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La Catedral de Burgos: nave de la iglesia. VIII Centenario. Año Jubilar.

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‘Navis Ecclesiae’. En el día del Patrimonio Mundial de la Unesco.

La seo de Burgos es como un barco anclado en un puerto, con la capilla del Condestable como proa, el cimborrio como puente de mando y la fachada principal como popa, en la que las dos agujas hacen de mástiles y sus balconcillos de cofas.

1. ‘Navis Ecclesiae’ 

La Antigüedad Clásica nos presenta a Ulises, el protagonista del poema homérico de la Odisea, como el prototipo de timonel que consigue llegar a buen puerto. Tras salvar los peligros del mar consigue llegar a su patria, Ítaca, y reencontrarse con su mujer, la bella y casta Penélope. En el camino ha superado el peligro de las seductoras sirenas, con cuyo canto provocaban naufragios, el de los monstruos Scila y Caribdis, etc. 

Clemente de Alejandría, en el siglo II, fue una persona que se sirvió frecuentemente del método alegórico pagano para interpretar las Sagradas Escrituras, diciéndonos que nuestra Iglesia no tiene por qué marginar tantas cosas útiles y valiosas como hay en el mundo grecorromano, proponiendo a Ulises como modelo para el hombre cristiano. Los primeros cristianos eran personas que habían sido educadas en la cultura clásica, llegando a entender el uso de los mitos paganos para la enseñanza de nuestra doctrina cristiana. Así nuestra ‘navis ecclesiae’ bebió del mito homérico, aunque también recogió el peso de la tradición judía por medio del relato del Arca de Noé. Este a su vez está influido por el diluvio mesopotámico recogido en el Poema de Gilgamesh, de la segunda mitad del II milenio antes de Cristo, en donde se nos dice que el dios Ea envió un diluvio para terminar con la humanidad, mas salvó a Unatpisthin y su familia mandándole construir un arca.

El mar es símbolo del mundo y de los peligros a los que se enfrenta el hombre en esta vida. Sólo embarcando con un buen timonel, Cristo, podremos llegar a buen puerto. Hemos de concebir la barca como el viaje por la vida que el hombre hace con el objetivo de llegar a buen puerto, es decir, de alcanzar la salvación. San Hipólito, en el siglo III, muestra el barco como alegoría de la Iglesia: el mar sería el mundo, la nave simbolizaría la Iglesia, el timonel Cristo, el mástil la cruz, etc. Dice san Agustín que el mar es el lugar en donde naufragan los que aman demasiado el mundo, es decir, los bienes materiales. San Gregorio de Nisa, en el siglo IV, dice que la barca es la vida del cristiano, que puede llevar buen o mal timonel. También en el siglo IV san Juan Crisóstomo nos dice que el mejor timonel es Cristo, quien es capaz de doblegar la tempestad y los grandes oleajes, símbolo de las pasiones humanas.

Ya en la Baja Edad Media, concretamente en el siglo XII, Honorio de Autum en el Hortus Deliciarum identifica Ulises con los cristianos. Del mismo modo que Ulises se ató al mástil para no ser arrastrado por el canto seductor de las sirenas, el buen cristiano también se aferra al mástil, símbolo de la cruz de Cristo.

En la Antigüedad se pensaba que la morada de los muertos estaba en el Océano, aproximadamente por las Islas Afortunadas. Esto hacía que las almas, una vez dejado el cuerpo, tuvieran que trasladarse en barca hasta dicho lugar, tanto las de los bienaventurados como las de los condenados. El pintor flamenco Patinir nos muestra en uno de sus cuadros la laguna Estigia con los Campos Eliseos de los justos y el Tártaro de los réprobos, mientras Caronte en su barca está transportando a un condenado.

Aunque posteriormente la mansión de los justos se concibe en el cielo, es decir, en un dominio etéreo, la iconografía cristiana de las almas haciendo el viaje en barca va a seguir estando presente, quizás, como dice Guerra, para hacer buena la metáfora sobre el alma que ha de llegar a buen puerto.

Nos encontramos ante la ‘Navis Ecclesiae’ o la ‘navicula Petri’, símbolo de la Iglesia, en cuyo seno se puede lograr la salvación. De la misma forma que Noé se salvó del Diluvio en el Arca, los cristianos sólo lo pueden hacer en la nave de la Iglesia. San Ambrosio nos la describe con Cristo crucificado en el mástil, el Padre en popa y el Espíritu Santo en proa, haciendo de remeros los profetas y los apóstoles. Juan Luis Calbarro, de quien he tomado la cita, nos dice que lo normal es que esta vaya guiada por Cristo, por san Pedro o por los sucesores de este, es decir, el Papa, jefe de la Iglesia, pero que también puede ir capitaneada por algún apóstol o por algún santo importante.

2. La catedral de Burgos como ‘Navis Ecclesiae’ 

Fijémonos ahora en nuestra catedral. Es como un barco anclado en un puerto, con la capilla del Condestable como proa, el cimborrio como puente de mando y la fachada principal como popa, en la que las dos agujas hacen de mástiles y sus balconcillos de cofas. La plaza de san Fernando es el agua del puerto y la calle Fernán González el muelle en el que está anclado. Cristo, Salvador del Mundo, que hace de timonel en el puente de mando, nos invita a entrar en la nave y participar del sacramento de la eucaristía. Cuenta con una gran tripulación, todos los ángeles que recorren el exterior de la catedral. A juzgar por la situación del ‘barco’ está dispuesto a zarpar hacia Oriente, en busca de luz eterna. En la nave sólo tienen cabida los buenos cristianos, de tal modo que la tripulación de ángeles no deja entrar en ella a los demonios presentados en las gárgolas, pues el mal no cabe en ell

Esta misma idea la tenemos en el interior de la catedral y de cualquier iglesia. El cristiano entra por la fachada principal que está en el oeste, lugar de las tinieblas, y a través de la nave se dirige hacia el Este, lugar de la luz, para recibir el sacramento eucarístico. Si la fachada principal es símbolo del ‘imperium’, el poder temporal, el ábside, orientado hacia el este, es el lugar del ‘sacerdocium’, el poder espiritual.

3. La naveta

La metáfora de la iglesia como una nave va a tener repercusión en el arte, destacando los objetos litúrgicos, especialmente las navetas para el incienso. Es a partir del siglo XIII cuando adquieren la forma de barca o nave. Su origen está en las antiguas acerras romanas en las que los sacerdotes guardaban también el incienso. Este, como sustancia purificadora, se adapta perfectamente a la idea de triunfo de la iglesia, en concordancia con el simbolismo de la ‘Navis Ecclesiae’

En el museo de la catedral tenemos una naveta, que perteneció a los condestables don Pedro Fernández de Velasco y doña Mencía de Mendoza y Figueroa, obra de Juan de Valladolid. Tiene forma de nave con dos torrecillas que nos recuerdan las agujas de la catedral.

Fuentes: 
María Victoria Álvarez Ferraud en La naveta y el barco simbólico. Gregorio de Nisa en Sobre la vida de Moisés. Juan Crisóstomo en Homilía sobre el evangelio de San Juan. Manuel Guerra en Simbología románica. Jean Danielou en Los símbolos cristianos primitivos. Rakel Cilla López en Navis ecclesiae. Las navetas litúrgicas en Bizkaia.
Artículos de María Consolación Isart, Irene González Hernando, Juan Ruiz Alceo y Juan Luis Calberro. 

Fuente: Diario de Burgos. Texto: Juanjo Calzada. Foto: Fotomontaje de Luis Cembranos

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