Familia y vida

Itinerarios catecumenales para la vida matrimonial. Santa Sede. 2022.

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Portada: Papa Francisco con familias en el Encuentro con Militares Granaderos de Cerdeña. 11 junio 2022.

Para mejorar la preparación antes del matrimonio y el acompañamiento a los ya casados.

Encuentro Mundial de las Familias, II Parte 24 de junio de 2022. Minutos: 7:20 – 41:22: Itinerarios catecumenales para la vida matrimonial. Orientaciones pastorales para las Iglesias particulares.

El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida ha hecho público del documento «Itinerario catecumenal para la vida matrimonial», por el cual se pretende mejorar la preparación de los novios antes del matrimonio así como dar apoyo y hacer un seguimiento a los cónyuges durante los primeros años tras su boda. Igualmente se exhorta a ayudar a aquellos matrimonios que están pasando por una crisis.

El documento cuenta con un prefacio del papa Francisco en el que explica que el texto es fruto del Año dedicado a Amoris Laetitia:

Uno de los frutos de este Año especial son los «Itinerarios catecumenales para la vida matrimonial», que ahora tengo el placer de entregar a los pastores, a los cónyuges y a todos los que trabajan en la pastoral familiar. Se trata de una herramienta pastoral preparada por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida a raíz de una indicación que he expresado en repetidas ocasiones, o sea, «la necesidad de un «nuevo catecumenado» en preparación al matrimonio»; de hecho, «es urgente aplicar concretamente todo lo ya propuesto en la Familiaris consortio (n. 66), es decir, que así como para el bautismo de los adultos el catecumenado es parte del proceso sacramental, también la preparación para el matrimonio debe convertirse en una parte integral de todo el procedimiento del matrimonio sacramental, como un antídoto para evitar la proliferación de celebraciones matrimoniales nulas o inconsistentes» (Discurso a la Rota Romana, 21 de enero de 2017).

Indica además tanto lo que es el documento como lo que no es:

«Este primer Documento que se presenta ahora es a la vez un don y una tarea. Un don, porque pone a disposición de todos un material abundante y estimulante, fruto de la reflexión y de experiencias pastorales ya puestas en práctica en diversas diócesis/eparquías del mundo. Y también es una tarea, porque no se trata de «fórmulas mágicas» que funcionan automáticamente. Es un vestido que debe estar «hecho a medida» de las personas que lo van a llevar. Se trata, en efecto, de orientaciones que piden ser recibidas, adaptadas y puestas en práctica en las situaciones sociales, culturales y eclesiales concretas en las que cada Iglesia particular se encuentra. Apelo, por tanto, a la docilidad, al celo y a la creatividad de los pastores de la Iglesia y de sus colaboradores, para hacer más eficaz esta vital e indispensable labor de formación, de anuncio y de acompañamiento de las familias, que el Espíritu Santo nos pide en este momento».

Tras una explicación de las razones de la publicación del texto, el documento aborda los requisitos para los proyectos de catecumenado de cara al matrimonio:

En la elaboración de este proyecto hay que tener en cuenta ciertos requisitos:

– que dure el tiempo suficiente para que las parejas puedan reflexionar y madurar;

– que, partiendo de la experiencia concreta del amor humano, la fe y el encuentro con Cristo se sitúen en el centro de la preparación al matrimonio;

– que se organice por etapas, marcadas – cuando sea posible y apropiado – por ritos de pasos que se celebren dentro de la comunidad;

– que englobe todos estos elementos (sin excluir ninguno): formación, reflexión, diálogo, confrontación, liturgia, comunidad, oración, fiesta.

Se propone que cada diócesis dé comienzo a un periodo de pruebas y se enumeran las fases que debe tener la preparación para el sacramento matrimonial:

A. Fase pre-catecumenal: preparación remota

– Pastoral de la infancia

– Pastoral juvenil

B. Fase intermedia (algunas semanas): tiempo de acogida de los candidatos

Rito de entrada al catecumenado (al final de la fase de acogida)

C. Fase catecumenal

– Primera etapa: preparación próxima (aproximadamente un año)

Rito del compromiso (al final de la preparación próxima)

Breve retiro de entrada a la preparación inmediata

– Segunda etapa: preparación inmediata (varios meses)

Breve retiro de preparación para la boda (unos días antes de la celebración)

– Tercera etapa: primeros años de vida matrimonial (2-3 años)

Tras desarrollar ampliamente cómo han de ser esas fases, el documento aborda la cuestión del acompañamiento de los matrimonios en crisis, algo para lo que las diócesis deben establecer los mecanismos necesarios para que sea efectivo. Se anima precisamente a los matrimonios que han superado una grave crisis a que sean  instrumentos para ayudar a otros matrimonios.

