San Agustín

Eliseo Bardón Bardón, agustino, educador en el Colegio Buen Consejo (CBC) Madrid.

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Celebró los cien años en enero de 2021 y partió a la Casa del Padre el 22 de octubre de 2021.

Ver y escuchar a los testigos – Memoria de los testigos

El P. Eliseo Bardón religioso agustino, grabó en 2007 los recuerdos de una vida marcada por la tragedia. Y es que el padre Bardón vivió en primera línea el martirio de varios de sus compañeros, «los mártires de Uclés», asesinados la noche del 27 de julio en Belinchón y que fueron beatificados en Roma, en 2007. «Yo me salvé por los pelos», sonríe al recordar cómo muchos de los aspirantes a agustinos salvaron la vida al no tener la marca de la tonsura en su coronilla… Sobrevivió al martirio.

Fuente: ReligionenLibertad. – ABC.

Necrológica (pdf)

El P. Eliseo Bardón, agustino, la bendición de cien años de vida

El pasado 23 de enero de 2021 el P. Eliseo Bardón, OSA, cumplió cien años. Un siglo de vida entregada y de servicio por la que han querido dar gracias, tanto su comunidad como el Colegio Nuestra Señora del Buen Consejo.

Entre emociones -y precauciones anti Covid19- amaneció el día 23 de enero con un brillo especial. Un miembro de la Comunidad del Colegio Ntra. Sra. del Buen Consejo celebraba su 100 cumpleaños: el P. Eliseo Bardón.

Imitando su sencillez de vida y su gusto por lo comunitario, el programa del día giró en torno a la mesa: la Mesa del Altar, compartiendo el Pan de la Eucaristía y la mesa de la Comunidad, compartiendo la alegría y la fraternidad.

La celebración de la Eucaristía, animada por la Comunidad y presidida por el P. Eliseo, fue una verdadera Acción de Gracias dirigida al Señor, invocando siempre la protección e intercesión de la Madre del Buen Consejo.

Comenzó con las palabras del P. Fernando Rojo, OSA, un hermano de comunidad, haciendo un breve repaso de la vida del P. Eliseo.

Los que conocen al P. Eliseo, OSA, destacan de él su sencillez y su facilidad para disfrutar de las pequeñas cosas, si es en compañía de su comunidad mucho mejor. Por eso, terminada la Eucaristía, compartió con familiares y compañeros uno de los placeres que cada día se permite: el aperitivo.

Fue un momento cordial, alegre y distendido, donde el P. Domingo Amigo, OSA, Provincial de la Provincia de San Juan de Sahagún de España, le dedicó unas palabras afectuosas en nombre de cada uno de los agustinos, presentes y ausentes, y le dio las gracias por toda una vida al servicio a la Orden de San Agustín en España. Después del aperitivo y la comida hubo un momento de sobremesa en la sala de comunidad.

Y entre brindis y felicitaciones, llegó el momento de soplar las velas y entregar el regalo (un móvil y una maquina de afeitar). El P. Eliseo, con sus 100 años de experiencia, siempre ha mantenido un espíritu joven y activo, que le hace aprovechar las cosas buenas que tienen los avances de la información y las nuevas tecnologías.

Seguro que va a disfrutar de su nuevo móvil, con el que podrá contar los pasos que camina cada día y preguntarle a “OK Google” los resultados de los partidos de la liga de fútbol.

Homenaje en el Colegio

Terminada ya la celebración de ese día, el Colegio, donde el P. Eliseo ha pasado gran parte de su vida, también quiso organizar una pequeña celebración el viernes 5 de febrero, en la que se reunieron en el salón de actos del colegio representantes de alumnos, antiguos alumnos, profesores, profesores jubilados y la comunidad de religiosos agustinos. Y un grupo de ellos, en representación de todos, dirigieron unas palabras al P. Eliseo.

Finalmente, el P. Eliseo agradeció a todos los presentes las muestras de cariño y las felicitaciones recibidas. “No merezco ni la mitad de lo que habéis dicho -dijo-. Qué os voy a decir yo a vosotros… muchas gracias. Pero más gracias a Dios, que guía nuestra vida y guía nuestros pasos. Que yo haya llegado a los 100 años, no es porque lo haya merecido, sino porque Él lo ha querido así. Los hombres son como los árboles frutales. Cuando la fruta está madura, ya se puede recoger. De momento, tras 100 años de vida, la fruta todavía no está madura para que pueda ser recogida. Muchas gracias por vuestros elogios, un poco exagerados, y que no merezco”.

“Sé que mi vida ha estado siempre guiada por la Divina Providencia y por la Virgen María – añadió-, a la que, desde joven, rezo cada día tres Ave Marías. Gracias a mi comunidad y a los profesores, alumnos y familias que he conocido (entre vosotros hay muchos a los que no conozco). Por vosotros alzo todos los días mi plegaria a Dios para que os guíe y os conduzca por esta senda de la educación llena de dificultades. Hoy en día es un reto la enseñanza. Que Dios os bendiga, que Dios os ampare, y que conduzca vuestro trabajo para preparar a las generaciones futuras, que en estos momentos estáis formando. Que la Virgen santísima del Buen Consejo os siga ayudando y nos siga ayudando a todos.”

