Educación

Educar a nuestros hijos hoy exige un cambio de paradigma. Un viaje difícil.

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Fotografía de portada: LOFF.IT.

La historia de Sandra y Stephen Covey.

Las dificultades a la hora educar a un hijo aparecen en cualquier hogar. Stephen Covey (1932-2012) fue uno de los principales consultores de liderazgo, autor de “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva” que ha vendido más de 25 millones de ejemplares. A pesar de saber tanto, de aconsejar a tantas grandes empresas e importantes líderes – incluidos cuatro presidentes de los Estados Unidos- su mujer, Sandra, y él tuvieron una preocupación importante en la educación de uno de sus ¡nueve hijos!.

Stephen Covey lo define como un problema serio y doloroso, un problema que un enfoque de arreglos transitorios no puede resolver. Uno de sus hijos pasaba por un mal momento en las escuela. Le iba fatal, no sabía seguir las instrucciones de los exámenes. Era socialmente inmaduro y avergonzaba a sus padres. Carecía de coordinación y la gente, incluidos sus hermanos, se reían de él.

Sus padres procuraron animarle con técnicas de actitud positiva del estilo «¡Vamos, hijo! ¡Tú puedes hacerlo!». Si mejoraba, le volvían a estimular con reconocimiento. Le defendían del ataque, de los insultos de los demás…. pero nada daba resultado.

Stephen y su mujer Sandra hablaron, debatieron mucho sobre lo que estaban haciendo con su hijo. Llegaron a una conclusión, sus palabras eran diferentes que sus sentimientos y lo que le llegaba a su hijo era lo que ellos realmente pensaban sobre él: “No eres capaz. Alguien tiene que protegerte”.

Todo cambió cuando los padres preocupados pudieron cambiar su mirada hacia su hijo y valorar su singularidad. “Vimos dentro de él capas y más capas de potencial que iban a dar sus frutos con su propio ritmo y velocidad. Nuestro rol natural consistía en afirmarlo, disfrutarlo y valorarlo”.

Tal como dice Covey “cuando nos deshicimos de nuestra antigua percepción del niño y desarrollamos una nueva percepción basada en valores, empezaron a surgir nuevos sentimientos. Dejamos de tratar de hacer con él un duplicado de nuestra propia imagen o de medirlo en función de ciertas expectativas sociales. Dejamos de manipularlo amable y positivamente para que se adoptara a su molde social aceptable. Tratar de cambiar nuestras actitudes y conductas es prácticamente inútil si no examinamos los paradigmas básicos de los que surgen esas actitudes y conductas”.

Para ayudar a vencer las dificultades que nuestros hijos tienen se requiere un cambio en nuestra Ética del Carácter – utilizando el lenguaje de Covey –. Un cambio profundo desde dentro, una autocrítica y ofrecerles a nuestros hijos un acompañamiento sincero individual. Normalmente utilizamos una ética de la personalidad basada en el cambio de las actitudes y conductas, y no en nuestras creencias.

La mayoría de las madres y padres hemos tenido retos educativos acompañados de dudas, malos momentos, dificultades que nos entristecían, de las que no sabíamos cómo salir, cómo ayudar a nuestros hijos. Hemos tomado malas decisiones con resultados inesperados que nos desmotivaban, que nos podrían llegar a hacer pensar que “nuestro hijo estaba equivocado” o le hemos etiquetado. Nosotros tenemos, en muchos casos, la llave para que su relación con la vida, con sus estudios, con las relaciones con los demás cambien. Necesitamos ser autocríticos, empeñarnos en cambiar, buscar nuevas ideas, no rendirnos ante nuestra posible incompetencia.

Educar a nuestros hijos es un viaje apasionante que, algunas veces, es difícil.

Fuente: Gestionando hijos. Leo Farache.

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