Jóvenes Sacramentos

La Iglesia se hace más joven en la Ribera de Aranda de Duero, Burgos.

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Portada: Foto de familia de los jóvenes confirmados con Mons. Mario Iceta, arzobispo de Burgos.

Testimonio de seis jóvenes de entre 16 y 24 años que recibieron los sacramentos de iniciación cristiana.

Lucas Criado, Víctor Hernández, Miguel Ángel, Álvaro Zamora, Silvia Carrascal, Patricia y Natalia García.

«Hay muchas razones para encontrar a Dios y ser agradecidos»

Tienen entre 16 y 24 años y viven en Aranda. Se llaman SilviaLucasVíctorPatriciaNatalia y Miguel Ángel y con estos nombres fueron recibidos el sábado 15 de junio de 2024 como nuevos miembros de la Iglesia. Fueron bautizados en la iglesia de San Juan de la Vera Cruz de Aranda de Duero (Burgos). Ese mismo día comulgaron por primera vez y recibieron la confirmación de manos del arzobispo de Burgos, Mons. Mario Iceta, en este caso junto a otros ocho jóvenes del arciprestazgo de Santo Domingo de Guzmán.

Lo hicieron con plena consciencia y determinación, y con una alegría que se les escapa en cada una de las respuestas que dan en una larga conversación en la que han accedido a contarnos sus motivaciones, sus búsquedas, también sus dudas y la ilusión con la que han preparado durante dos años el momento en el que recibieron los tres sacramentos de la iniciación cristiana.

Seis historias que confluyen

Forman parte de la generación en la que ya no es tan raro no ser bautizado en los primeros meses de vida. Varios de ellos explican que sus padres, aún viniendo de una familia religiosa, optaron por dejarles crecer y poner la decisión en sus manos. «Mis padres, cuando criaron a mi hermana, vieron que se bautizaba a muchos chavales y luego se dejaba todo de lado», explica Lucas Criado. «Conmigo decidieron dejarme elegir y que fuera yo, si lo quería algún día, quien lo pidiera por voluntad propia».

Pero tampoco falta quien ha nacido en una familia que, más que indiferencia, le ha transmitido hostilidad a la Iglesia. Un rechazo que también reconocen sentir en parte de los ambientes en los que se mueve, de amistad o compañeros. El más contundente en afirmarlo es Víctor Hernández, quien describe su anterior relación con la Iglesia y con la fe como «totalmente negativa. Me daba asco la Iglesia. Las religiones en general me daban mucho rechazo. Es lo que promueve el ambiente, y te va calando lo que escuchas, como los casos de violaciones o que todo es una mentira». Lucas, que también reconoce haber estado influido «por todo lo que se dice de la Iglesia» matiza, sin embargo, que siempre ha mantenido el respeto a las que han sido las creencias y la religión de su familia. Y por la misma razón Silvia Carrascal, que bebe los vientos por sus abuelos, afirma que acompañarles a misa desde pequeña y tenerlos como referencia de vida ha sido determinante para pedir el bautismo.

«Yo siempre he creído en Dios», explica Natalia García, «pero de la Iglesia siempre había estado lejos porque nadie me había hablado de ella. Y yo pasaba». Y su hermana Patricia la apoya «aunque te viene a la cabeza que algo tiene que haber, no nos habíamos puesto a pensar en ello».

Excepto estas dos mellizas, ninguno de los demás se puso de acuerdo para solicitar el bautismo. Cada uno encontró la llamada en un recodo de su propia historia. «Ha sido providencial, un regalo de Dios. Fueron apareciendo uno a uno», indica Álvaro Zamora, el también joven sacerdote que ha acompañado a estos chicos y chicas durante casi dos años de preparación. «No les ha obligado nadie, cada uno ha llegado con su historia, con diferentes edades y hemos podido hacer este grupo tan majo. Dios los ha traído».

Cuando la duda es la clave

Un Dios al que cada uno de ellos y ellas han encontrado de una forma personal y diferente. Pero de una manera o de otra, todos expresan que el camino empieza dando cabida a la duda, no desoyendo la inquietud y atreviéndose a la búsqueda. «Yo siempre había tenido intriga por Dios» dice Natalia. Y Lucas se explaya: «Lo que te hace recapacitar es preguntarte mucho, dudar mucho, cuando te ves tanto en las buenas situaciones como en las malas. Es un camino por el que te va llevando el deseo de encontrar la tranquilidad, de no preguntarte más. Pero al fin y al cabo cada día te sigues preguntando, aunque cada duda viene a su tiempo, sin amontonarse».

El paralelismo de las historias de Víctor y Patricia con las que encontramos en la Escritura dan que pensar. Víctor relata como «un día, porque así lo quiso Dios, cuando tenía 15 o 16 años, tuve un sueño y esto puede creerlo el que quiera. En ese sueño yo estaba con Jesucristo, y eso fue un punto de inflexión muy importante en mi vida, porque pensé ‘a lo mejor, tengo que dudar más, no tengo que estar tan seguro de que no existe Dios, me lo tengo que plantear, investigar un poco más…’ En el sueño me acuerdo de estar en una paz que no había sentido nunca. Y pensé que esto me iba a hacer más bien que otras cosas en mi vida. Ahora cuando estoy en la iglesia me siento en paz. Me siento en casa».

