Cuaresma-Pascua San Agustín

San Agustín sugiere vivir la Pascua como caminantes, tensos hacia la meta.

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Portada: Detalle de «Saint Augustín», por Philippe de Champaigne, Musée d’art du comté de Los Angeles.

«Tránsito», palabra clave para vivir el tiempo pascual en clave agustiniana (José Anoz, agustinólogo).

P.- ¿Qué ha significado la Pascua en la vida de san Agustín?
Es el momento en que ingresa en la Iglesia, el 24 de abril de 387, bautizado en Milán por el obispo Ambrosio. Por otra parte, su conciencia de lo que la Pascua significa para los cristianos, ha aguijoneado gran parte de la ingente tarea pastoral de Agustín. Durante la cuaresma instruía en la fe a quienes se preparaban a recibir el bautismo. En los ocho días siguientes a la fiesta predicaba a diario para descubrir a los miembros de la Iglesia los tesoros y tareas de su condición cristiana y estimularlos a vivir conforme a ella.

P.- ¿Cuántos escritos tiene sobre la Pascua y cuáles son los más relevantes?
Conservamos dieciséis sermones agustinianos, predicados en la vigilia pascual. Pronunciados el domingo de Pascua, conocemos doce. A esto se suman 59 sermones presentados durante la primera semana de Pascua. Pueden leerse en el volumen 24 de las Obras completas de san Agustín, publicadas en Madrid por la BAC. Además, algunos párrafos de la carta 55 explican el sentido de la Pascua cristiana. Por otra parte, en la introducción a sus diez homilías sobre la carta primera de san Juan, Agustín confiesa a sus feligreses que «la alegría de los días de la semana pascual» le ha inducido a predicar sobre ella, pues ese escrito encomia sobre todo la caridad, motivo y fuente de gozo. Durante la primera semana de Pascua de 407, entre el 14 y el 21 de abril, pronunció ocho homilías. Este comentario predicado puede leerse en el volumen 18 de las Obras completas de san Agustín, en la edición mencionada antes.

P.- ¿Qué nos dice san Agustín sobre la Pascua?
Llama «madre de todas las vigilias» a la del sábado santo. En el sermón 223A, predicado en una de ellas, recuerda la llamada de Moisés y la revelación del nombre de Dios. En este aspecto y al predicar que Dios ha creado cuanto existe, la fe cristiana es heredera del credo judío.

En los sermones citados repasa lo característico de la fe cristiana. La Palabra, mediante la que todo existe, o sea, el Hijo, es anterior a todo. El relato de la creación da a Agustín pie para hablar de la muerte y la vida, de la oscuridad y la luz. Sus prédicas ponen de relieve que la muerte es consecuencia de la desobediencia del hombre a Dios. La encarnación y pasión de su Hijo son la fuente de una vida nueva, no sometida irremediablemente a la muerte. La eucaristía nutre en la Iglesia esa vida. Porque ésta está siempre amenazada, Agustín, en los sermones de la vigilia pascual, invita a la vigilancia. Porque el hombre dispone de cierto margen de libertad, es responsable de sus actos. Si éstos no son los que Dios espera de él, el hombre no ha de desesperar, pues cuenta con la defensa de Cristo ante el Padre. Con esta certeza el cristiano aguarda el juicio final.

Sobresalientes me parecen los sermones 228B, 229 y 229A en que Agustín aclara el simbolismo de los ritos bautismal y eucarístico. A propósito de la eucaristía, cuerpo de Cristo, dice en el sermón 229A 1: «Quienes por ser miembros de la Iglesia sois el cuerpo de Cristo, vosotros sois lo que recibís en la misa».

«Caminamos, pues, en la experiencia de la fatiga, pero en la esperanza del descanso; en la carne de la vejez, pero en la fe de la novedad».  P.- ¿Cómo sugiere Agustín que vivamos la Pascua?
Como caminantes. Tensos hacia la meta, adelantada en la resurrección de Jesús. La certeza del logro anima a no perder contacto con la realidad, tan exigente y no siempre grata. A mi parecer, así se deduce de su carta 55, 26. «Caminamos», escribe. Y describe los dos pies con que los cristianos avanzan: «la fatiga» cotidiana, común a todos los hombres, y «la esperanza» garantizada por la promesa del Señor; la experiencia del envejecimiento y derrumbe humanos y la fe en una vida nueva.

«Caminamos, pues, en la experiencia de la fatiga, pero en la esperanza del descanso; en la carne de la vejez, pero en la fe de la novedad».

Carta 55, 26.

P.- ¿Cuál sería la palabra clave para vivir una Pascua al estilo agustiniano?
«Tránsito». Agustín lo expone así:

«Tránsito de Cristo y nuestro; de aquí al Padre; de este mundo al reino de los cielos, de la vida mortal a la vida definitiva, de la vida terrena a la vida celestial, de la vida que se deteriora a la que no se deteriora, de la familiaridad con las tribulaciones a la seguridad perpetua»

Comentario del salmo 68, 1, 2, predicado entre finales de 414 e inicios de 415 en Tagaste, aldea natal de Agustín.

P.- ¿Marcó mucho su vida el hecho de bautizarse en la noche de Pascua?
En tiempo de Agustín, ser bautizado durante la vigilia pascual era lo habitual. Por tanto, no extraña que él no dé singular importancia a la fecha de su bautismo. En cambio, se la da al hecho de recibirlo. Lo recuerda en Confesiones 9, 14: «Renací… Fuimos bautizados y huyó de nosotros la preocupación por la vida pasada». Y en el sermón 229D 1 y 2 dice: «Nuestra celebración cotidiana de la Pascua es el recuerdo constante de lo que Jesús ha hecho por nosotros». El adjetivo «nuestra» permite afirmar que Agustín procuró llevar a cabo este programa de vida pascual.

P.- ¿Se puede decir que la espiritualidad agustiniana es pascual?
Es posible dar una respuesta afirmativa, si tenemos en cuenta los motivos del camino y el tránsito, sobre los que antes he hablado. 

P.- A su parecer ¿qué palabras de san Agustín sintetizan su experiencia de la Pascua y su doctrina sobre ella?

«En Pascua, nombre hebreo que significa ‘paso’, no sólo recordamos la muerte y resurrección del Señor, sino que también nosotros pasamos de muerte a vida… La Iglesia, cuerpo de Cristo, aguarda a participar definitivamente en la victoria sobre la muerte, triunfo manifestado ya en la resurrección corporal de nuestro Señor, Jesucristo»

(Carta 55, 2).

Fuente: Agustinos Recoletos. José Anoz.

Agustín sugiere que vivamos la Pascua como caminantes. Tensos hacia la meta, adelantada en la resurrección de Jesús.

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