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Pascua Dominical. Eucaristía en Casa y la Parroquia.

“Alzar la mirada: el Señor nos llama por nuestro nombre»

Mt 9,36–10,8. Hay un detalle que solemos pasar por alto, y es precisamente el primero. Antes de llamar a nadie, antes de enviar a nadie, Jesús mira. «Al ver a la multitud, sintió compasión de ella.» Todo comienza con una mirada.

No es una mirada de gestión, ni de evaluación. Es una mirada que ve lo que nosotros ya hemos dejado de ver: que la gente está «abatida y abandonada, como ovejas sin pastor.» Jesús no se acostumbra al sufrimiento humano. Eso es lo primero que nos enseña este texto: que Dios no se resigna.

Y entonces viene algo desconcertante. La mies es mucha, los obreros pocos… ¿y qué hace? ¿Ponerse a trabajar él solo? No. Pide. «Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.» Dios, que podría hacer todo solo, elige necesitar. Elige llamar. Elige que su obra pase a través de nombres concretos, de personas concretas, de vidas concretas.

Aquí está el corazón del texto. Jesús llama a los Doce por su nombre. Simón, Andrés, Santiago, Juan… No llama a un tipo ideal, no recluta perfiles. Llama personas. Y eso cambia todo, porque significa que la vocación no es un encargo anónimo. Es un encuentro.

Muchas veces vivimos con la cabeza gacha. El cansancio, el sentido de insuficiencia, la sensación de que hay demasiado que hacer y demasiado poco que somos. La multitud que Jesús ve también camina así: abatida. Y la tentación es mirar el problema —la mies inmensa, los obreros escasos— y dejarse aplastarse.

Pero Jesús no dice: «Mira cuánto hay que hacer». Jesús dice: “te llamo a ti”. Y ese llamado, que viene con un nombre propio, es ya en sí mismo una invitación a alzar la mirada. No a ver menos dificultades, sino a verse visto. A descubrir que antes de que yo mirara a Jesús, él ya me miraba a mí.

La misión que reciben —curar enfermos, limpiar leprosos, resucitar muertos, expulsar demonios— no es fruto de su capacidad. Es participación en la de él. «Gratis lo recibisteis, dadlo gratis». La lógica del Reino no es la lógica del mérito ni del mercado. Es la lógica del don. Y los que son enviados solo pueden dar lo que ya han recibido.

Quizás el examen que nos propone este Evangelio es simple y exigente al mismo tiempo: ¿Sigo sintiendo que el Señor me llama “a mí”, por mi nombre? ¿O me he perdido entre la multitud, entre las tareas, entre la sensación de que soy un número más en una mies interminable?

Él te está mirando. Y esa mirada —antes que cualquier mandato— es ya compasión, ya amor, ya vocación.

Alzar la mirada es, en el fondo, dejar que la suya te encuentre.

Dibujo: Patxi Velasco FANO – Texto: Fernando Cordero, ss.cc.

Sanar miradas – 11º Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A

Mt 9,36-10,8. Jesús le daba una importancia grande a la manera de mirar a las personas. De ello depende, en buena parte nuestra manera de actuar. «La lámpara de tu cuerpo son tus ojos. Si tus ojos están sanos, todo tu cuerpo estará iluminado. Pero si tus ojos están enfermos, tu cuerpo entero estará a oscuras». Una mirada clara permite que la luz entre dentro de nosotros y podamos actuar con lucidez.
El Equipo Eucaristía y la Editorial Verbo Divino promueven «Quiero ver»: una presentación diferente para cada domingo y festividades del año.

Fuente: Editorial Verbo Divino (EVD).

«Se le conmueven las entrañas» – Domingo XI

Fuente: José Cristo Rey García Paredes.