Patricia se cayó de un caballo. Literalmente. Tenía once años y los médicos apenas le dieron esperanza de vida. Incluso en el caso de que sobreviviera, decían, las secuelas le iban a impedir llevar una vida normal. «Pero yo, de un día para otro, me desperté del coma sin ninguna secuela, caminando. Y al pasar los días empecé a reflexionar. El ser humano, por si mismo, no puede curarse de esta manera. Algo tiene que haber». Un pensamiento que le acompaña desde entonces afirmando su convicción en un Dios bondadoso y cuidador. «El mundo para mí es casi perfecto», indica maravillada. «Solo con el hecho de cómo se forma un niño de unas pocas células piensas ¿quién es capaz de hacer algo así? Si la gente se para a mirar a su alrededor, hay muchas razones para encontrar a Dios y ser agradecidos».

​La misión ha comenzado

Álvaro Zamora destaca de este grupo de jóvenes esa capacidad para maravillarse y disfrutar la novedad de lo que están descubriendo. «Me emociona escucharles, porque me doy cuenta de que me dan un buen repaso en muchas cosas».

Y es que, sin estar aún bautizados, sin haber sido confirmados y enviados, estos adolescentes ya se han convertido en testigos del Evangelio en su alrededor. «Despiertas dudas, no solo por el hecho de bautizarte, sino porque crees», explica Lucas. «Cuando se enteran, se atreven a preguntarte más. ¿Qué dice la Biblia? ¿Qué hace Dios en esta u otra situación? Sobre todo ponen interés en temas que son más íntimos y del día a día». La hermana de Silvia también se está planteando seguir sus pasos. «Me pregunta mucho por todo lo que hacemos. Ella sabe que lo va a hacer (pedir el bautismo) aunque aún no ha encontrado el momento».

También hay quienes se ríen o «nos sueltan burradas». Víctor lo tiene claro: «Yo rezo por ellos, porque también hay alguno que luego te pregunta con interés. Tengo esperanza en que alguno se lo plantee». En la misma línea Natalia se dirige directamente a otros jóvenes en su misma situación: «Si hay gente que está pensando en bautizarse con nuestra edad, que no tenga miedo. Que lo haga. Y que siga acercándose más a Dios, que es amor incondicional y da la paz».

Lucas recomienda «acercarse a Dios de la forma que sea. Preguntando, leyendo, hablando con quien sea. Que no se dejen llevar de un miedo propio o de su familia, o por la costumbre que siga su entorno o sus amigos. Haz lo que creas que te beneficia a ti, porque seguro que acabas acertando». Con pocas palabras, Silvia ofrece una clave que ha sido importante para todos ellos: «Si te lo llevas planteando un tiempo, por algo será. Nunca es tarde».

Semillas que dan su fruto sin que el sembrador sepa cómo

Desde luego, no lo es para este grupo, al que acompañarán este sábado otros ocho jóvenes del arciprestazgo de Santo Domingo de Guzmán que recibirán la confirmación, también algo más tarde de lo que es habitual en la diócesis. En este caso la decisión de confirmarse ha venido precedida de su pertenencia y participación en el recientísimo grupo de pastoral juvenil (GPJ) creado en Aranda el pasado curso. Una iniciativa que aglutinó a un nutrido grupo de adolescentes entorno al tiempo libre y que poco a poco ha hecho surgir en varios de ellos el deseo de confirmar su fe a través del sacramento, posibilitándoles madurar y formarse para recibirlo. Más aún: el GPJ de Aranda también va a ser el cauce que facilite a estos jóvenes que su vínculo eclesial permanezca y se afiance: varios de ellos colaborarán este verano con el segundo campamento arciprestal para niños y adolescentes, que marcará un hito con 200 participantes. Y ya se están dando los primeros pasos para crear el curso próximo un grupo de jóvenes de postconfirmación.

«Proponemos a todos entrar por la puerta y ellos entran por la ventana». Lo ha dicho el obispo de Limoges, Pierre-Antoine Bozo, a la vista de los miles de adultos, muchos de ellos jóvenes, que recibieron el bautismo en Francia el domingo de Pascua. Afortunadamente nuestra Iglesia tiene muchas ventanas y cada una de estas almas ha encontrado la suya por la que entrar. Y se han convertido así en un regalo para la Iglesia, en particular para la que peregrina en la Ribera.

Fuente: archiburgos.es

Confirmaciones con Mons. Mario Iceta, Arzobispo de Burgos

Este grupo de seis jóvenes ha recibido en la Parroquia de San Juan de la Vera Cruz, de Aranda de Duero, los sacramentos de iniciación cristiana. Con ellos, han recibido la confirmación otros nueve jóvenes.

Damos gracias a Dios, que sigue llamando a discípulos a su Iglesia. Y agradecemos también a quienes les han preparado y acompañado en este camino de fe.

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Una iniciativa para jóvenes está causando éxito en Aranda de Duero (Burgos). 2023.

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Sacerdote católico y agustino (OSA). Pedagogo, educador, evangelizador digital. Aljaraque (Huelva) España. Educación: Universidad Pontificia Comillas.
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