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Las siete edades de oro de una pareja. Miradas de la unión en el amor.

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La edad de oro del amor puede ser viva e íntima. 

Dedicatoria

A todos los matrimonios, de familiares y amigos, que un día descubrieron el amor esponsal y se comprometieron a vivirlo de una manera fiel y fecunda, ellos son reflejo y presencia del Amor de Dios en el mundo, fuente de felicidad. Con su bendición esa llama seguirá siempre viva. ¡Gracias por vuestro testimonio! ♥ ¡Gracias especiales a Jorge González y Annabel dos Santos, matrimonio amigo de Uruguay, por aportar su preciosa foto de portada! 😉 

José Luis Miguel González,OSA

Testimonio

Fue una celebración a la altura de las circunstancias por los 50 años de matrimonio de mis padres que en el festejo cruzaban miradas y señas inteligibles solo entre ellos, mientras departían con los invitados. 

Unos días antes nos habían convocado en reunión a la gran familia, para explicarnos lo que que iban realmente a celebrar, como un testimonio y legado para adolescentes, jóvenes novios, recién casados y a quienes nos adentrábamos en la vida matrimonial.

—En realidad —nos dijeron—, son siete edades de oro en las que cada una de esas ellas, hizo posible acceder a la otra como su fruto. 

Y tomados de la mano nos las explicaron en plural y primera persona. 

Mis padres terminaron su charla viéndose a los ojos con una mirada de amor que solo dos veteranos cónyuges pueden dirigir a su trasparente intimidad en el decaer de sus circunstancias, de su entorno y de sus propios cuerpos. 

Agradecidos, todos les dimos el más íntimo abrazo con humedad en los ojos.

Lo que fue su enseñanza vital, es que la edad de oro del amor entre esposos se manifiesta, sobre todo, cuando lenta o súbitamente se descompone todo vestido cíclico, cuando la fragilidad, la pérdida de posición o la enfermedad es tal, que bajo “otra mirada diferente” a la del amor, sería posible una cierta desesperanza. 

Pero no es así, porque entre quienes se aman, aun en la más adentrada senilidad, sigue siendo posible una viva mirada surgida de su unión de amor, sorprendentemente más íntima y unida que nunca.

1ª edad de oro: Aun no nos conocíamos. 

Gracias a los valores de nuestras familias y al testimonio de nuestros padres que habían vivido sólidos matrimonios, fuimos felices madurando física y psicológica en nuestra inclinación natural a unirnos por amor en matrimonio. Nos hicieron capaces de amar el amor noble, aun cuando no conociéramos a quienes serán los dueños de nuestros corazones.

Photo by Laura Fuhrman on Unsplash

2ª edad de oro: Disfrutamos de nuestra amistad.

Nos conocimos, y al margen de una mutua atracción física y la efervescencia de nuestras hormonas como lo propio de la edad, nuestro trato fue cordial y respetuoso, lo que permitió que en nosotros se trasparentasen ciertamente nuestros defectos y limitaciones, pero también el ser capaces de un amor honesto. 

3ª edad de oro: Nuestro noviazgo.

Nuestra amistad se transformó en noviazgo.

Nos descubrimos así con el deseo de identificarnos y unirnos cada día más, sin que nuestros sentimientos pudieran ser una mágica locura de duración limitada, como los fuegos artificiales que se elevan y luego se van desvaneciendo. 

—No fue así—enfatizó mi padre—, nosotros contamos con la intención de amarnos y unirnos cada día más de una manera creativa e ilusionada. Eso hizo que descubriéramos que el amor tiene su propio tiempo y espacio, pues tuvimos la certeza de que aquello que sentíamos y vivíamos no pasaría jamás.

Era como un nuevo principio de vida, una hermosa etapa en la que nos encontrábamos muy unidos en las obras y por nuestra sensibilidad, aun cuando todavía no en nuestro ser.

4ª edad de oro: Nuestra boda y nuestro consentimiento.

Y decidimos unirnos en el ser a través de un consentimiento que brotaría solo de nuestra soberanía personal para transitar de un amor gratuito, a un amor debido en justicia para toda la vida. Vivimos así intensamente los planes concretos de nuestra futura unión: el anillo, la petición de mano, la boda y… la luna de miel. Viviendo la verdad de que el buen amor engendra la belleza del desear darse y acogerse íntimamente en nuestra corporalidad y desde nuestros corazones.

5ª edad de oro: Nuestra vida matrimonial, los primeros años.

Aprendimos a luchar por nuestro amor al margen de nuestras diferencias personales, así como a no exponerlo a las circunstancias cambiantes del entorno. Aceptamos las contrariedades y el mismo sufrimiento como parte ineludible de la vida. 

Sobre todo, asumimos con esfuerzo una paternidad responsable lo más generosa posible al comenzar a llegar los hijos.

6ª edad de oro: Afianzar nuestra unión en la madurez de nuestras vidas.

Con la plenitud humana y ciertos éxitos, procuramos no olvidar que el amor nunca está hecho, que es una conquista diaria en un humilde comenzar y recomenzar sin acostumbrarnos el uno al otro, pues el amor personal es siempre un proyecto inacabado.

Nuestro plan de vida se centró en Dios, en la familia y en el trabajo.

Una etapa plena de maravillosos recuerdos donde vivimos la difícil pero orgullosa prueba del vuelo de nuestros hijos, dejando poco a poco el nido vacío.

7ª edad de oro: Nuestras bodas de oro y la llegada de la vejez.

Llego el otoño de nuestras vidas, pero nuestro amor se sigue sustrayendo más que nunca a todo lo cíclico, por lo que no nos importan las arrugas, la calvicie, falta de dientes o el alejarnos de todos los logros humanos y demás.

Hemos envejecido biológicamente porque estamos corporalmente en el tiempo, pero nuestro amor, al que no lo mide el tiempo, tiene ya sabor de eternidad.

Fuente: AleteiaPor Orfa Astorga de Lira.

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1 comentario
  • annabel
    31 octubre, 2018 al 2:19 am

    Gracias P José Luis, por ser ¨las caras¨que acompañan tan linda historia del amor de pareja.
    Estamos aún en la 6ta…esperemos llegar juntos a la 7ma.
    No hay fórmula mas q AMAR, ser FIEL y PACIENTE…lo demás viene x añadidura…si se camina además junto a Cristo, si se agrega tener hermosos hijos…luego vienen los nietos…acompañarse por familia y amigos…TODO ES MÁS FÁCIL Y ES POSIBLE!!!…Quizá las parejas hoy estén menos comprometidas porque creen q todo tiene q ser PERFECTO…y no lo es!! pero igual VALE LA PENA.
    …Sé que tenías este texto para compartir Y EL TENER LA OPORTUNIDAD DE REENCONTRARNOS EN SEVILLA…hizo que unieras ambas cosas. Muy lindo habernos visto!. Abrazo y bendiciones para tí también.

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