La tarea, dice el texto del Dicasterio para los Laicos la Familia y la Vida, es de todos:

Toda la comunidad eclesial ha de implicarse en la tarea de acompañar a las parejas, en un camino compartido entre sacerdotes, cónyuges cristianos y agentes de pastoral, en el que los protagonistas son sobre todo los matrimonios – diferentes en edad y años de vida conyugal – que ponen su experiencia al servicio de quienes participan en el itinerario catecumenal. Para ello, es necesario un trabajo de formación y actualización, dirigido a todos, pero especialmente a los sacerdotes, para que se perciba la indispensable complementariedad y corresponsabilidad de laicos y sacerdotes/religiosos en el servicio de la pastoral familiar.

Un itinerario matrimonial de tipo catecumenal ha de ser considerado como una «herramienta pastoral» que ha de ser utilizada con discernimiento, sabiduría y el necesario sentido común, de modo que pueda ser adaptado con flexibilidad – en cuanto a los modos y tiempos de realización – a las situaciones concretas de las parejas que tenemos delante, y según las posibilidades concretas de los agentes de pastoral de la Iglesia local.

Texto completo del «Itinerario catecumenal para la vida matrimonial».

Fuente: Infocatólica. 16-6-2022

El Vaticano pide a las parroquias un servicio para parejas en crisis

El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida pide a las parroquias un servicio de acompañamiento para las parejas en crisis. Es una de las recomendaciones que hace en el documento “Itinerarios catecumenales para la vida conyugal” que acaba de publicar.

El documento recomienda que sean otros cónyuges experimentados, precisamente los que hayan superado una crisis, quienes presten este servicio de acompañamiento. Y les insiste en que no pierdan de vista las necesidades de los hijos de las familias a las que ayuden.

Aspiran a que este acompañamiento no sea solo psicológico sino también espiritual y sirva a las parejas para recuperar su relación con Dios y redescubrir que está presente entre los dos.

Es un paso más de Francisco por el futuro de las familias cuando se cumplen cinco años de la publicación de Amoris laetitia y Roma se prepara para el X Encuentro Mundial de las Familias. Así hablaba el Papa a jóvenes sobre el matrimonio en su viaje a Eslovaquia en 2021.

FRANCISCO
Soñad sin miedo con formar una familia, tener hijos y educarlos, pasar la vida compartiendo todo con otra persona, sin avergonzarse de las propias fragilidades, porque está él o ella, que los acoge y los ama, que te ama así como eres.

Además, el Dicasterio para los Laicos insiste en apoyar a quienes han sufrido la separación o el divorcio. Y animarlos a frecuentar la Eucaristía para encontrar un ella el alimento que los sostenga.

Fuente: romereports.com

El Vaticano propone preparar el matrimonio desde más de un año antes

El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida ha publicado un itinerario catecumenal de preparación a la vida matrimonial que se prolonga después de la boda. Pide ofrecer servicios de acompañamiento para matrimonios en crisis.

Una buena preparación al matrimonio es un «antídoto» para evitar la proliferación de bodas nulas o vividas de forma inconsciente. En cambio, acercarse al altar de forma demasiado superficial puede hacer que este tenga unos cimientos tan débiles que se «desmorone» en poco tiempo y no pueda resistir ni siquiera las primeras crisis. Algo que el Papa Francisco vive con «grave preocupación». Por eso viene promoviendo desde hace años la elaboración de un Itinerario catecumenal para la vida matrimonial.

Finalmente, el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida ha publicado el documento este miércoles en el Vaticano, en el marco del Año de la Familia Amoris laetitia. Y a menos de una semana de que comience el Encuentro Mundial de las Familias.

Una razón de peso para promover este itinerario es que «una madre no tiene preferencias entre sus hijos», por lo que dedica a todos el mismo cuidado y atención. Sin embargo, «la Iglesia dedica mucho tiempo, varios años, a la preparación de los candidatos al sacerdocio o a la vida religiosa, pero dedica poco tiempo, solo unas semanas, a los que se preparan para el matrimonio». Para la Iglesia es «un deber de justicia» dedicar tiempo y energías «a quienes el Señor llama a una misión tan grande como la familia». En cuyo seno, además, nacerán las vocaciones al sacerdocio y la vida consagrada.

No solo catequesis

Más que un contenido doctrinal, el itinerario contiene una serie de orientaciones para que cada Iglesia local elabora su propio itinerario. Según afirman sus conclusiones, «pretende ir más allá de la tipología clásica»: no es solo catequesis, sino que también debe incluir diálogo con las parejas, encuentros individuales, momentos de oración y celebración de los sacramentos, participación de expertos, retiros e interacción con toda la comunidad eclesial.

