrir grietas por donde entra la luz» y que «el Espíritu no está ausente» sino que exige «dejar de mirar hacia dentro con miedo y dirigir la mirada hacia fuera, con compasión». En conclusión, «no se trata de negar la herida, sino de dejar que sea Cristo quien la toque y la transforme».
«Estamos en duelo», pero ahí no acaba todo
Después se ha impartido una segunda ponencia titulada Espacios de prueba, lugares de vida. Duelo, resiliencia y esperanza. La han pronunciado el religioso camilo José Carlos Bermejo y Cristina Muñoz, enfermera, laica y responsable de programas y de calidad del Centro de Humanización de la Salud de los Religiosos Camilos. En ella han abordado el envejecimiento de las comunidades como «espacios de prueba» en los que «podemos instalarnos en la queja o aprender a disfrutar del agua que todavía tenemos entre nosotros».
En su análisis han reconocido que «estamos en duelo», pero han pedido no rechazarlo sino, de forma consciente, «vivir el morir personal o institucional consiste en hacer de la experiencia de pérdidas una oportunidad para buscar sentido».
También han llamado a los asistentes a ser «resilientes», que han definido no como «negar la crisis ni hacerse el fuerte, sino asumirla con esperanza». Y han insistido que «en el declive, hay vida que cuidar y sentido que construir». Por último, han sentenciado que «cuando sopla el viento del cambio, unos construyen muros para defenderse, otros construyen molinos».
Fuente: alfayomega.es
Sacerdote católico y Agustino (OSA). Misionero digital, Párroco, Licenciado en Pedagogía por Comillas CIHS. Bellavista, Aljaraque (Huelva). 







