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El filósofo surcoreano recibe el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025.
«LA SOCIEDAD DEL CANSANCIO» (15 años después) – Byung-Chul Han.
El 4 de octubre de 2010 se publica en Berlín el libro “La Sociedad del Cansancio”, un hasta entonces poco conocido un filósofo surcoreano afincado en Alemania, llamado Byung-Chul Han, le pone nombre al tiempo en que vivimos. Han pasado 15 años desde entonces, y vale la pena revisitar este libro y sus ideas, ya que en un mundo convulso y en acelerada transformación sigue siendo una obra esclarecedora. La Sociedad del Cansancio, no fue su primer libro, pero sí su obra fundacional, que se convirtió en un ensayo de extraordinaria influencia a nivel mundial, hizo de Byung-Chul Han una celebridad del pensamiento, con adherentes y detractores, que construye una profunda y reveladora mirada sobre el mundo actual. Una particularidad de la escritura de Han es que sus libros se presentan como una especie de Matrioska conceptual, donde la idea general de un libro contiene otras ideas en su interior, formuladas brevemente, en la forma de semillas conceptuales de las que germinarán libros futuros, que a su vez contendrán otras semillas que serán el centro de una próxima obra. Para explicar esta dinámica, en su libro de 2024 “La Tonalidad del Pensamiento”, Byung Chul Han lo compara con la música, considerando a sus libros como variaciones musicales de una misma obra. Y en ese sentido, considera a su ensayo de 76 páginas, “La Sociedad del Cansancio”, como un aria de todo el ciclo, seguida por treinta variaciones. La Sociedad del Cansancio fue el primer libro reseñado en este Canal hace ya 8 años, con las limitaciones y falencias de una primera experiencia, que a esta hora cuenta con más de 900 mil visitas, los invito a revisitar “La Sociedad del Cansancio”, con una mayor perspectiva, 15 años después.
La fe de Byung-Chul Han: «No es Dios quien ha muerto, sino el ser humano al que Dios se revelaba».
No es habitual encontrar a un pensador de nuestro tiempo que hable abiertamente de Dios. Tampoco lo es hallar alguno que mencione el silencio, la atención o la contemplación como las únicas salidas a la crisis que atraviesa Occidente hoy en día. Pero eso es exactamente lo que hace Byung-Chul Han, que este viernes recibe en Oviedo el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades.
Oficialmente, el jurado ha valorado en el surcoreano «su capacidad extraordinaria para comunicar de forma precisa y directa nuevas ideas en las que se recogen tradiciones filosóficas de Oriente y Occidente». También ha estimado que su obra «proporciona explicaciones sobre cuestiones como la deshumanización, la digitalización y el aislamiento de las personas», arrojando luz «sobre fenómenos complejos del mundo contemporáneo».

Crítico con el neoliberalismo, afirma que los trastornos de nuestra era están causados por el abandono de la reflexión, el retiro y la meditación. Pero Byung-Chul Han no se detiene ahí. Su mirada es tan abierta que no rehúye la pregunta directa por la trascendencia. En Sobre Dios escribe que «no es Dios quien ha muerto, sino el ser humano al que Dios se revelaba»; todo un tiro en la diana de esta sociedad postcristiana. ¿Por qué? «Porque la sociedad ya no cultiva lo que permite esa experiencia: atención, reposo, escucha, lugar para lo otro», abunda.
La crisis de la religión
Pero hay más, y esta vez contra la religión organizada y su pérdida de peso comunitario: «La crisis de la religión hoy no consiste simplemente en que ya no creamos en Dios, sino que hemos perdido la atención». De este modo el premio Princesa de Asturias aboga por «el silencio, la inactividad y el ocio como caminos que nos abren hacia algo que es más que nosotros».

Al tiempo que critica una vida dedicada a la productividad, al rendimiento, al consumo y a la distracción, aboga por una oración basada en el silencio, y sugiere que en realidad «la atención es lo mismo que la oración». «Cuando todo se mide por la productividad, la oración parece inútil, pero precisamente en su inutilidad reside su verdad», añade.
Solo así seremos capaces de atender a «lo que viene de arriba», en lugar de estar volcados «del lado de la inmanencia». Pues al final, «solo la intensa experiencia de la presencia como experiencia del silencio nos conduce a Dios».
Fuente: alfayomega.es – Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo – 23 de Octubre de 2025.
