Cuatro mujeres dieron a luz a los futuros pastores de la Iglesia, pero nunca los vieron convertirse en Papas.

Su maternidad formó a gigantes del espíritu.
Sus nombres tal vez no se mencionan en las grandes homilías, pero su fe, su amor y su entrega silenciosa marcaron para siempre la historia de la Iglesia. Fueron madres creyentes, que formaron en casa a quienes más tarde serían faros del Evangelio para el mundo.
Emilia Kaczorowska fue la madre de Karol Wojtyła, el futuro Juan Pablo II. Falleció en 1929, cuando él tenía apenas 9 años. Su ternura y amor dejaron una huella imborrable en el pequeño Karol, que años después conmovería al mundo con su humanidad y firmeza.
María Peintner, madre de Joseph Ratzinger, el futuro Benedicto XVI, era una mujer sencilla y trabajadora. Fue cocinera en hoteles y dedicó su vida a su familia. Murió en 1963, cuando su hijo tenía 36 años. Ya era sacerdote y teólogo, pero aún no cardenal.
Regina Sívori, madre de Jorge Mario Bergoglio, el futuro Papa Francisco, fue ama de casa y guía espiritual en lo cotidiano. Falleció en 1981, cuando su hijo tenía 44 años. No llegó a verlo ni como obispo, pero sembró en él una fe fuerte y sencilla.
Mildred Martínez, madre de Robert Francis Prevost, actual Papa León XIV, trabajó como bibliotecaria escolar. Murió en 1990, cuando él tenía 34 años. Ella lo vio como joven sacerdote agustino, pero no imaginó que un día sería Obispo de Roma.
Ellas no vistieron de blanco, ni hablaron desde el balcón de San Pedro, pero su maternidad formó a gigantes del espíritu.
Hoy recordamos a Emilia, María, Regina y Mildred.
¡Gracias por dar tanto, incluso en el silencio!