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Muere Isao Takahata, creador de ‘Heidi’ y ‘La tumba de las luciérnagas’

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Genio de la animación japonesa y maestro de niños

(El País). El aclamado realizador nipón de animación Isao Takahata, cofundador de Studio Ghibli junto a Hayao Miyazaki, y conocido por filmes como La tumba de las luciérnagas, ha muerto a los 82 años, según confirmó a Efe la productora nipona. Takahata, nominado al Óscar por la última película que dirigió, Kaguya-hime no Monogatari (El cuento de la princesa Kaguya, 2014). Antes de dar el salto a la gran pantalla, dirigió diversos trabajos para televisión entre los que destaca la popular serie Heidi y Marco, en la que también trabajó junto a Miyazaki.

Takahata logró el reconocimiento internacional al dirigir Hotaru no Haka (La tumba de las luciérnagas en 1988), basada en una novela homónima de Akiyuki Nosaka sobre dos pequeños hermanos que tratan de salir adelante en Kobe, una ciudad al oeste de Japón que quedó completamente devastada durante los últimos meses de la II Guerra Mundial.

Heidi

Heidi acaba de cumplir cinco años. Tenía apenas uno cuando sus padres murieron y desde entonces vive con su tía Dete, hermana de su madre, aunque la mayor parte de su vida ha estado al cuidado de personas extrañas, como la vieja Úrsula. Dete ha encontrado un trabajo en Fráncfort y no puede seguir ocupándose de Heidi, por lo que decide llevarla a casa de su abuelo en los Alpes. Camino de la casa del abuelo en los Alpes, Heidi conoce a Copo de Nieve y a Pedro.

La tumba de las luciérnagas

‘La tumba de las luciérnagas’ habla de la niñez rota, de la violación de la inocencia, de la crueldad humana, del desinterés y el egoísmo en tiempos de guerra. Se supone que en los momentos más difíciles de una persona, sobre todo si el contexto es una guerra, lo mejor del ser humano tendría que salir a flote. En la película los únicos que parecen seres humanos son los dos hermanos protagonistas, y sólo porque hasta cierto punto no se dan cuenta de la desgracia que les ha tocado vivir. Pero todos aquellos que les rodean parecen pertenecer a otra especie de vida, a una en la que la indiferencia y la insensibilidad son las propiedades reinantes. Y si a ratos, la extrema dureza del film parece ser un ensañamiento sin compasión con el espectador, por el hecho de que los dos personajes centrales sean dos indefensos niños, ésta tiene su lógica por el hecho de que en toda guerra, las peores víctimas en todos los aspectos son precisamente los niños.

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