Y como manda la tradición de la casa, la celebración terminó después de rezar la Oración a la Madre del Buen Consejo. Desde la comunidad destacan el ejemplo de fe, constancia, inquietud, vida de comunidad y alegría que cada día les regala el P. Eliseo Bardón, OSA.

Fuente: Agustinos.es

Día de Cantamisa del Padre Eliseo Bardón

En Santibáñez de Arienza (León). 6 abril 1947.

Testimonio de antigua alumna del CBC, resume su personalidad

D.E.P. Nos deja un buen maestro, cercano, positivo, con buen humor, carismático, apasionado de la docencia,… todo un ejemplo. Le vamos a echar de menos.

Macarena Garcia Ramos

¡Padre Eliseo Bardón, agustino, hasta el Cielo!

Escribía Jesús Bastante, en ABC, el 28 de octubre de 2007:

“A sus 85 años, el religioso agustino conserva intacto el buen humor, pero también los recuerdos de una vida marcada por la tragedia. Y es que el padre Bardón vivió en primera línea el martirio de varios de sus compañeros, «los mártires de Uclés», asesinados la noche del 27 de julio en Belinchón y que hoy serán beatificados en Roma. «Yo me salvé por los pelos», sonríe al recordar cómo muchos de los aspirantes a agustinos salvaron la vida al no tener la marca de la tonsura en su coronilla.

Nacido en León en 1922, llegó con 12 años al monasterio de Uclés. «Cuando vino la sublevación, no nos enteramos de nada», recuerda. Todo cambió el 24 de julio por la noche, cuando el alcalde, don Pío, entró en el monasterio y se reunió con el superior, José Gutiérrez Arranz. «Le dijo que teníamos que salir de allí porque en unos días iba a pasar una columna de anarquistas y nuestras vidas corrían peligro. Así que nos vestimos de civiles y fuimos repartidos en casas de los vecinos».

El 27 de julio «se presentaron en Uclés cinco coches con personas armadas. Al frente iba una mujer con acento francés. Al anochecer, empezaron a llamar por las casas y a llevarse a gente», recuerda. «A la explanada subieron unos 20. Entonces, el padre Gutiérrez Arranz les pidió que no se llevaran a los estudiantes. La miliciana miró la coronilla de todos, y dejó libres a los que no tenían la tonsura».

Muchos escaparon de la muerte aquella noche. Entre ellos el propio Bardón, quien debe su suerte «al dueño de la casa, que nos escondió en un caserón cercano». Desde allí, el religioso contempló cómo «se llevaron de Uclés a cuatro frailes: José Gutiérrez Arranz, José Aurelio Calleja, Enrique Bernardino Serra y el padre Antolín Astorga, que estaba de visita; al cura del pueblo, don Vicente Toledano; y a cuatro seglares: Pablo Cobo, Luis Morales, Santiago García Librero y Máximo Priego».

«Los sacaron en un coche, atados de dos en dos. Llegados a las curvas de Belinchón, bajaron a los hombres y les fusilaron». Antes de que dispararan a los del otro vehículo, el padre Sierra, «que estaba atado con Máximo Priego», consiguió soltarse. En ese momento «Priego se echó al barranco y, entre los sembrados, logró llegar a Uclés. Así, al día siguiente supimos el destino de nuestros hermanos».

En cuanto al joven postulante, permaneció en Uclés, «escondido», hasta que viajó a casa de un tío en Madrid. En el tren hacia la capital, el religioso conoció a «mi ángel de la guarda», un miliciano que, por segunda vez, le salvó de morir. «Me pidió los papeles. «¿De Uclés?», preguntó. Y yo: «Sí». «¿De los frailes?», insistió, y yo: «Sí». No sabía mentir, me habían enseñado que era pecado. Y me llevó consigo, a primera, tratándome fenomenalmente».

En Atocha, «cuatro milicianos se metieron conmigo, y llegaron a exigirme que blasfemara. Yo, muerto de miedo, me negué». Cuando las cosas empezaban a ponerse negras, «llegó el miliciano y les obligó a que me dejaran en paz». En Madrid, permaneció unas semanas, hasta que fue enviado a Sallent de Llobregat, «con una familia de anarquistas que me hicieron un carné de la CNT».

En este punto, su historia se vuelve casi irreal: acabó trabajando en la imprenta de un diario anarquista de Aragón, hasta que en marzo de 1938 fue detenido, y casi condenado, por los nacionales. «Les dije que era agustino de Uclés y me dejaron marchar con mi familia», que vivía en Santibáñez de Arienza (León). Allí permaneció hasta el final de la guerra.

Fuente: religiondigital.com

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