BYUNG CHUL HAN – SOBRE DIOS
En este vídeo presentamos el nuevo libro Byung-Chul Han titulado «Sobre Dios. Pensar con Simone Weil». Este extracto es un resumen de la versión original alemana «Sprechen über Gott» publicada en la editorial Matthes & Seitz Berlin.

PRINCESA DE ASTURIAS 2025 | DISCURSO ÍNTEGRO de BYUNG-CHUL HAN
Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025.
Byung-Chul Han, en los Premios Princesa de Asturias: “Nos hemos convertido en una herramienta del ‘smartphone’: nos usa a nosotros, y no al revés”.
Byung-Chul Han, el pensador alemán de origen surcoreano galardonado con el Premio Princesa de Comunicación y Humanidades 2025, comenzó su alegato en el Teatro Campoamor de Oviedo, leído en alemán, con una defensa de la misión crítica del filósofo. “El papel del filósofo, según Platón, consiste en despertar, criticar, incomodar y exhortar a los atenienses”. Y recordó la parábola en la que un tábano pica e incita a un caballo, “noble pero perezoso”, en el que Sócrates ve a la sociedad ateniense. Así se considera Han: “Yo soy filósofo. Y como filósofo he interiorizado esa misión socrática de la filosofía”. Y trata de despertar a los demás aunque su obra, con La sociedad del cansancio en la cumbre, pueda causar “irritación” y “desconcierto”.

La Advertencia del filósofo Byung-Chul Han
“La tecnología puede esclavizar a la humanidad”
En su reciente discurso al recibir el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025, Byung-Chul Han alertó sobre el poder de la tecnología sin control:
“La tecnología sin ética puede adquirir una forma monstruosa y volver a esclavizar al ser humano”.
El filósofo afirmó que vivimos en una era en la que el smartphone ya no es nuestra herramienta, sino que nos usa a nosotros.
Han advierte que la combinación de algoritmos, plataformas digitales e Inteligencia Artificial puede conducir a una forma de dominio invisible donde el individuo se convierte en producto.
Su llamado: recuperar autonomía, valores humanos y una ética fuerte antes de que sea demasiado tarde.
DISCURSO del filósofo Byung-Chul Han en Oviedo, al agradecer el PREMIO PRINCESA DE ASTURIAS de Comunicación y Humanidades 2025
Señoras y señores:
Es para mí un gran honor, a la par que una inmensa alegría, recibir tan alta distinción en esta histórica ciudad de Oviedo.
En la Apología, el famoso diálogo de Platón, cuando Sócrates expone su propia defensa después de haber sido condenado a muerte, explica cuál es la misión del filósofo. La función del filósofo consistiría en agitar a los atenienses y despertarlos, en criticarlos, irritarlos y recriminarlos, igual que un tábano pica y excita a un noble caballo cuya propia corpulencia lo vuelve pasivo, y así lo espolea y estimula. Sócrates compara a ese caballo con Atenas.
Yo soy filósofo. Como tal, he interiorizado esta definición socrática de la filosofía. También mis textos de crítica social han causado irritación, sembrando nerviosismo e inseguridad, pero al mismo tiempo han desadormecido a muchas personas. Ya con mi ensayo La sociedad del cansancio traté de cumplir esta función del filósofo, amonestando a la sociedad y agitando su conciencia para que despierte. La tesis que yo exponía es, efectivamente, irritante: la ilimitada libertad individual que nos propone el neoliberalismo no es más que una ilusión. Aunque hoy creamos ser más libres que nunca, la realidad es que vivimos en un régimen despótico neoliberal que explota la libertad. Ya no vivimos en una sociedad disciplinaria, donde todo se regula mediante prohibiciones y mandatos, sino en una sociedad del rendimiento, que supuestamente es libre y donde lo que cuenta, presuntamente, son las capacidades. Sin embargo, la sensación de libertad que generan esas capacidades ilimitadas es solo provisional y pronto se convierte en una opresión, que, de hecho, es más coercitiva que el imperativo del deber. Uno se imagina que es libre, pero, en realidad, lo que hace es explotarse a sí mismo voluntariamente y con entusiasmo, hasta colapsar. Ese colapso se llama burnout. Somos como aquel esclavo que le arrebata el látigo a su amo y se azota a sí mismo, creyendo que así se libera. Eso es un espejismo de libertad. La autoexplotación es mucho más eficaz que ser explotado por otros, porque suscita esa engañosa sensación de libertad.
