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«Él siempre está conmigo». Testimonio de vida de Mª Carolina Musitelli. Uruguay.

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Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida.

Videos en el programa SER FELIZ en ICM.tv. 😉

Comenzando la Cuaresma en este miércoles de ceniza del año 2019 paso a contarles mi Testimonio de vida y pido que Jesús me lleve de la mano en la redacción del mismo para que sea para su Gloria.

Mi nombre es María Carolina Musitelli Armand-Ugon, tengo 30 años y vine al mundo el 5 de mayo de 1988 (jaja) por regalo de Dios y pasé a ser su hija un mes después, el 5 de junio del mismo año.

Nací en la ciudad de Montevideo, fruto del amor de mis padres Carolina y Bruno. Apenas nací me fuí a vivir al Departamento de Artigas (pueblo Bella Unión) de la República Oriental del Uruguay.

Vivíamos tranquilos, mis padres trabajaban en actividades del campo, mi padre había fundado un equipo de rugby (su pasión) en el pueblo, y llevábamos por lo que tengo entendido una vida sencilla y mi madre muy feliz ya que el campo es el lugar que más ama en el mundo.

Tengo buenos recuerdos de aquellos años, mi madre mujer de carácter y temperamental pero a la vez alegre, divertida y cariñosa, mi padre mi compinche en caprichos cuando nos tocaba ir a hacer las compras a Brasil y mamá le prohibía que me comprara nada fuera de la lista, pero el siempre cumplía mis deseos y nos volvíamos con championes, shampoo, etc. Recuerdo atrapar gallinas con papá en mi corral, siempre liberándolas por supuesto, también me acuerdo cuando se disfrazó de payaso en mi cumpleaños, aunque lo descubrí, estar a caballito en sus hombros y por lo que me cuentan era la luz de sus ojos y seguramente el de los míos. Cuentos esos detalles para hacer memoria yo también de los recuerdos que me quedan que no son muchos.

Un día ya cumplidos mis 3 años, lo inesperado y doloroso sucedió…papá murió. En ese momento lo único que recuerdo fué que me dijeron que papá se había ido al cielo y que había sido un accidente con el ganado (las vacas). Esa fué la única información que retuve.

En ese momento a la edad de 3 años pude sentir mucho dolor y sentimiento de abandono pero a la vez experimente realmente la presencia de DIOS PADRE quien yo quedando huérfana de padre, pasó a adoptarme notablemente ya que ocupó el lugar de papá y tuve una hermosa y feliz infancia, alegre siempre, lo cuál no reflejaba lo que me había pasado. Tal como promete en la Biblia que el se encargará del huérfano y la viuda.

No obstante a medida que crecía tenía un gran signo de interrogación porque sentía que no sabía la realidad de lo que había pasado con la muerte de papá. Sabía que me faltaba información pero no quería preguntarle a mi madre porque intuía que había sido algo feo (los niños entienden todo). Por eso crecí con la interrogante y pido a Dios que sane las heridas que eso me ha dejado, pero siempre pensando que algún día resolvería la duda, preguntándole a alguien que supiera.

A los 18 años mi abuela (mujer dura, abogada y jueza penal) un día de golpe me dice en su casa que yo no sabía la verdad de que había pasado con mi padre y me dice todo de golpe, me muestra el expediente judicial con fotos incluídas y me comunica que a mi papá lo habían asesinado con apuñaladas por la espalda.

Nosotros vivíamos en el campo y dentro del mismo había un capataz que mi padre descubrió que contrabandeaba ganado robado y lo ponía en nuestro campo. Empezó a denunciarlo y un día esta persona, la cual yo conocía porque compartíamos con el, decidió cometer el homicidio.

Apenás llegué a casa ese día estaba dispuesta a averiguar en que cárcel estaba el hombre de apellido Rodríguez e ir directamente a asesinarlo con mis propias manos pero en ese momento en el silencio de mi habitación Alguien (Dios) me mostró que si hacía eso estaba haciendo lo mismo que el había hecho con papá, y que debía de confiar en la Justicia y también porque no, misericordia de Dios. No se la vida de Rodríguez, su infancia, su historia, no lo justifico pero Dios sabe todo y el Juzgará como sea necesario con su Justicia Divina. A los días me enteré que Rodríguez ya estaba muerto porque había fallecido años atrás en la cárcel por un cáncer. No obstante su fallecimiento pude perdonarlo.

Pasado este evento años después viví alejada de Dios pero siempre yendo a Misa los domingos. Hasta que un bendito día me llegó la hora de conocer a Jesucristo y al Espíritu Santo, las dos personas de la Santísima Trinidad gracias a haber viajado a la Jornada Mundial de la Juventud en el año 2011 en Madrid…. y ahí empezó mi aventura apasionante de caminar junto Cristo en la vida abundante de la Fe, la cuál no puedo escribir porque no darían las páginas y me quedan pocas líneas de testimonio según las directivas, pero me encontraba terminando la carrera de Abogacía, no conocía a Jesucristo Eucaristía, no leía la Biblia ni llevaba a la práctica lo que los sacerdotes decían en la homilía, no oraba lo suficiente, no era consciente de la presencia continua de Dios a mi lado, de que EL SIEMPRE ESTA CONMIGO pero poco a poco la semilla fue germinando en mi vida y me fue liberando de ataduras y sanando heridas…

Hoy me dedico hace 5 años a ser catequista en Colegios, convencida de que la verdadera justicia es la que proviene de Jesucristo ejerzo desde ahí desde anunciar el Evangelio a tiempo y destiempo, podría hacerlo mejor pero voy a los ponchazos gritando al mundo que Cristo es EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA. No se si mi forma da resultado o no, seguramente mi Padre quizás prefiera que me pula y lo haga mejor, pero voy dejando lo que puedo en la cancha y quiero invertir mi vida en anunciarlo. Hace 8 años comencé este camino de conversión, donde me encontré de forma muy fuerte con Cristo en los más necesitados, descubrí que un Pobre (con mayúscula)  como dice San Alberto Hurtado es una Bendición y que en ellos Está y ellos Son el propio Cristo sufriente.

En el camino de estos últimos 8 años por medio de misiones, oratorios y demás, bien o mal de mi parte pero he podido tocar el cielo varias veces con las manos, y el camino sigue siendo marcado por esos lados donde espero no apartarme jamás siempre y cuando Dios me guíe y lo permita. Pero si tratar siempre de tener los ojos y el corazón puestos en ellos que son quienes un día nos abrirán si Dios lo permite las puertas del cielo.

Mi vida fue, es y será una vida donde desde chica me toco cargar la cruz pero con el tiempo aprendí que esas cruces pasan a ser nuestros mayores tesoros, y lo bueno es que no hay cristiano sin cruz  y no obstante soy y me considero una persona plenamente FELIZ! Porque camino con la certeza que soy hija de Dios y que El siempre está conmigo… y con ustedes.

Fraternos saludos en Cristo Resucitado para todos y que Dios los bendiga a todos y al mundo entero.

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