Por otro lado, no debe dejar de abordar cuestiones que representen «desafíos sociales y culturales: la educación en el amor auténtico que no se limita a frágiles experiencias afectivas; el reconocimiento de la riqueza y de la complementariedad de lo masculino y lo femenino; la educación en la afectividad y la sexualidad; el valor de las elecciones definitivas; el valor humano, espiritual y social de la familia, las cuestiones bioéticas, etc.». Asimismo, es recomendable desarrollar itinerarios particulares centrados en la realidad concreta de las parejas que ya conviven y tienen hijos que piden casarse por la Iglesia.

El documento propone preparar el matrimonio en tres grandes etapas. Una de preparación remota, desde la pastoral infantil y juvenil. Luego, una fase intermedia de acogida, que dure algunas semanas y termine con un rito de entrada al catecumenado. Así se dará paso a la fase catecumenal propiamente dicha, dividida en tres partes. En primer lugar, cerca de un año de preparación próxima, que concluya con un rito de compromiso.

Después, varios meses de preparación inmediata, que empiecen y se cierren con sendos retiros, el último unos días antes de la boda. La misma importancia se da a la tercera etapa, que es el acompañamiento en los primeros años de vida matrimonial. Puede incluir una profundización mistagógica en los distintos signos del sacramento, además de la celebración litúrgica de los aniversarios.

Ritos y atención en crisis

El dicasterio subraya la importancia de estos ritos de paso, una idea tomada del itinerario del Ritual de Iniciación Cristiana para Adultos. Sin embargo, también matiza que estos se deben limitar (dejando fuera a la familia o círculo social) o evitar totalmente en aquellas culturas donde puedan ser interpretados como casi equivalentes al matrimonio. Esto puede suponer mucha presión para los novios y dificultar un discernimiento libre.

Se pide además que cada parroquia o comunidad dispongan de un servicio pastoral de acompañamiento de las parejas en crisis. El Vaticano sugiere que los «acompañantes» sean matrimonios, preferiblemente que han superado crisis en el pasado. Por ello, «es urgente poner en marcha proyectos de formación destinados a las parejas que acompañan tanto a los que están en crisis como a los separados», de manera que respondan a sus necesidades y las de sus hijos.

Separados y divorciados

Con todo, el Vaticano reconoce que hay situaciones en las que la separación es inevitable. Citando la exhortación Amoris laetitia, se afirma que a veces puede llegar a ser incluso «moralmente necesaria» para sacar a uno de los cónyuges o a los hijos de situaciones de violencia, explotación o indiferencia.

Para el Vaticano, es importante «acompañar [también] pastoralmente a los separados, los divorciados y a los abandonados». Además, pone especial atención a la necesidad de «acoger y valorar especialmente el dolor de quienes han sufrido injustamente la separación, el divorcio o el abandono, o bien, se han visto obligados a romper la convivencia por los maltratos del cónyuge». Estas personas separadas o divorciadas que no se han vuelto a casar están llamadas a «encontrar en la Eucaristía el alimento que las sostenga en su estado».

Por último, en su prólogo, el Papa subraya su «ferviente deseo» de que después de este itinerario se establezcan otros «de acompañamiento» en una pastoral específica para los divorciados vueltos a casar y para las parejas que ya conviven antes del matrimonio. Subraya que la Iglesia quiere estar cerca de estas parejas y caminar también con ella para que no se sientan abandonadas y puedan encontrar en las comunidades lugares accesibles y fraternos de acogida, de ayuda al discernimiento y de participación.

Fuente: alfayomega.es – María Martínez López. 15 de Junio de 2022

La Santa Sede presenta un «catecumenado» para el matrimonio: larga duración y seguirá tras la boda.

En el año 2000 en España el 75% de las bodas se celebraban por la Iglesia. Dos décadas más tarde, en 2021, esa cifra se desplomaba ya a poco más del el 16%. Poco más de una de cada diez bodas que se producen cada año, según los datos del Instituto Nacional de Estadística, son ya religiosas. 

Hay una grave crisis en el matrimonio. Cada vez menos parejas se casan. De las que lo hacen ya sólo una pequeña minoría lo hace por la Iglesia. Pero incluso entre estos enlaces hay muchos divorcios y matrimonios que de facto son nulos.

La Iglesia es consciente de esta situación y el Papa Francisco ha alertado de ello en varias ocasiones. ¿Son suficientes los cursillos prematrimoniales que se ofrecen ahora? ¿Preparan de verdad a los futuros esposos? ¿Les ofrece armas para afrontar las dificultades que vienen? ¿Ofrecen un acompañamiento o les presentan a quien pueda dárselo una vez den este gran paso?

