Biografía Vocación

Iesu Comunio. La alegría de ser de Cristo. «Jesucristo, nuestro inseparable vivir».

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Iesu Comunio es un instituto religioso femenino de derecho pontificio aprobado por la Sede Apostólica el 8 de diciembre de 2010. Están presentes en La Aguilera y Lerma (Burgos) y Godella (Valencia).

Un gran Amor abrazado en el corazón

El porqué de la vocación de Sor Verónica

«No sé un momento puntual en el que Él me llamara; me puse a seguirle. Me coloqué en la fila de los cristianos y de los consagrados, y aquí estoy».  «Verónica significa verdadero icono, verdadero rostro de Cristo (…). Ahora no puedo más que vivir para hacer presente el don».

Ven y verás (2006). 93 Testimonios vocacionales. Iesu Comunio.

Este es el breve testimonio vocacional de Sor Verónica, nombre religioso de la actual Abadesa y Fundadora de Iesu Comunio. A los 19 años María José Berzosa  (Mayse, la llaman en su casa y los que la conocen) dejó a un lado su vida en Aranda de Duero (Burgos), a algún que otro pretendiente, renunció a la carrera de Medicina y el 22 de enero de 1984 decidía entrar en el convento de las clarisas del Lerma. Es la menor de cinco hermanos de una familia trabajadora, con una personalidad arrolladora y una gran inteligencia. La conocí en 1980. Era una joven que hacía la vida normal de cualquier joven pero con inquietudes, que canalizaba en el Centro Juvenil de las Dominicas, y que sólo el seguimiento a Cristo ha podido colmar. El 30 de julio de 2014, con ocasión de un Encuentro y Eucaristía con las religiosas Iesu Communio, actividad de las Edades del Hombre en Aranda de Duero, tuve oportunidad de conocerlas in situ. Doy gracias a Dios por el regalo de su vocación que está dando tantos frutos vocacionales.

José Luis Miguel González,OSA

Testimonios vocacionales en la Comunión de Jesús

Las hermanas se sienten llamadas a ser existencia y presencia orante
que lleva en sus entrañas el «tengo sed» del Esposo. Se sienten llamadas a vivir en la comunión de Jesús, a ser templo donde se custodia la presencia del Dios vivo, donde se celebra la fiesta de la salvación, donde se desea y se hace desear la santidad como plenitud del hombre; casa con entrañas de Eucaristía, donde se vive del misterio del Pan partido y de la Sangre derramada por la vida del mundo, para que ninguno se pierda, que todos conozcan el don de Dios.

De las Constituciones de Iesu Communio
¿Dónde está tu corazón? ¿Dónde estás saciando tu sed?

Identidad

   La sed del hombre resuena en el grito de Cristo en la Cruz: “Tengo sed” (Jn 19, 28). La sed del hombre sólo se calma, sólo encuentra alivio y descanso en Jesús, ¡sólo en Jesús!, el Mendigo sediento que sale al encuentro de la mujer samaritana: “Si conocieras el don de Dios…” (Jn 4, 10). Cristo no viene jamás a arrebatar, sino que desea ardientemente agraciar a la criatura con el don de Dios, colmar a su criatura con una vida en plenitud mediante el don del Espíritu que nos introduce en la comunión del amor trinitario. Cristo es el que está sediento por colmar nuestra sed; Cristo tiene sed de que del seno del sediento lleguen a brotar ríos de agua viva, fecundidad desbordante.

     Quien ha conocido la sed de Cristo sobre su vida queda herido por su sed y abrasado por el deseo de que todos conozcan el don de Dios, está dispuesto a que su vida se haga por entero don y entrega que calme la sed de sus hermanos; lejos de ofrecer vinagre ante el grito del Crucificado, anhela ardientemente que se cumpla el deseo que Jesús expresó al Padre antes de su Pasión: “Padre, que todos sean uno en nosotros para que el mundo crea que Tú me has enviado” (Jn 17, 21). La comunión configura nuestra existencia y se convierte en testimonio y misión.

     Urgidas por la sed de Cristo mismo, que no quiere que ninguno se pierda sino que todos tengan vida abundante, queremos ofrecer lo que de la Iglesia estamos recibiendo y aprendiendo. Queremos ser testigos de que nada hemos perdido, de que, por el contrario, nuestra vida se ha visto enriquecida en todo. Queremos ser presencia del don recibido.

     Nuestra comunión quiere ser templo donde, en adoración, se custodie la presencia del Dios vivo, se ame al Esposo con todo el ser, y arda día y noche la oración continuada que acoja y abrace el lamento, el dolor, la esperanza del mundo, y se vele por cada uno de los hijos que se nos confían.

     Nuestra comunión quiere ser hogar con entrañas de Eucaristía donde se celebren los Sacramentos, donde se invite al abrazo del perdón sanador y al banquete de la Eucaristía, alimento para avanzar sin temor en el camino de la santidad; nuestra comunión quiere ser casa encendida donde se espere siempre al hijo que vuelve malherido, decepcionado, arrepentido, desorientado o abierto también al don; posada donde el Buen Samaritano siga otorgando descanso, aliento y fortaleza para emprender, continuar o retomar el camino de la fe.

     Nuestra comunión quiere ser casa siempre abierta donde se comparta la fe en Jesucristo desde la personal experiencia de rescate y sanación, donde se comparta la Palabra proclamada y encarnada para ayudarnos a superar la oscuridad que a veces obstaculiza el peregrinar.

     Nuestra comunión quiere ser testimonio de que, a pesar de nuestras fragilidades y caídas, el Espíritu es capaz de unir, por encima de las diferencias, a los dispares y dispersos para que seamos un solo corazón y una sola alma porque el Espíritu recrea a cada uno de manera única e irrepetible, y al mismo tiempo nos inserta armoniosamente en una comunión donde el tú y el yo no se entienden sin ser nosotros, destruyendo así la amarga soledad y el doloroso vacío del corazón.

     Nuestra comunión quiere ser seno donde se testimonie la dimensión materna de la Iglesia, donde los hijos de Dios envueltos en caridad y en esperanza sean alumbrados y se sientan invitados a descubrir la grandeza y la belleza de la vida humana llamada a ser presencia del Amor de Cristo aquí y ahora.

     Nuestra comunión quiere vivir unida al canto de María que proclama la grandeza y la fidelidad de Dios, así como la alegría de la criatura cuando se deja recrear por su Señor.

Es la congregación religiosa más joven y numerosa de España. 

Adoración. Jóvenes religiosas adoran a Jesús Eucaristía en la Capilla en La Aguilera (Burgos).

Más info

Sor Verónica Berzosa: “Testigo de muchos síes”. Jóvenes y vocación

Territorio vaquero de Dios en la Ribera del Duero Burgalesa

Nueva fundación de la congregación Iesu Communio

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