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Pascua Dominical. Eucaristía en Casa y la Parroquia.
Conectados y descentrados por el amor
Mt 22,34-40. Este texto se entiende estupendamente. El paso de los siglos no le ha hecho perder un ápice de actualidad y frescura. Cualquiera lo puede asimilar; otra cosa es ponerlo en práctica. Jesús, el mejor maestro del mundo, sintetiza su mensaje en dos mandamientos que en realidad son uno solo, y el dibujo los muestra formando una cruz: el trazo vertical es la paternidad de Dios; el horizontal, la fraternidad entre nosotros.
Todo comienza en la nube. Es la revelación: el amor de Dios se descarga en mí, gratuitamente, sin que yo tenga que merecerlo. Después sube la oración, mi súplica al cielo, porque amar a Dios es dejar que él ocupe el centro. Pero no podemos quedarnos arriba: tras subir a la nube, hay que bajar de ella para compartir el amor con mis hermanos. El amor recibido que no se comparte se queda guardado sin abrir; cuando se comparte, se multiplica.
La conexión entre cielo y tierra no la fabricamos nosotros. Es el Espíritu, la paloma que lo enlaza todo, quien nos mantiene conectados con Dios y con los hermanos. Así podemos “des-centrarnos”: tener a Dios en el centro para salir hacia el prójimo. Cuando el prójimo nos duela, estaremos amando como Dios quiere. Y cuando Dios impregne totalmente nuestra existencia, su Palabra guíe nuestros pasos y nos convirtamos en portavoces de su Buena Noticia, las palabras sencillas del Evangelio se habrán hecho carne en nosotros.
“En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor; de este modo lo seré todo, y mi deseo se verá colmado” (Sta. Teresa de Lisieux).
Dibujo: Patxi Velasco FANO – Texto: Fernando Cordero, ss.cc.

Unificados – 30º Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A
Mt 22,34-40. Todos tenemos algo valioso que ofrecer a los demás. Cuando nuestra mente y nuestro corazón caminan juntos, nuestros talentos y pequeños gestos cotidianos pueden convertirse en una expresión auténtica de amor. Quizá lo más importante no sea solo lo que hacemos, sino descubrir el amor que nos mueve a hacerlo. ¿Y si fuéramos más conscientes del amor que ya nos habita?
Fuente: Editorial Verbo Divino (EVD).
PARA AMAR NO BASTAN DOS, Domingo 30, tiempo ordinario, ciclo A

Fuente: José Cristo Rey García Paredes.









