Misión

San Francisco Javier, patrono de las Misiones. 3 diciembre.

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“No hay fronteras, no hay confines; sólo Dios mi esperanza”.

Hoy, día de San Francisco Javier, celebramos la universalidad del amor de Dios. Celebramos que Dios se hace presente en nuestra vida invitándonos al amor universal. Extender su amor es hacerlo presente en todos los rincones. Y #JesuitasAcústico lo pudieran vivir. Al lado de los que más sufren: “no hay fronteras, no hay confines; sólo Dios mi esperanza“.

San Francisco Javier nació en el castillo de Javier (Navarra) el año 1506. Fue ordenado sacerdote en Roma el año 1537, y se dedicó a obras de caridad. El año 1541 marchó al Oriente. Evangelizó incansablemente la India y el Japón durante diez años. Murió el año 1552 en la isla de Sanchón Sancián, a las puertas de China. Más info.

“Francisco Javier es digno de ser comparado con los mismos apóstoles”.

En camino hacia el Mes Misionero Extraordinario, recordamos las palabras de Maximum Illud sobre el Patrono de las Misiones.

El 30 de noviembre hemos recordado el 99 aniversario de la publicación de Maximum illud, de Benedicto XV, el documento cuyo próximo centenario ha dado pie al papa Francisco para convocar el Mes Misionero Extraordinario de octubre de 2019. Hoy, 3 de diciembre, celebramos la memoria de san Francisco Javier, Patrono de las Misiones, y podemos recordarlo con las palabras que le dedica Maximum illud, la carta apostólica que fue como el pistoletazo de salida del “siglo de las misiones”.

Casi al comienzo del documento, Benedicto XV explica cómo “Francisco Javier, digno ciertamente de ser comparado con los mismos apóstoles, después de haber trabajado heroicamente por la gloria de Dios y salvación de las almas en las Indias Orientales y el Japón, expira a las puertas mismas del Celeste Imperio, adonde se dirigía…”. Y añade a continuación el significado que puede entreverse en esa culminación de su vida, entregada día a día al anuncio de la Buena Noticia: “… como para abrir con su muerte camino a la predicación del Evangelio en aquella región vastísima, donde habían de consagrarse al apostolado, llenos de anhelos misioneros y en medio de mil vicisitudes, los hijos de tantas Órdenes religiosas e instituciones misioneras”.

Pedimos la intercesión del Patrono de las Misiones por los misioneros y misioneras que se afanan por llevar el Evangelio del amor de Dios en tierras de Oriente y por todo el mundo. Que san Francisco Javier obtenga para nosotros avivar en nuestro corazón la pasión por Jesús y por su pueblo que —como nos recuerda el papa Francisco— es la misión de la Iglesia.

Fuente: OMP.

El noble navarro que lo dejó todo para anunciar el Evangelio en Asia.

San Francisco Javier era de familia noble. En París conoce a San Ignacio de Loyola. Tras convertirse, se ofrece como misionero en Asia. 

Hoy evocamos la festividad de un Santo cuya celebración siempre se sitúa dentro de este tiempo de esperanza que es el Adviento. Se trata de San Francisco Javier. Nace un 7 de abril de 1506. Es un hombre de familia culta y noble. Su lugar de nacimiento no es precisamente un sitio pobre, porque le alberga una cuna dentro del Castillo de Javier, propiedad de su familia. 

La sencillez, como dice el Evangelio, es una pobreza de espíritu que se lleva en el fondo del corazón. Su padre es un hombre culto y letrado. Su madre es una persona con una formación mayor de lo que se puede prever en cualquier mujer de la época. Francisco Javier ya de pequeño da síntomas de ser una persona muy preparada para estudiar y ser un hombre de provecho, acaso tan preparado como su padre y tan formado como la madre. Entonces, París le esperaba. Era el lugar de la gente que podía permitirse estudiar y pagar los estudios de sus hijos. Y allí va San Francisco Javier a cursar Filosofía y también a imbuirse de las letras teológicas.

Un factor se cruza en su camino y le cambiará la vida porque conoce a tres amigos Juan de la Peña, Cornelio Fabro e Ignacio de Loyola. Esos amigos tienen una cosa en común entre ellos porque Ignacio acaba de forjar un nuevo carisma de particular obediencia directa al Pontífice como forma de contrarrestar el Protestantismo de Martín Lutero, que cuestionaba al Papa como Cabeza visible de la Iglesia.

Francisco Javier no reparaba en esto porque él sólo quería las conquistas humanas, hasta que un día Ignacio le recordó y así durante un largo tiempo la frase del Evangelio: “¿De qué te sirve ganar el mundo entero si arruinas tu alma?”. Entonces su conversión es total hacia Dios. Su gloria ya es sólo la del Señor. Ingresa en la Compañía de Jesús y se ordena sacerdote. Por entonces, el rey de Portugal pide misioneros para sus posesiones en Ultramar y Francisco Javier se ofrece a ir para anunciar la Buena Nueva. Su labor evangelizadora y humana será excepcional. Al final, coge unas fiebres que le llevan a término en esta vida y al nacimiento a la vida de la Fe que tanto había difundido él. Es Patrono de Navarra y de las misiones.

Fuente: COPE.

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