Los cursillos en muchas parroquias han ido menguando con el tiempo, aunque con honrosas excepciones, a meras charlas buenistas y bienintencionadas que logren atraer a parejas. De hecho, hoy son mayoría los cursillos prematrimoniales de fin de semana intensivo, o incluso online, donde el contacto con la Iglesia y sus pastores y catequistas es ya prácticamente inexistente.

Por ello, la Iglesia acaba de presentar el “Itinerario catecumenal para la vida matrimonial”. Se trata de un documento que ha publicado este miércoles el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida a petición del Papa Francisco.

Este extenso documento vaticano comienza con un prefacio del Santo Padre, que muestra su grave preocupación por el hecho de que por una “preparación demasiado superficial, las parejas corran el riesgo de celebrar un matrimonio nulo o con unos cimientos tan débiles que se ‘desmorone’ en poco tiempo y no pueda resistir ni siquiera las primeras crisis inevitables”.

De este modo, Francisco cree que existe el “deber de acompañar con responsabilidad a quienes expresan la intención de unirse en matrimonio para que sean preservados de los traumas de la separación y no pierdan nunca la fe en el amor”.

Y pone un ejemplo: “pienso que la Iglesia dedica mucho tiempo, varios años, a la preparación de los candidatos al sacerdocio o a la vida religiosa, pero dedica poco tiempo, sólo unas semanas, a los que se preparan para el matrimonio. Al igual que los sacerdotes y las personas consagradas, los matrimonios también son hijos de la madre Iglesia, y una diferencia de trato tan grande no es justa. Los matrimonios constituyen la gran mayoría de los fieles, y a menudo son pilares en las parroquias, grupos de voluntarios, asociaciones y movimientos”.

Siguiendo a lo que ya hacía la Iglesia primitiva ahora se pretende recuperar este catecumenado pero enfocado no como entonces al bautismo de los catecúmenos sino al sacramento del matrimonio. Un proceso más largo y de crecimiento que tiene su culmen con la recepción de dichos sacramentos.

El documento vaticano señala que “el catecumenado matrimonial, en concreto, no pretende ser una mera catequesis, ni transmitir una doctrina. Pretende hacer resonar entre los cónyuges el misterio de la gracia sacramental, que les corresponde en virtud del sacramento: hacer que la presencia de Cristo viva con ellos y entre ellos. Por eso es necesario, con respecto a los que pretenden casarse, superar el estilo de una formación sólo intelectual, teórica y general (alfabetización religiosa). Es necesario recorrer con ellos el camino que los lleva a tener un encuentro con Cristo, o a profundizar en esta relación, y a hacer un auténtico discernimiento de la propia vocación nupcial, tanto a nivel personal como de pareja”.

De este modo, se insiste en una buena formación ya de origen en los sacerdotes, religiosas y agentes de pastoral que vayan a acompañar a las parejas de novios en este itinerario catecumenal.

Mención especial merecen los matrimonios que colaboren en este catecumanado, que según la Santa Sede deben tener “un papel primordial” en este proceso. “En virtud de su experiencia específica, podrán concretar los caminos del acompañamiento, antes del matrimonio y durante el mismo, interviniendo como testigos y acompañantes de las parejas en relación con muchos aspectos de la vida nupcial (afectivos, sexuales, dialógicos, espirituales) y de la vida familiar (tareas de cuidado y crianza, apertura a la vida, don recíproco, educación de los hijos, apoyo en las labores cotidianas, en las dificultades y en la enfermedad)”, recalca el texto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.

Este proceso catecumenal para la vida matrimonial debe seguir estas pautas

– que dure el tiempo suficiente para que las parejas puedan reflexionar y madurar;

– que, partiendo de la experiencia concreta del amor humano, la fe y el encuentro con Cristo se sitúen en el centro de la preparación al matrimonio;

– que se organice por etapas, marcadas – cuando sea posible y apropiado – por ritos de pasos que se celebren dentro de la comunidad;

– que englobe todos estos elementos (sin excluir ninguno): formación, reflexión, diálogo, confrontación, liturgia, comunidad, oración, fiesta.

