Testimonios Vocación

Encontró en el sacerdocio la Vida que la política no le ofrecía. Diego López. Huelva.

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Diego tiene 23 años y se prepara para ser sacerdote. Él quería ser político…pero no acababa de sentirse pleno por ese camino.

Diego soñaba con ser político. Su carrera y su actividad en asociaciones y con medios de comunicación le invitaban a ello. Estaba estudiando Derecho y Ciencias Políticas en Sevilla. Sin embargo, cuanto más sentía que estaba haciendo lo que él pensaba que quería, más vacío se encontraba. Sin embargo, no estaba lejos. Este joven onubense sí que encontró al final una Gran Causa para su vida…aunque fuese lejos de la política. 

Diego López González tiene 23 años y afrontó su segundo año de noviciado con los Legionarios de Cristo en Salamanca. Con ya dos años de experiencia en el seminario, recuerda el primer momento en que se sintió llamado a ser sacerdote

Viviendo entre dos aguas

«Pertenecía al movimiento Jóvenes por el Reino de Cristo. Cuando tenía 18 años, sentí en mi corazón en una Adoración Eucarística que el Señor me estaba pidiendo ser sacerdote», explica. Su primera respuesta al Señor fue «no».

«A mí no me hizo mucha gracia, porque a mí lo que me apasionaba era la política. Al principio yo le dije al Señor que «no», también por los miedos ‘de voy a estar solo, no voy a conocer a ninguna chica’, etc».

Progresó en su carrera y profundizó en sus estudios. Le seguía faltando algo. Sentía que estaba viviendo entre dos aguas. «Ante esa tesitura, me planteé seriamente: ‘o sigo a Dios o al mundo‘». 

En ese proceso de primer discernimiento, Diego no veía que las promesas del mundo se correspondían con lo que él estaba buscando. «Lo que experimenté es que el mundo me vendía una palabra que luego no encontraba: felicidad», afirma.

Esa situación le causó una fuerte caída. «No tenía ganas de vivir, no tenía motivos para levantarme, de por qué amar…yo estaba hundido». Estaba hundido…»hasta que el Señor me dio una luz muy potente».

«Lo que experimenté es que el mundo me vendía una palabra que luego no encontraba: felicidad»

«Empecé a enamorarme»

Diego describe lo que sintió. Era todo lo contrario a lo que le había hecho encerrarse en sí mismo y en su cuarto. Lo que vivió le hizo levantarse…y responder. «Sentí que Cristo estaba vivo y que no tenía que desaprovechar mi vida. Me fui a confesar. El Señor se desbordó en gracia conmigo», asegura. 

La respuesta de Diego, a partir de entonces, creció. Creció su asistencia a una capilla de adoración perpetua. Allí pasaba cuatro o cinco horas a la semana. «Empecé a enamorarme del Señor», resume. Había encontrado una evidencia, mejor dicho, la evidencia: «el amor gratuito de Jesús y que, hiciera lo que hiciera, me iba a hacer feliz»

«Me sentí en casa»

Una persona que le ayudó a orientar su vocación fue el padre Miguel Segura, Legionario de Cristo (L.C) Lo conoció en unos ejercicios espirituales a los que se apuntó. Lo que él no sabía era que se celebraban en la que hoy es su casa: el Noviciado de Salamanca. Él mismo lo dice: «Cuando entré me sentí en casa. Los hermanos en la capilla respetuosos y atentos con nosotros. Pensaba o que están locos, o que realmente estaban enamorados».

«Pensaba o que están locos, o que realmente estaban enamorados»

En el marco de ese retiro espiritual, habló con el legionario. Le pidió ayuda para discernir. A Diego el nombre de «Legión de Cristo» le llenaba. «Ese nombre me encendía, era lo que me movía el corazón», reconoce. Diego subraya que, desde el primer momento, fueron muy respetuosos con sus tiempos, querían que esa decisión tan importante no la tomase por lo que pudiera ser un impulso. Sin embargo, él lo tenía claro y, con el tiempo, acabó ingresando en septiembre de 2018. 

Podía haber terminado la carrera. Sólo le quedaba un año, pero hizo esta reflexión que acabó decantando la balanza: «Yo prefiero presentarme en el Cielo con un año de mi vida para el Señor que con un papel de licenciado en Derecho y Ciencias Políticas».

De estar muerto para sus padres a ver cómo resurgía en ellos la fe

Al principio, decirlo en casa fue complicado para Diego. «Para mí si te vas al seminario, es como un hijo drogadicto que se va, que está muerto», le llegaron a decir. De hecho, los primeros tres meses siguieron esa misma dinámica. No lo entendían en ese momento. «Mi familia era cristiana bautizada, pero no practicante, entonces no comprendían cómo yo me había podido enamorar».

«Para mí si te vas al seminario, es como un hijo drogadicto que se va, que está muerto»

Algo cambió en su casa por una enfermedad de su madre. Le detectaron cáncer de mama. Diego cuenta cómo ella encontró consuelo en la oración y en un sacerdote legionario que había fallecido de cáncer. A él le pedía intercesión por su vida. Diego no falló a su madre y estuvo con ella en la operación. 

Más tarde, vio cómo, poco a poco, aceptaban su vocación en su casa. Además, fue testigo de «cómo resurgía la fe». La prueba la encuentran en que en febrero del año siguiente, sus padres se fueron a confesar después de mucho tiempo

Después de toda esa historia…¿Quién es Dios para Diego? Sinónimo de Vida. El joven novicio responde parafraseando a una monja: «Es mi inseparable vivir»

Fuente: COPE.

Nota: En el curso 2019/20 Diego sigue su formación en EE.UU.

Diego en la Parroquia de Nuestra Señora de Bellavista. Aljaraque (Huelva)
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