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Misionero rescatador de personas. Pedro Opeka.

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Ha dado un futuro de esperanza a miles de personas.

Romereports.

El argentino Pedro Opeka vino a Roma para contarle su historia al Papa. Y ya de paso, la contó a la prensa.

Tiene 70 años. Es de la Congregación de la Misión, de San Vicente de Paúl, y de joven se marchó como misionero a Madagascar. Allí aprendió la lengua malgache y trabajó en los arrozales. Pero se enfermó y se trasladó a la capital, Antananarivo, donde cambió su vida.

P. PEDRO OPEKA. Congregación de la Misión (Madagascar)
“La semana siguiente fui al basurero. Yo no sabía que tenía que pasar por el basurero. Y cuando vi un millar de niños peleándose por la basura entre ellos y con los perros, me quedé mudo. Me dije: ‘Aquí no tengo derecho a hablar, aquí hay que actuar’. Esa noche no pude dormir. Levanté las manos, me puse de rodillas en la cama, levanté las manos y le pedí: ‘Señor, ayúdame a hacer algo por esos niños’”.

Al día siguiente regresó al vertedero y se reunió con las personas que allí vivían. O mejor dicho, que sobrevivían.

P. PEDRO OPEKA. Congregación de la Misión (Madagascar)
“Me dice: ‘Pero ¿tú vas a entrar en esa casucha, un metro veinte de altura, de cartón y de plástico?’ Digo: ¡Si tú entras, yo entro también’. Y él entró a cuatro patas, y yo le seguí a cuatro patas”.

“Y cuando entré adentro, yo me presenté, ‘Soy sacerdote, misionero‘”.

“Y allí comenzó, cuando dijimos, ‘Si ustedes quieren a sus hijos, nosotros les podemos ayudar para que tengan un futuro’. ‘Sí, queremos a nuestros hijos’. Y entonces comenzamos a trabajar, y 30 años más tarde hemos hecho una ciudad”.

En tres décadas ha cambiado la vida de la gente. Ha dado empleo a miles de personas y les ha ayudado a construirse una ciudad, Akamasoa, para demostrar que la pobreza no tiene la última palabra.

En sus barrios hay casas, parques, iglesias e incluso estadios de fútbol. Y allí, tiene un lugar privilegiado la Misa del domingo.

P. PEDRO OPEKA. Congregación de la Misión (Madagascar)
“A nuestras misas vienen turistas. Porque en dos o tres guías turísticas dicen: si usted está en Antananarivo, vaya a la Misa de Akamasoa.
“Había también ateos, no ateos de Italia sino de Francia… que son los verdaderos de buena cepa. Que me dicen: Padre, yo soy ateo pero hoy a mí algo me ha pasado, yo no soy el mismo. Y le digo: ‘Arréglate con el de ahí arriba’”.
“Yo nunca invito a nadie, la gente viene sola. Yo les digo, pero ustedes ¿qué hacen aquí, quién los ha invitado? Y les digo, Ustedes son los invitados de Dios, así que tenemos que recibirlos bien”.

Pedro Opeka ha sido varias veces candidato al Premio Nobel por la Paz. A él no parece importarle mucho. Esta orgulloso porque ha dado un futuro de esperanza a miles de personas. Ése es su premio.

«La pobreza se combate con trabajo, educación, justicia, verdad y disciplina».

Un hombre de gran corazón. En Madagascar ayudó a más de medio millón de personas a salir del basural en el que vivían. Lo llaman «la Madre Teresa con pantalones». 

Un documental sobre el sacerdote que transformó la pobreza en esperanza.

Tuvo lugar ayer en la Filmoteca Vaticana la proyección del documental «Pedro Opeka – buenos amigos» de Jože Možina.

Hay quien lo define como el “Santo combatiente” o “el hombre de los milagros”. Su nombre es padre Paolo Pedro Opeka. Su historia de amor hacia quien sufre está atravesando océanos y montañas. Consigo lleva sólo la fuerza de la fe y del rostro de Cristo en las periferias del mundo. Lazarista, misionero, el padre Pedro Opeka es un argentino de orígenes eslovenas.

Madagascar

En 1975 se dirige a Madagascar donde conoce la desesperación y la pobreza de miles de personas que viven en los basureros. No acepta esta situación: se pone del lado de los pobres, lanza proyectos entre ellos la ciudad de la esperanza, Akamasoa, que en malgache significa «buenos amigos”. En la capital Antananarivo, hay basura por escarbar, pero también una colina de piedra.

El primer albañil

Es el primero que se pone a martillar esa base dura para transformarla en grava para construir. Transmite, como su padre le había enseñado, el trabajo de albañil y tanta esperanza. Año tras año, ladrillo tras ladrillo, vuelve a escribir el futuro. Hoy día 23 mil personas, que antes escarbaban en los basureros, viven en aldeas recibiendo cuidados médicos, jardines de infancia, escuelas y parques.

Puede disfrutar este video y otros más en nuestra playlist: videos de actualidad

Fuente: Vatican newsMassimiliano Menichetti – Ciudad del Vaticano.

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2 comentarios
  • Majo Marán
    1 agosto, 2018 al 1:07 pm

    Hola! Ya lo conocía , pero fue muy inspirador verlo de nuevo! Qué distinto sería todo si hubiera más personas así!

  • Pilar RM
    1 agosto, 2018 al 8:10 am

    Que alegría de hombre entregado y que verdad más grande, lo importante es ayudar a buscar trabajo, a que uno se realice y no darle todo hecho.

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