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Bicentenario del Museo del Prado 1819-2019. Súmate al Prado.

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Un lugar de memoria.

Museo del Prado. El Real Museo de Pintura y Escultura, que en 1868 pasó a denominarse Museo Nacional de Pintura y Escultura y posteriormente Museo Nacional del Prado, abrió al público el 19 de noviembre de 1819 con 311 pinturas de la Colección Real, todas de autores españoles, colgadas en sus muros. En 2019 celebraremos por tanto su Bicentenario, y lo haremos reflexionando sobre su historia pero con la vista puesta en el futuro.

La idea motriz del Bicentenario es celebrar el Museo Nacional del Prado como el gran regalo que se ha dado la nación española y explicar cómo, a consecuencia de acontecimientos sociales y políticos, una colección privada concebida para deleite de unos pocos acabó convirtiéndose en la principal institución cultural de todos los españoles. En torno a esta idea gravita la ambiciosa programación del Bicentenario.

La Última Cena, Juan de Juanes, 1555-1562.

«Museo del Prado 1819-2019. Un lugar de memoria»

Desde que el Museo Real se abrió el 19 de noviembre de 1819 con fondos procedentes de las colecciones reales, esta institución se ha convertido en uno de los principales depositarios de la memoria pictórica occidental, en punto de referencia fundamental de la cultura española y en un objeto de orgullo colectivo. Doscientos años después de su fundación, el Museo del Prado reflexiona sobre todo ello y lo comparte con sus visitantes en un formato expositivo que durante casi cuatro meses convertirá sus salas A y B en un rico centro de interpretación de su desarrollo y significancia histórica. Impartida por Javier Portús, Jefe de Conservación de Pintura Española (hasta 1700) del Prado el miércoles 21 de noviembre de 2018.

Foto de Portada

La Natividad

El Evangelio de San Lucas cuenta que San José y la Virgen María se trasladaron a Belén para empadronarse a raíz de un censo ordenado por Roma y añade:

«Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento.

Algunos evangelios apócrifos, como el Protoevangelio de Santiago o el Pseudo-Mateo, se refieren al lugar del nacimiento como una gruta o cueva, sumida en oscuridad, motivo que aparecerá frecuentemente en el arte bizantino y que se mantiene también en los tradicionales belenes.

En el arte occidental, en cambio, el motivo de la gruta es poco habitual. Basándose en relatos como el de La leyenda dorada de Jacobo de Vorágine, del siglo XIII, la escena suele localizarse en un establo o cobertizo, generalmente en ruinas y semi-abandonado, que era utilizado como refugio o lugar de descanso tanto por personas como por animales.

FEDERICO BAROCCI

El pintor de Urbino Federico Barrocci, en esta obra pintada en 1597, sigue fielmente el relato del evangelista San Lucas, que dice: Y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre.

María está arrodillada ante su hijo, al que ha colocado sobre un pesebre con heno. Junto a él, dándole calor con su aliento, se encuentran el buey y la mula, que, a pesar de las objeciones o críticas planteadas en el Concilio de Trento nunca desaparecerán de este tipo de escenas, ya que son una clara referencia al establo donde nació el Hijo de Dios.

Pero lo más interesante y destacado de esta escena es la actitud de San José, que abre la puerta del establo para que unos pastores puedan entrar en el edificio, al tiempo que les señala dónde se encuentra el Niño, creando de esa manera una diagonal que recorre toda la composición.

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