También he señalado en varias ocasiones los riesgos de la digitalización. No es que esté en contra de los smartphones ni de la digitalización. Tampoco soy un pesimista cultural. El teléfono inteligente puede ser una herramienta utilísima. No habría problema si lo usáramos como instrumento. Lo que ocurre es que, en realidad, nos hemos convertido en instrumentos de los smartphones. Es el teléfono inteligente el que nos utiliza a nosotros, y no al revés. No es que el smartphone sea nuestro producto, sino que nosotros somos productos suyos. Muchas veces sucede que el ser humano acaba convertido en esclavo de su propia creación. Las redes sociales también podrían haber sido un medio para el amor y la amistad, pero lo que predomina en ellas es el odio, los bulos y la agresividad. No nos socializan, sino que nos aíslan, nos vuelven agresivos y nos roban la empatía. Tampoco estoy en contra de la Inteligencia Artificial. Puede ser muy útil si se emplea para fines buenos y humanos. Pero también con la Inteligencia Artificial existe el enorme riesgo de que el ser humano acabe convertido en esclavo de su propia creación. La Inteligencia Artificial puede ser empleada para manejar, controlar y manipular a las personas. Por eso, la tarea acuciante de la política sería controlar y regular el desarrollo tecnológico de manera soberana, en lugar de simplemente seguirle el paso. La tecnología sin control político, la técnica sin ética, puede adoptar una forma monstruosa y esclavizar a las personas.
Últimamente he reflexionado mucho sobre la creciente pérdida de respeto en nuestra sociedad. Hoy en día, en cuanto alguien tiene una opinión diferente a la nuestra, lo declaramos enemigo. Ya no es posible un discurso sobre el que se base la democracia. Alexis de Tocqueville, autor de un famoso libro sobre la democracia estadounidense, ya sabía que la democracia necesita más que meros procedimientos formales, como son las elecciones y las instituciones. La democracia se fundamenta en lo que en francés se llama «moeurs», es decir, la moral y las virtudes de los ciudadanos, como son el civismo, la responsabilidad, la confianza, la amistad y el respeto. No hay lazo social más fuerte que el respeto. Sin moeurs, la democracia se vacía de contenido y se reduce a mero aparato. Incluso las elecciones degeneran en un ritual vacío cuando faltan estas virtudes. La política se reduce entonces a luchas por el poder. Los parlamentos se convierten en escenarios para la autopromoción de los políticos. Y el neoliberalismo ha creado ya una gran cantidad de perdedores. La brecha social entre ricos y pobres se sigue agrandando cada vez más. El miedo a hundirse socialmente afecta ya a la clase media. Precisamente estos temores son los que lanzan a la gente hacia los brazos de autócratas y populistas.
Creemos que la sociedad en la que vivimos hoy es más libre que nunca. En cualquier ámbito de la vida, las opciones son infinitas. También en el amor, gracias a las aplicaciones de citas. Todo está disponible al instante. El mundo se asemeja a un gigantesco almacén donde todo se vuelve consumible. El infinite scroll promete información ilimitada. Las redes sociales facilitan una comunicación sin límites. Gracias a la digitalización, estamos interconectados, pero nos hemos quedado sin relaciones ni vínculos genuinos. Lo social se está erosionando. Perdemos toda empatía, toda atención hacia el prójimo. Los arrebatos de autenticidad y creatividad nos hacen creer que gozamos de una libertad individual cada vez mayor. Sin embargo, al mismo tiempo, sentimos difusamente que, en realidad, no somos libres, sino que, más bien, nos arrastramos de una adicción a otra, de una dependencia a otra. Nos invade una sensación de vacío. El legado del liberalismo ha sido el vacío. Ya no tenemos valores ni ideales con que llenarlo.
Algo no va bien en nuestra sociedad.
Mis escritos son una denuncia, en ocasiones muy enérgica, contra la sociedad actual. No son pocas las personas a las que mi crítica cultural ha irritado, como aquel tábano socrático que picaba y estimulaba al caballo pasivo. Pero es que, si no hay irritaciones, lo único que sucede es que siempre se repite lo mismo, y eso imposibilita el futuro. Es cierto que he irritado a la gente. Pero, afortunadamente, no me han condenado a muerte, sino que hoy soy honrado con la concesión de este bellísimo premio. Se lo agradezco de todo corazón.
Muchísimas gracias.
Sacerdote católico y agustino (OSA). Pedagogo, Párroco, Misionero digital. Educación: Universidad Pontificia Comillas. Aljaraque (Huelva). 

