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Pascua Dominical. Eucaristía en Casa y la Parroquia.

Lo que importa es ir

Mt 21, 28-32. Somos duros de cerviz y por más indicaciones que recibimos no acabamos de enterarnos de que estamos invitados a trabajar en la viña del Reino. Aunque llama la atención -o quizá hoy no tanto- la desfachatez y el comportamiento inadecuado del primer hijo con su padre, lo que interesa en la perspectiva de esta parábola es que fue a la viña y trabajó, es decir, que cumplió con su voluntad. Esto indica que exteriormente puede parecer que estemos unidos al Evangelio y en verdad esta no sea una opción radical en nuestra vida. Recordemos las críticas de Jesús a los fariseos que eran especialistas en dar el “sí” a Dios y luego vivían enmascarados en su hipocresía. Revisemos nuestra vida y corrijamos tantos condicionantes que nos impiden con valentía asumir el trabajo del Reino. Lo que importa es ir a la viña. Si encima lo hacemos sin protestar, mucho mejor.

Amemos, con valentía y con entrega, en silencio y continuamente. Que estemos tan volcados en amar, Señor, que no nos demos cuenta de que el amor es una tarea.

Dibujo: Patxi Velasco FANO – Texto: Fernando Cordero, ss.cc

 
Cuando nuestro «sí» dice otra cosa – 25º Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A

Mt 21, 28-32. Hay evangelios que consuelan. Y hay otros que nos incomodan. El de hoy quizá sea de esos. Jesús cuenta la historia de un padre que pide a sus dos hijos que vayan a trabajar a la viña.
Uno responde: «No quiero». Pero después se lo piensa mejor y va. El otro dice: «Sí, padre». Pero no va. Y Jesús hace una pregunta muy sencilla:
¿Cuál de los dos hizo realmente la voluntad de su padre? La respuesta parece evidente. Pero quizá la pregunta empieza a incomodarnos cuando dejamos de mirar a los dos hijos… y empezamos a mirarnos a nosotros mismos.

Hoy, 27 de septiembre, Jornada Mundial del Migrante, este Evangelio nos lleva también a mirar una realidad que tenemos muy cerca.
Personas que llegan a nuestro país buscando una vida digna.
Huyendo de la pobreza, de la violencia o, simplemente, buscando una oportunidad.
Y también comunidades que reciben llegadas inesperadas, que sienten miedo, preocupación o incertidumbre.
Una realidad compleja.
Una realidad que fácilmente nos lleva a tomar partido, a juzgar, a levantar fronteras… también dentro de nosotros.

Jesús, sin embargo, hace algo sorprendente.
Pone como ejemplo a quienes eran despreciados en su tiempo: publicanos y prostitutas.
No porque sus vidas fueran perfectas.
Sino porque fueron capaces de cambiar el rumbo.

Quizá ahí esté la pregunta que este Evangelio nos deja hoy.
No tanto si hemos dicho «sí» sino a qué hemos dicho que sí, ¿a qué voluntad responden nuestros comportamientos: a la nuestra o a la de nuestro padre, que es Padre de todos?

Porque podemos decir muchas veces que creemos, que acogemos, que defendemos la dignidad de todos… como Dios quiere,
y, sin embargo, nuestras posiciones y acciones dicen otra cosa.

Tal vez el Evangelio no nos pida hoy respuestas fáciles. Discernir la voluntad de Dios Padre no es fácil.
Tal vez solo nos invite a mirar un poco más allá de nuestros miedos, de nuestros prejuicios y de nuestras primeras reacciones.
Y preguntarnos, en silencio:
¿Se parece mi «sí» a lo que Dios querría que mi sí fuese?

Fuente: Editorial Verbo Divino (EVD).

EL ¡NO! que abre el cielo y el ¡SÍ! que lo cierra! – Domingo 26 del tiempo ordinario, ciclo A

Fuente: José Cristo Rey García Paredes.

En este domingo se celebra la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2026. «Incluso uno solo de estos pequeños».