Tiempo Ordinario

Sexto Domingo del T.O.: Bienaventurados. Ordenar según Dios.

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Vive la Pascua Dominical en la Eucaristía Parroquial.

En el Evangelio Jesús nos habla de ser “dichosos, felices”, los que son pobres, los que tienen hambre, a los que les insultan. Hay que estar un poco loco para fiarse de la Palabra de Jesús. Si Él de verdad es nuestro amigo, no importa lo que pase en la vida, que todo irá bien, por eso somos felices, porque Jesús es de verdad el que nos ayuda, el que nos sostiene. Jesús es como un puente, que nos ayuda a pasar de un lado al otro, a esquivar las dificultades y, sobre todo, con Él, siempre seremos felices.

¿Para qué quiere alguien muchas cosas si siempre está solo y no tiene amigos? Además, no podemos quererlo todo para nosotros, mientras hay personas muriendo de hambre en el mundo. ¡Ay, de los que no se fían de estas cosas del Señor! ¡Ay, de los ricos y saciados! Podríamos decir también de los ricos y “asociados”, de los que piensan que se es feliz con el tener.

Fuente: Revista 21. Dibujo: Patxi Velasco FANO – Texto: Fernando Cordero, ss.cc.

Los bienaventurados

Lc 6,17.20-26. Lo más impresionante, esperanzador y significativo de las bienaventuranzas es lo que contienen de enigma, desconcierto y contradicción: Jesús no está hablando de «otro mundo», sino del nuestro: en el que para que unos sean ricos otros se están empobreciendo, unos se sacian a costa del hambre de otros, y aquellos ríen mientras lloran estos. ¿Cómo podemos afanarnos por ser felices a costa del olvido y la infelicidad ajena? Quien no siente la injusticia no puede comprender que las bienaventuranzas no sirven para consolar, sino para dar la vuelta al mundo.

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