Testimonios

Año nuevo 2019. Reflexiones cristianas sobre el tiempo… con música.

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Foto de Portada: Río Duero a su paso por Aranda de Duero (Burgos) España. Diciembre 2018.

P.Mamerto Menapace, OSB. Monasterio Benedictino de Sta. Mª de los Toldos. Buenos Aires. Argentina.

1. Reflexión de Mamerto Menapace 

No hay años malos.
Mi percepción a medida que envejezco es que no hay años malos.
Hay años de fuertes aprendizajes y otros que son como un recreo, pero malos no son.
Creo firmemente que la forma en que se debería evaluar un año tendría más que ver con cuánto fuimos capaces de amar, de perdonar, de reír, de aprender cosas nuevas, de haber desafiado nuestros egos y nuestros apegos.
Por eso, no debiéramos tenerle miedo al sufrimiento ni al tan temido fracaso, porque ambos son sólo instancias de aprendizaje.
Nos cuesta mucho entender que la vida y el cómo vivirla depende de nosotros, el cómo enganchamos con las cosas que no queremos, depende sólo del cultivo de la voluntad.
Si no me gusta la vida que tengo, deberé desarrollar las estrategias para cambiarla, pero está en mi voluntad el poder hacerlo.
“Ser feliz es una decisión”, no nos olvidemos de eso. Entonces, con estos criterios me preguntaba qué tenía que hacer yo para poder construir un buen año porque todos estamos en el camino de aprender todos los días a ser mejores y de entender que a esta vida vinimos a tres cosas: -a aprender a amar -a dejar huella -a ser felices
En esas tres cosas debiéramos trabajar todos los días, el tema es cómo y creo que hay tres factores que ayudan en estos puntos:
-Aprender a amar la responsabilidad como una instancia de crecimiento.
El trabajo sea remunerado o no, dignifica el alma y el espíritu y nos hace bien en nuestra salud mental.
Ahora el significado del cansancio es visto como algo negativo de lo cual debemos deshacernos y no cómo el privilegio de estar cansados porque eso significa que estamos entregando lo mejor de nosotros.
A esta tierra vinimos a cansarnos,……. para dormir tenemos siglos después.
Valorar la libertad como una forma de vencerme a mí mismo y entender que ser libre no es hacer lo que yo quiero.
Quizás deberíamos ejercer nuestra libertad haciendo lo que debemos con placer y decir que estamos felizmente agotados y así poder amar más y mejor.
-El tercer y último punto a cultivar es el desarrollo de la fuerza de voluntad, ese maravilloso talento de poder esperar, de postergar gratificaciones inmediatas en pos de cosas mejores.
Hacernos cariño y tratarnos bien como país y como familia, saludarnos en los ascensores, saludar a los guardias, a los choferes de los micros, sonreír por lo menos una o varias veces al día.
Querernos.
Crear calidez dentro de nuestras casas, hogares, y para eso tiene que haber olor a comida, almohadones aplastados y hasta manchados, cierto desorden que acuse que ahí hay vida.
Nuestras casas independientes de los recursos se están volviendo demasiado perfectas que parece que nadie puede vivir adentro.
Tratemos de crecer en lo espiritual, cualquiera sea la visión de ello.
La trascendencia y el darle sentido a lo que hacemos tiene que ver con la inteligencia espiritual.
Tratemos de dosificar la tecnología y demos paso a la conversación, a los juegos “antiguos”, a los encuentros familiares, a los encuentros con amigos, dentro de casa.
Valoremos la intimidad, el calor y el amor dentro de nuestras familias.
Si logramos trabajar en estos puntos y yo me comprometo a intentarlo, habremos decretado ser felices, lo cual no nos exime de los problemas, pero nos hace entender que la única diferencia entre alguien feliz o no, no tiene que ver con los problemas que tengamos sino que con la actitud con la cual enfrentemos lo que nos toca.
Dicen que las alegrías, cuando se comparten, se agrandan. Y que en cambio, con las penas pasa al revés. Se achican.
Tal vez lo que sucede, es que al compartir, lo que se dilata es el corazón.
Y un corazón dilatado esta mejor capacitado para gozar de las alegrías y mejor defendido para que las penas no nos lastimen por dentro».

2. Reflexión de Nico Montero

Cuando Charles Dickens escribió su conocido Cuento de Navidad nos brindó una magnífica reflexión sobre el tiempo, un relato para reflexionar sobre la calidad de nuestro pasado, para tomar el pulso al presente que se nos escapa con la cadencia del minutero, y una advertencia sobre lo que nos depara el futuro por la repercusión de nuestras acciones en el desenlace de nuestra vida. En definitiva, una lección sobre el uso y desuso que hacemos del tiempo y una alerta sobre con qué llenamos o vaciamos nuestras vidas.