La Santa Sede no propone tan sólo un catecumenado centrado únicamente en las fechas más cercanas a la boda sino que con el tiempo lo ideal sería una “preparación remota” desde la infancia. Aún así, la parte realmente importante es la catecumenal, que dividen en tres puntos. Este es el esquema propuesto:

  1. Fase pre-catecumenal: preparación remota:

– Pastoral de la infancia

– Pastoral juvenil

  1. Fase intermedia (algunas semanas): tiempo de acogida de los candidatos:

Rito de entrada al catecumenado (al final de la fase de acogida)

  1. Fase catecumenal:

– Primera etapa: preparación próxima (aproximadamente un año)

Rito del compromiso (al final de la preparación próxima)

Breve retiro de entrada a la preparación inmediata

– Segunda etapa: preparación inmediata (varios meses)

Breve retiro de preparación para la boda (unos días antes de la celebración)

– Tercera etapa: primeros años de vida matrimonial (2-3 años)

Justo en este punto el Vaticano hace una especificación. Informa del creciente número de solicitudes para el matrimonio católicos de parejas que convivían anteriormente o se habían unido civilmente y tienen hijos. “Tales peticiones ya no pueden ser eludidas por la Iglesia, ni pueden ser aplanadas dentro de caminos trazados para quienes vienen de un camino mínimo de fe; más bien, requieren formas de acompañamiento personalizado, o en pequeños grupos, orientadas a una maduración personal y de pareja hacia el matrimonio cristiano, a través del redescubrimiento de la fe a partir del bautismo y la comprensión gradual del significado del rito y sacramento del matrimonio”, aparece en el documento al respecto.

Yendo directamente a la fase catecumenal, la Santa Sede habla de un periodo de formación de duración variable.

“En líneas generales se sugiere que la preparación próxima dure aproximadamente un año, dependiendo de la experiencia previa de la pareja en materia de fe y participación eclesial. Una vez tomada la decisión de casarse – momento que podría sellarse con el rito del compromiso – se podría iniciar la preparación inmediata al matrimonio, de unos meses de duración, para configurarse como una verdadera y propia iniciación al sacramento nupcial. La duración de estas etapas debe adaptarse, repetimos, teniendo en cuenta los aspectos religiosos, culturales y sociales del entorno en el que se vive e incluso la situación personal de cada pareja. Lo esencial es salvaguardar el ritmo de los encuentros para acostumbrar a las parejas a cuidar responsablemente su vocación y su matrimonio”, afirma.

Además, hace una recomendación apara este periodo: “nunca es inútil hablar de la virtud de la castidad, ni siquiera cuando se habla a las parejas que conviven. Esta virtud enseña a todo bautizado, en cualquier condición de vida, el recto uso de su sexualidad, y por ello, incluso en la vida matrimonial, es de suprema utilidad”.

En los meses que preceden a la celebración del matrimonio, tendría lugar la preparación inmediata de las nupcias.  El inicio de esta nueva etapa puede estar marcado por un breve retiro espiritual y la entrega de un objeto simbólico, como una oración que las parejas pueden recitar juntas cuando se encuentren.

En este punto resaltan la importancia de dedicar un amplio espacio a la preparación litúrgica de las parejas, es decir, a la plena comprensión de los gestos y significados propios del rito nupcial. “Con vistas a la celebración del matrimonio, se debe procurar que los novios participen en la elección de las lecturas de la misa y, si es necesario, también en las opciones previstas para otras partes del rito”, añade el Vaticano.

Unos días antes del matrimonio, recomiendan un retiro espiritual de uno o dos días. Aunque esto puede parecer poco realista, dados los numerosos compromisos debidos a la planificación de la boda, hay que decir que, en los casos en que se ha aplicado, ha demostrado tener grandes beneficios.

Además, se propone que se invite a participar a los padres, a los testigos y a los familiares más cercanos en un momento de oración antes de la boda, incluso fuera de la celebración de la confesión, “puede resultar una oportunidad muy hermosa para todos”.

Los objetivos de la preparación próxima son:

a) recordar los aspectos doctrinales, morales y espirituales del matrimonio (explicitando también los contenidos de las charlas canónicas prescritas);

b) vivir experiencias espirituales de encuentro con el Señor;

c) prepararse para una participación consciente y fructífera en la liturgia nupcial.

Uno de los aspectos llamativos del documento es que el itinerario catecumenal no acaba con la boda. Se considera bueno que los recién casados sean asistidos en esta primera fase en la que comienzan a poner en práctica el ‘proyecto de vida’ que se inscribe en el matrimonio, pero que aún no se realiza plenamente.

Para ello, se pretende que se proponga a las parejas la continuación del itinerario catecumenal, “con encuentros periódicos – posiblemente mensuales o con otra periodicidad, a criterio del equipo de acompañamiento y según las posibilidades de las parejas – y otros momentos, tanto comunitarios como de pareja”.

Puede leer aquí íntegramente el documento del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.

Fuente: religionenlibertad.com

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