Testimonios

Somos peregrinos de los caminos de la vida.

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Siempre es bueno recordar los caminos recorridos.

Peregrinos I

Facebook. Texto: José María Rodríguez Olaizola.

25/7/2018.- Hoy es un buen día para recordar el camino. Los caminos. De Santiago, y de la vida. Tantas ocasiones de salir de rutinas y certidumbres, para descubrir algo nuevo. Caminos que son encuentro, que forjan amistades, que se vuelven memorias vivas, escuela y raíz. Caminos que evocan risas, libertad, despreocupación en medio de los cansancios y las jornadas intensas. Caminos que te enseñan que el equipaje necesario es muy poco; que te ayudan a valorar las comodidades que, en otras circunstancias, pasan inadvertidas: un vaso de agua, una sombra, una mano amiga. Caminos en los que el tiempo disponible permite conversar de verdad. Y esas conversaciones a veces son profundas, sinceras, a corazón abierto. Otras veces vas jugando, para matar el rato, para aliviar el cansancio de alguien. Caminos en los que asoma lo mejor de quien tira de otros, y la sencillez de quien aprende a dejarse ayudar. Caminos que vas haciendo por fuera, y por dentro. Es bonito recordar esos primeros tramos de la mañana, en silencio, aún a oscuras, mientras uno deja que resuene la lectura del día, y en la quietud solo se oye el ruido de los pasos, mientras dentro, cada uno lidia con sus esperanzas y sus batallas. ¡Ultreia, caminantes! Que nunca olvidemos lo que un día vivimos. Un fuerte abrazo para todos los que hemos compartido algún camino. Y los que los compartimos a distancia.

Peregrinos II

Y ahora, miremos más a fondo a ese otro camino que es la vida misma. Demasiado corta para no arriesgarse algunas veces. En algún punto descubres que de nada sirven muchos de tus preparativos, de los planes y las fuerzas que creías tener. Porque mucho no depende de ti. No depende de ti el clima, ni está en tu mano sortear algunas dificultades que, sin duda, aparecerán. Tampoco puedes asegurar que algún dolor no te vaya a atormentar mientras avanzas. No terminas de entender por qué algunos días caminas entre sombras y otros tu interior brilla y sientes más pasión y fuerza de la que podías imaginar. No adivinas, al principio del camino, que lo que te parece imprescindible se volverá superfluo cuando descubras las pocas cosas que de verdad te importan. Pero esas pocas, cuántos anhelos y cuántas alegrías te darán. Compartes etapas con gente que deja una huella indeleble en tu vida. Pero tampoco puedes apresarlos ni pretender revivir una y otra vez los mismos episodios. Porque cada día es diferente, aunque muchos se parezcan.

Y así, en el camino vas a prendiendo a conocer. Conocerte a ti mismo, poniendo nombre a lo que vives. Descubres que tus miedos son tuyos, de nadie más, y tienen que ver con tu historia, y tus heridas, y tus memorias. Pero también descubres que el resto de peregrinos tiene sus propias batallas, que quizás nunca llegues a entender. Comprendes también que la música que suena dentro es diferente a cualquier otra. Hasta cuando la música es grito. Hay jornadas en que te sientes muy solo aunque camines rodeado de gente y no tengas un instante de silencio; y otras en que, aunque nadie te acompañe, sabes que llevas contigo amigos que nunca faltarán. Hay momentos en que la marcha es canto, otros en que es plegaria, y otros en que es ruido. Te vas adentrando en diversos escenarios, la cuesta de las preguntas, la montaña de los logros, la llanura de los intentos, la barrera de la necesidad, la cuesta de la ternura. A veces atajas. Otras te extravías y la noche te cae encima. Llegas también a conocer mejor el mundo, que es diferente cuando no lo ves desde una burbuja y lo vives en primera persona. Aprendes a descubrir lo hermoso –tan inesperado en ocasiones-. Un día te das cuenta de que el tiempo importa, que es uno de los bienes más intangibles, y más preciosos. También comprendes que hay márgenes en los que la niebla deja demasiadas asignaturas pendientes. Y caminantes que quizás no pueden llegar si alguien no tira de ellos. No siempre estás dispuesto a hacerlo. Así, entre la belleza de unos espacios y la fealdad de otros, avanzas. Y también llegas, de algún modo, a conocer a Dios, vértigo y llamada, más allá de un manual o una teoría. Vaya camino, esto de la vida.

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