Nos creemos dueños del tiempo… el tiempo es de Dios.

Nos creemos señores del tiempo, organizamos nuestra vida con agendas repletas de proyectos a corto y a larguísimo plazo, como si el tiempo nos perteneciera, como si todo lo tuviéramos bajo nuestro control y nada pudiera alterar nuestros planes. Y resulta que, como dicen la escrituras, no sabemos ni el día ni la hora, vivimos a la intemperie y nuestra fragilidad es la única certeza. Cuando nos creemos dueños del tiempo, perdemos la perspectiva y olvidamos lo importante, y cambiamos el orden de prioridades y vivimos con la brújula equivocada.

Hace unos días me encontré con un amigo que acaba de superar un tumor. Me dijo: “Ya no soy el mismo, ahora se lo que importa y lo que no. No quiero perder el tiempo en cosas que no merecen al pena”… Cuando dejamos a un lado la soberbia o ignorancia de creernos por encima del bien y del mal, cambia la perspectiva, como decía Ortega, nuestro punto de vista del universo se transforma a raíz de la experiencias vitales que dibujan nuestra circunstancia. El tiempo no nos pertenece, el tiempo es de Dios, de quien lo recibimos como regalo, como oportunidad,… un tiempo de salvación que podemos vivir con sentido o dejarnos arrastrar por la inercia que van marcando quienes se creen dueños del mismo. Lo escribí en esta canción hace unos años (Ver el video arriba de la nota).

Del “retorno de lo mismo” al tiempo como oportunidad.

Decía Nietzsche que la historia era circular, es decir un eterno retorno de lo mismo. Esta concepción nietzscheana refleja el deseo y el anhelo que surgen como resultado de amar tanto la vida, que uno confía y espera que se repita constantemente. Es cierto que en nuestra vida son muchas las rutinas que se repiten, y que está tejida con muchos hilos de cotidianidad, que en muchas ocasiones nos pesan y desgastan.

Pero ahí se cuece la vida, en la rutina nos topamos con las innumerables oportunidades de plantarnos en la realidad con otros ojos, de ser un regalo para quienes nos rodean, de empeñarnos en ser felices, en repartir alegría, en ser uno mismo, fiel y apasionado, viviendo con intensidad y buscando la plenitud en lo ordinario… de amar la vida, tanto como si deseáramos que se repitiera eternamente, pero con la certeza de que no es circular ni una historia cerrada en si misma, como decía el viejo Nietzsche, sino una historia de salvación que se proyecta hacia la eternidad del amor, trascendiendo la propia realidad.

Leer e interpretar la vida con ojos de Fe, permite comprender el relato de nuestra vida como una historia con sentido, en la que lo bueno y lo indeseable se dan cita como dos caras de la misma moneda, en la que las alegrías y los sufrimientos son rutas del mismo camino, en el que nos sentimos amados y llevados en la palma de la mano del Dios de la Vida. Si a veces te sientes solo, angustiado, te faltan las razones y te sobra el hastío… si necesitas un abrazo, no dejes de escuchar la canción «Sólo sé que estás aquí» (Ver arriba de la nota).

Año nuevo, vida nueva…. Es tu hora.

Y nos comemos las uvas, ataviados con las mejores galas, con el propósito de que el año próximo sea mejor, aunque en ocasiones esperando pasivamente que las circunstancias cambien sin poner mucho de nuestra parte en ello. Y en cada noche vieja, por encima del bullicio que nos envuelve y ensordece, el cronómetro marca una nueva oportunidad de vivir de otra manera, de mirar de otra manera, de pensar y sentir de otra manera. Cada noche vieja es más vieja y nosotros más viejos aún, y va tocando dejar de vivir al ritmo que marcan las campanadas de unos y otros…. y vivir con la plenitud que marca el proyecto de vida rezado y asumido.

Ser fiel a uno mismo, no está de moda. Tantas veces postergando planes, proyectos, intuiciones, viviendo a medio gas… Es tu hora. No mires atrás… Es la hora de vivir con intensidad, de ser sal, fuego y luz, de vivir como sueñas y mereces.. Para este 2019 le pido a Dios que mi corazón se parezca más al corazón de Jesús. Y que en todo, aprenda a pensar, sentir y actuar como lo haría Jesús en cada circunstancia que el tiempo y la vida pongan en mi ruta… Nos vemos en los caminos, salimos al encuentro. ¡¡Es tu hora!! Te lo canto para que te quede claro:

Fuente: COPE.

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