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Santiago Gómez Sierra, asume como nuevo Obispo de Huelva. 25 julio 2020.

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«Mi programa es Cristo» y el método «la sinodalidad».

Santiago Gómez Sierra (Madridejos, Toledo, 1957) ha desarrollado su vida pastoral a orillas del Guadalquivir. En Córdoba, donde recibió la ordenación sacerdotal, ocupó todo tipo de cargos: párroco, capellán, confesor de comunidades religiosas, vicerrector y formador del seminario o vicario general, entre otros. Siguiendo el cauce del río llegó a Sevilla en 2011 para ser obispo auxiliar por encargo de Benedicto XVI. Casi una década después, con 63 años, accede a la primera diócesis como obispo titular, Huelva, la desembocadura. «Llego con alegría e ilusión», confiesa a Alfa y Omega

Tomará posesión el día de Santiago, patrón de España y su onomástica.

Es un día importante, pues nuestra fe se asienta sobre el testimonio de los apóstoles. Lo viviré como el inicio de una vinculación especial. La Iglesia emplea el lenguaje de la alianza nupcial y algo así pienso yo para ese día. Será como mi boda con la Iglesia particular de Huelva.

¿Cómo recibió el nombramiento?

Lo he recibido con fe y obediencia. Reconozco la invitación del Señor que me dice, de nuevo, «sígueme».

Han sido nueve años en Sevilla, ¿qué balance hace?

No ha sido un episodio pasajero, sino una etapa en mi vida. Lo vivo con gratitud al Señor y al arzobispo Asenjo, que me ha llamado a colaborar con él. En todo este tiempo me he encontrado con niños, jóvenes, adultos, matrimonios, ancianos… con testimonios de una vivencia gozosa de la pertenencia a la Iglesia, y con una acogida marcada por el respeto y la cercanía. Ha sido una experiencia muy rica.

¿Se queda con alguna imagen?

Los enfermos y ancianos, muchas veces con años en la cama, que mostraban paz y alegría, y que incluso daban gracias a Dios por la enfermedad. O los familiares, que expresaban su agradecimiento por esa persona. Es un testimonio muy hermoso.

¿Llega a Huelva con algún plan?

En mi primer saludo a la diócesis de Huelva ya dije que no llevo ningún programa personal y recordé aquellas palabras de san Juan Pablo II en la Novo millennio ineunte, cuando dice que el programa de la Iglesia para el tercer milenio ya existe y que es Cristo, a quien hay que conocer, amar e imitar. Ese es el programa. Cómo haya que hacerlo en Huelva, lo descubriremos juntos. El Papa Francisco nos ha ofrecido el método: la sinodalidad.

¿Qué conoce de su nuevo destino?

Todos me hablan de una Iglesia sencilla y acogedora. Y en la poca relación que he tenido estos días, puedo dar testimonio de ello.

Es usted uno de los primeros obispos nombrados tras el confinamiento, ¿Cómo ha vivido este tiempo?

Con sorpresa, porque se nos presentó una situación inimaginable. También con dolor y sufrimiento, a medida que íbamos conociendo el golpe en tantas familias que han perdido a sus seres queridos. Hemos visto cómo se acrecentó la oración y el sentido de la intercesión, cómo surgió la creatividad de tantos sacerdotes para hacerse cercanos, y la rápida respuesta a tantas familias al borde de la exclusión. En todas esas realidades estuvo la Iglesia presente.

¿Cómo valora esta labor?

La Iglesia ha rezado por todos y ha estado al lado de los que sufrían. En este sentido, ha reaccionado celebrando la Eucaristía, porque aunque lo hiciera solo el sacerdote en su casa o en el templo, allí estaba la Iglesia entera. Lo ha hecho viviendo la comunión, fortaleciendo los vínculos con la comunidad cristiana, y con ese sentido de familia a través del teléfono, internet o las redes. Y también compartiendo con los más pobres, pues rápidamente se movilizó a través de numerosas campañas de solidaridad. La Iglesia ha reaccionado como ella es: rezando, siendo familia y acompañando a los pobres.

Su lema episcopal –Haciendo la paz por la sangre de su cruz– habla de pacificar. ¿Es esta una tarea de la Iglesia en un ambiente político y social en ocasiones excesivamente crispado?

Cristo nos ha reconciliado con Dios y con los hermanos superando las mayores divisiones. Nos ha reconciliado, pero no sin sacrificio. Sin sacrificio no puede haber paz ni perdón en ningún ámbito. La Iglesia debe buscar el entendimiento y el encuentro, como nos invita el Papa. Todo esto sin olvidar que la fidelidad al Señor y al camino de Jesús van a exigir sacrificios.

Usted se encarga de los temas educativos en el órgano que aglutina a los obispos del sur. ¿Qué le parece la exclusión de la concertada de los fondos de reconstrucción y la tramitación de la ley Celaá?

Son dos malas noticias. La primera, porque excluir a la enseñanza concertada es una discriminación injusta. Los alumnos y los padres que llevan a los niños a un colegio sostenido con fondos públicos tienen los mismos derechos y obligaciones que el resto de los ciudadanos. En cuanto a la ley, se ha tramitado sin un diálogo amplio y sincero. Es una lástima, porque es un tema que interesa a toda la sociedad y nos jugamos el futuro. Que un proyecto así esté sometido a los vaivenes ideológicos de los partidos que gobiernan y no se busque un pacto es una mala noticia. Pido que se reconsidere este camino y busquemos el acuerdo.

Fuente: Alfa y Omega. Fran Otero.

Más info:

Entrevista en la COPE (27-7-2020)

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